nezt radio001

+Cuando el agua te llega al cuello, no te preocupes si no es potable Stanislaw Lec

28 / Junio / 2017,

Leopoldo Mendivil

El 31 de agosto de 1976, a pesar de ser víspera del último informe presidencial de Luis Echeverría, las oficinas del PRI no estaban tan llenas de militantes como era usual y algunos subrayaban ese extraño fenómeno.

Otros supieron y no actuaron como la situación ameritaba, porque sus haberes monetarios eran tan pobres que sólo les quedó comportarse como patriotas…

Aquella tarde, mi amigo Mauro Jiménez Lazcano, entonces vocero de la Presidencia, me pidió acompañarle a la Secretaría de Hacienda para una conferencia de prensa que anunciaría las medias a tomar para frenar la atonía del peso…

-¿Sabes qué significa atonía del peso? -me preguntó.

-La devaluación del peso…

-¡Exacto!

Y como en el PRI había ocurrido una filtración informativa, quienes tuvieron con qué andaban consiguiendo cuantos dólares pudieron adquirir, para hacer su abril al fin de aquel agosto…

En sus tiempos, José López Portillo permitió ampliar el ámbito de los informados sobre las numerosas devaluaciones que en su sexenio ocurrieron y así se amplió en forma rápida y, digamos, nutritiva, la distribución de los panes, los peces atónicos al sector empresarial, mientras que los sorprendentes ingresos de dólares por el enorme incremento de la explotación petrolera se fueron principalmente a sus bolsillos y a los de los vivillos que rodearon al señor-presidente-de-la-República…  

Sería infantil negar que hubo también beneficiarios importantes de las sobras monetarias que la docena trágica heredó al gobierno Miguel de la Madrid. Ni queriendo hacerlo, el reparto del pastel nacional pudo ser tan pródigo como en el pretérito inmediato. De la Madrid tuvo que cargar con lo peor de las devaluaciones y pocos entendieron que no pudo ser diferente; el resto acusó de ineptitud a quien tuvo, además, que acabar con buena parte del pasado populista, arribista, izquierdista pero no tarugo, como lo fueron tantos y tantos revolucionarios y nacionalistas de aquellos tiempos.

Salinas y sus tiempos se volvieron la gran esperanza de este pueblo engañado y empobrecido. Llegó con él un ambiente de revolución económica, cuyos beneficios inmediatos prometieron otro México a través del nuevo sistema económico neoliberal que en demasiado poco tiempo debió modificar su denominación a neolibertino no sólo en México, sino casi en todo el mundo a favor del ganón de siempre, desde que nuestro vecino Estados Unidos asumió el liderazgo del orden liberal. Salinas intentó dar al cambio mexicano un sabor de beneficio al pueblo y lo denominó liberalismo social, con lo que generó el gran berrinche de quien terminó sucediéndole en la Presidencia, por haber envilecido los dones de Milton Friedman y su Escuela de Chicago… Todavía se mantiene oscura la historia mexicana en el cambio de década de los ochenta a los noventa, cuando Salinas mexicanizó a un franco-español llamado José Córdoba Montoya, que fue el guardián de la pureza neoliberal mexicana y que con toda antelación llegó a decir que su candidato presidencial se apellidaba Zedillo y se llamaba Ernesto…

Cuando llegó aquel cambio de gobierno, los nubarrones se volvieron tormentas con gran rapidez y debo suponer que quienes se iban, se ocuparon más en componer lo que dejaban a partir de los gastos sociales —sí, en importante medida, del gobierno—,  pero con un endeudamiento externo fácil de manipular para acabar con el sueño dorado de la misión social que no cuajó…

En este funesto ambiente ocurrió la historia que el último sábado por la noche comenzó a contar TVAzteca sobre el repartido Error de diciembre de 1994; en aquella noche del 19 de ese mes, en un salón de la Secretaría de Hacienda donde fueron congregados los altos representantes de los sectores económicos del país por el secretario del ramo, Jaime Serra Puche, para anunciar, por instrucción presidencial nada infantil ni ingenua, la decisión de devaluar el peso, tomar el parecer de los invitados a aquel festín pavoroso y pedirles su contribución para que todo volviera al orden económico neoliberalísimo —como era la fe financiera zedillista— en el país.

Así las cosas, ¿qué sucedió a partir del anuncio en aquel específico salón de Palacio Nacional?

Pues que casi por orden alfabético los concurrentes comenzaron a salir y entrar de nuevo a ocupar sus sillas, luego de haber dado instrucciones telefónicas a sus colaboradores para que, sin importar la hora nocturna, se hartaran de llenar los bolsillos y las cuentas y las arcas de sus negocios de cuanto dólar pudieran, para multiplicar sus fortunas en escasos segundos, tanto más como mayor fuera la pesca de monedas gringas fuera de Palacio…

Impresionantes, por golpeadores, fueron los recuerdos de aquellos sucesos que llevaron al país a la peor —ahora sí, porque las crisis de LEA, JLP y MMH se quedaron en pañales— que el sábado pasado, repito, comenzó a contarnos la empresa televisiva del Ajusco; que continuará este próximo sábado y culminará una semana después, con su serie denominada, simple pero dolorosamente EL ERROR; un momento más de vergüenza histórica que debemos recordar y no debemos olvidar jamás si tenemos honor nacional y el deseo de acabar con los sátrapas de México. 

Internet: Lmendivil2010@gmail.com

Facebook: Leopoldo Mendivil

Twitter: @Lmendivil2015

Blog: leopoldomendivil.com

blog comments powered by Disqus