Blas A. Buendía

Tanto han sido los virulentos ataques en contra de El Peje que hasta en Internet ha sido comparado con Hitler.

Son fotos reales tomadas en diferentes situaciones… 

“Conmigo no pueden perder…”, según pondrían en boca del político sureño.

Se presumió que no había alguna duda en el renacimiento del demonio, representado en Andrés Manuel: Hitler y su averno.

Ha sido permanentemente una batalla encarnizada por todos los medios electrónicos, alertando, una y mil veces: “López Obrador es un peligro para México”.

Sin embargo, en posteriores entrevistas, Manuel Andrés recordó a un paciente sentado en el diván de un psiquiatra.

Más que un líder social o a un político con talla de estadista, millones de mexicanos escucharon a un individuo con pensamiento incoherente, depresión y rasgos evidentemente paranoides.

No hace sino hablar sobre lo mismo.

Utiliza un vocabulario pobre, compuesto por las mismas palabras, calificativos, dichos y lugares comunes para atacar a sus adversarios.

Lo único que lo hace crecer son sus propios enemigos cuando hablan mal de él. Es como un imán…

López Obrador se metamorfoseó  en un fanatismo tan simple y primitivo que todo aquel que, por ideología o elemental derecho, no piensa como él, es candidato a ser satanizado, agredido verbalmente, y si es su colaborador, condenado a ser políticamente sepultado.

El tabasqueño antes de ser un demócrata –describiría la revista Siempre– es un hombre obsesionado y egocéntrico, un fanático autoritario que fue perdiendo la perspectiva de la realidad.

El maniqueísmo con el que observa al mundo y los fantasmas que lo persiguen empezaron a verlo como una caricatura.

Se convirtió en un personaje trágico y dramático para México y su partido, desde primero el PRD y luego MORENA, degrado al festejar su presunta tesis que “por encima del país, de los mexicanos, del mundo y de Dios, está él, tan igual como Hitler al protagonizar con su exacerbado populismo en una de las páginas más sangrientas y criminales que tenga memoria la humanidad universal.

No en vano se le caricaturizó jocosamente.

“¡Pobre diablo, no sabe lo que hace!”, sentenciaría la vox populi.

Recobra actualidad el hecho que en la edición del diario La Jornada (página 8) del 10 de septiembre de 2006 apareció una nota titulada: “Marcos y Cárdenas no apoyaron a AMLO por envidia”, cuyas declaraciones fueron hechas por la escritora Elena Poniatowska, en un claro reclamo público en contra de varios personajes de la política mexicana, incluyendo a Patricia Mercado.

Cuauhtémoc Cárdenas como nunca antes hizo una serie de precisiones aclarativas a través de una amplia carta pública.

Dijo que “no fue la envidia lo que los motivó a actuar como lo hicieron, entre otras, cosas, sólo ejercieron su derecho a pensar diferente”.

Subrayó del porqué no participó en la campaña de la coalición “Por el Bien de Todos”, y mucho menos en la Convención Nacional Democrática.

Cárdenas aseveró: “…La envidia no ha tenido lugar hasta ahora en mi conducta, ni pública, ni privada, y que nunca me he echado para atrás frente a los compromisos que he asumido a lo largo de una ya larga vida”.

Señaló que “mis acuerdos o desacuerdos con él (López Obrador) no son de carácter personal”.

Destacó que existen deferencias entre ambos, pero se enmarcan “a la forma de hacer y entender la política”. 

Acusa que existieron graves omisiones de un candidato presidencial en materia de Política Exterior, que carece de tacto y de oficio diplomático. Pero lo más grave de este conjunto de aclaraciones, el ingeniero Cárdenas reprochó que López Obrador se haya rodeado de salinistas.

“En el círculo de colaboradores cercanos de Andrés Manuel se encuentran algunos de los que instrumentaron el fraude electoral y la imposición en 1988 desde el gobierno, el PRI,  la Cámara de Diputados y la Comisión Federal Electoral, que impuso la banda presidencial a Carlos Salinas de Gortari, el 1 de diciembre de 1988.

Además, el que instrumentó la privatización del Canal 13 de televisión; el que ha declarado que el proyecto económico de Andrés Manuel es el mismo que el de Carlos Salinas; el que pretendió promover la reelección de éste.

Pero a ninguno, que se sepa, ha pedido Andrés Manuel explicación sobre su cambio de piel política y ninguno la ha dado públicamente”, así “como la postulación de candidatos con posiciones públicas antagónicas y contrarias a los principios del PRD”.

Asimismo, el ingeniero Cárdenas reprochó: “Me preocupa profundamente la intolerancia y satanización, la actitud dogmática que priva en el entorno de Andrés Manuel para quienes no aceptamos incondicionalmente sus propuestas y cuestionamos sus puntos de vista y sus decisiones, pues con ello se contradicen principios fundamentales de la democracia, como son el respeto a las opiniones de los demás y la disposición al diálogo.

“Me preocupa, asimismo, que esas actitudes se estén dando dentro del PRD y en sus cuadros dirigentes, pues se inhibe el análisis y la discusión de ideas, propuestas y alternativas entre compañeros, más allá de que esa cerrazón se extienda también a lo que pueda llegar de afuera del partido; que la conducción política y las decisiones tomadas después del 2 de julio (2006), como el bloqueo de Madero, Juárez y Paseo de la Reforma -excluyo la ocupación de la plancha del Zócalo- se estén traduciendo en pérdidas y desgaste del movimiento democrático en lo general y del PRD en lo particular”. Era lo que pensaba desde aquel entonces el ingeniero.

Cárdenas Solórzano hace énfasis sobre las tendenciosas declaraciones de López Obrador a un periódico norteamericano, donde aclara “no ser de izquierda”, cuando había dicho serlo a lo largo de la precampaña y campaña.

Y al diario La Jornada, cuando la misma Elena Poniatowska entrevistó al propio López Obrador, y le preguntó que “si llegaras a la Presidencia, ¿tendrías que moderarte?”, a lo que respondió: “Si, la institución te lo exige, yo lo haría. Es más, durante la campaña y hasta ahora no he dicho cosas que pienso sobre mi país, porque me he auto-limitado, porque mi rol es hasta ahora uno. Una vez que se resuelva este asunto (el conflicto postelectoral), ya veremos”.

Para el ingeniero Cárdenas, López Obrador actuó sin un comportamiento leal, ni democrático, ni transparente, porque nunca habló con la verdad.

De la famosa Convención Nacional que se efectuó el 16 de septiembre, luego del Desfile Militar, Cuauhtémoc Cárdenas dijo que ese tipo de actos políticos no tienen ninguna validez legal, más aun cuando un político rebelde establece fechas y horarios para crear mayor caos en la República al auto-proclamarse Presidente.

De igual manera, Cárdenas afirmaba: “Si se considera que el gobierno actual ha quebrantado ya el orden constitucional, ¿para qué esperar el 20 de noviembre y al 1 de diciembre, por qué no empezar por desconocer la administración en funciones, como sucedió cuando el movimiento constitucionalista encabezado por el Primer Jefe Venustiano Carranza desconoció al gobierno usurpador de Huerta, a los poderes Legislativo y Judicial y a los gobiernos estatales que no acataran el Plan de Guadalupe?”.

En este sentido, Cárdenas todavía le abonaría: “No pienso que así deba procederse. Hacerlo sería un craso error, de altísimo costo para el PRD y para el movimiento democrático en su conjunto.

“Por el contrario, estoy de acuerdo con la sensatez y sabiduría de Luis Villoro, que en un artículo dice que la discusión de un proyecto nuevo de nación requiere de tiempo para su debate y no puede aprobarse en un acto declaratorio en el Zócalo, al calor de un discurso, pues haría falta por lo menos la consulta y la anuencia de delegados de toda la República”.

Cárdenas abundaría en el pensamiento de Luis Villoro: “Muchos no podemos estar de acuerdo con nombrar un nuevo presidente en rebeldía. Esto rompería, aunque sólo fuera simbólicamente, el Orden Constitucional. Para sostener una amplia y permanente oposición lo que menos necesitamos son actos provocadores”.

Cuauhtémoc Cárdenas, quien fue tres veces candidato a la Presidencia de la República, le puntualizaría a la escritora Elena Poniatowska: “Lo que hago es defender el derecho a disentir, a pensar diferente, a pensar que cuando se ha impedido y conducido a dictaduras, opresión, represión, sectarismos e intolerancia, que estoy cierto, ni tú ni yo queremos ver en nuestro país”.

Llegó el 16 de septiembre de 2006 y la Convención Nacional Democrática, proclamó a López Obrador como “presidente legítimo”, en un acto sin paralelo en la Plaza de la Constitución.

Vestido de traje azul marino, camisa blanca y corbata amarilla, López Obrador dijo que no claudicará y que jamás se rendirá porque “rechazamos la imposición” y porque, según consideró, “es un acto de resistencia civil, que es lo que más conviene al país”.

En su primer discurso después de su designación como “presidente legítimo”, declarado por la Convención –por no citar Presidente Patito-, dijo que no actúa por capricho ni interés personal y que lo hace porque considera que hubo irregularidades en el proceso electoral y porque dijo que él ganó.

Antes y luego de que la convención acordara crear un nuevo gobierno, el ex candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos expresó que “pueden quedarse con sus instituciones piratas y su presidente espurio”.

En sus diversas descalificaciones, acusó al régimen de dedicarse a “difamarnos políticamente” y de confabularse con Roberto Hernández, el ministro Mariano Azuela, Carlos Salinas, Diego Fernández y con Gastón Azcárraga, además de la complicidad de medios de comunicación.

A su juicio, se formó en su contra una “pandilla de delincuentes de cuello blanco y de políticos corruptos”, que tienen miedo de perder sus privilegios, por lo que rechazan su proyecto de nación… y que en la víspera de los comicios federales del domingo 1 de julio de 2018, investido como el candidato aliancista Juntos Haremos Historia, persistirá en su afán de destruir el pasado ofreciendo, asimismo, entre retrospectivas y perspectivas que ya no funcionan o que ya no tiene nada que ver con la modernidad por la que ha caminado todo México.

Reiterará su presunción que no encabezaría un “gobierno arbitrario” o actuar al margen de la ley, en su objetivo de recuperar los beneficios de la industria energética, aunque la declarativa haya salido de la garganta de un portentoso mentiroso, ya nadie se traga ese anzuelo envenenado que se desenvuelve para una cadena de odios y rencores entre hermanos mexicanos. blasalejo@yahoo.com

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