alejandro barreiro
 
El pasado 18 de agosto se conmemoró un año más de la muerte de Federico García Lorca, el motivo, la intolerancia y el absurdo.
En 1936 para muchos la pluma de García Lorca generó más daños que muchos con la pistola y 79 años después es la misma historia.
 
México es uno de los países más peligroso para periodistas en todo el mundo y a esto debemos considerar que no existe en nuestro territorio el estado de guerra (no oficialmente).
Las amenazas y asesinatos a manos del crimen organizado, desorganizado, público o privado, a manos incluso de autoridades corruptas son cosa de todos los días. Este clima de miedo junto con la impunidad que prevalece genera autocensura para la libertad de la información.
 
Según datos de Reporteros sin Fronteras, en la última década han sido asesinados más de 80 periodistas, 17 desaparecidos, de igual forma ciertos medios de comunicación han sido blanco de ataques armados y amenazas, en especial en la zona norte del país.
Detrás de todo esto están los carteles de la droga, que se preocupan por hacer callar a periodistas y blogueros que informan sobre las actividades del crimen organizado, la violencia ligada y de igual forma intimidaciones que provienen por parte de autoridades estatales y federales.
 
Este clima de violencia e impunidad ha obligado a muchos periodistas a exiliarse para huir de la amenazas que enfrentan de igual forma las familias. Numerosos medios de comunicación han recurrido a la autocensura por temor a represalias de los sectores que sienten amenazados sus intereses.
 
A diferencia de la época de García Lorca, las redes sociales se han convertido en la única fuente de información, sobre los estragos ligados a la situación en que vivimos.
En el plano jurídico, en febrero de 2006 se creó la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Contra la Libertad de Expresión. Desde entonces, su trabajo sólo ha dado como resultado una condena.

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