susana marquina

Aquí el día de muertos empieza el día treinta de octubre cuando llegan los niños que murieron, pero no fueron bautizados, se les pone su fruta, su gelatina, dulces, galletas; el treinta y uno, son los niños que están bautizados, les ponemos sus tamales. Ya para el día primero como a las tres de la tarde, esperamos a nuestros difuntos, los adultos, en recuerdo a ellos y para complacerlos colocamos en una mesa, comida con el mejor mantel de la casa muy limpio, enseguida se les llama por su nombre para que vengan a tomar y comer lo que les pusimos especialmente para ellos siempre con lo que más les gusta.

Cuando son las siete de la noche del día primero de noviembre, se reza el rosario ese día se hace la velación de los grandes hasta las doce de la noche, tanto a los niños, como a los mayores se pone un enorme cirio, una cera, se les va llamando por su nombre, se prende el sahumerio y les ponemos café.

El día dos en la mañana muy temprano, se mete el café y les volvemos a gritar, como yo a mis hermanos:

— hermanaaa Maaariaaa

— hermanooo Naaachoooo

A las doce del mediodía, se coloca mole, frijoles pollo, para nosotros que se los ofrecemos, es importante que coman con calma, porque ese día se van a las tres de la tarde. Se les vuelve a prender el sahumerio.

Al poner la ofrenda en cada casa de la colonia Madero, los niños y los jóvenes van viendo esto, y creciendo con ello, aunque se pudiera pensar que tal vez no sirva de mucho, ellos así aprenden las tradiciones, porque es lo que les inculcamos, es decir participan, desde poner el arroz, el pollo entero, un guajolote, el cerillo, refresco, cerveza, pulque, todo lo que acostumbraba el difunto.

Se ponen los candeleros se endonan las ceras y se les grita:

—hermanooo Panchoooooo,

— hermanaaa Domiiingaaaaa,

— Hermanooo Enriiiqueeeee,

—papá Eugenio

Como lo marca la tradición, les vamos gritando por su nombre; el caminito para los muertos se pone desde el primer día con cempazuchitl, aquí la sembramos se da muy bien, la flor es lo clásico, todo mundo deja abierta sus puertas desde la mañana del día treinta de octubre, hasta que se van, así a nuestros difuntos no solo se les espera, sino que son invitados a pasar.

Después de las cinco de la mañana del día dos de noviembre, en la iglesia… se dan tres campanadas, empiezan a repicar como de duelo, nuestros muertos se van y regresarán hasta el próximo año.

A veces no se cree, que pasan cosas pero hay vivencias, cosas raras que nadie entiende, como la de la otra noche: se oyó un murmullo, luego como si mucha gente viniera por el camino, risas, como si fueran a encontrarse con alguien, un caballo relinchó, ladraron los perros; pensamos que eran los sahumeros de la iglesia, así que salimos a ver, pero no había nadie. Todo solo, el campo solo, las luces de las otras casas apagadas, los perros seguían ladrando, inquietos como avisando que alguien andaba por ahí.

Le dije a mi hija—no te espantes, como estuve llamando a mi familia, ya vinieron a verme.

Aquí en San Salvador Atenco a veces pasan cosas…

Susana Marquina Duque

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