alejandro barreiro

La formulación de Kant del imperativo categórico es el de la universalidad, y reza lo siguiente:[ ]Obra solo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal.

La ética kantiana parte del principio de “La buena voluntad”, el imperativo hipotético y el imperativo categórico, algo que cada día es olvidad en muchos sectores de la sociedad.

He querido iniciar este tema con Kant, porque es importante vincular la acción de nuestra sociedad con el principio de la buena voluntad. ¿Existe la buena voluntad de nuestros gobernantes? ¿Existe la buena voluntad en todos los que conformamos la sociedad?

Pienso que en este punto es en donde se centró la intervención del Papa Francisco I en la sede de las naciones unidas y me llama mucho la atención que mientras todos reconocieron la importancia del diagnóstico de la política mundial que hizo Francisco I, con gran puntualidad y sin eufemismos, cuando otros lo dicen, se les llama populista.

Como siempre me ha gustado ir a la RAE para conocer la definición real de una palabra, esta no fue la excepción y me dirigí a buscar la palabra populismo.; ¡resulta que la RAE no la reconoce!

La RAE sólo reconoce la palabra populista, la define cómo: Perteneciente o relativo al pueblo.

Aún no entiendo entonces lo que es populista y porque se utiliza en sentido peyorativo, si realmente la cabeza de un gobierno, los diputados, senadores, etc. ¡son populistas!

Encontré una definición para el populismo “negativo” y reza lo siguiente:

El populismo con una «significación peyorativa», es el uso de «medidas de gobierno populares», destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si esta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático. Sin embargo, a pesar de las características anti institucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos los movimientos populistas planean evitarlo) sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

¡Y me di cuenta que he vivido toda mi vida en un régimen populista!, un sistema “democrático” que no reconoce el referéndum o la consulta popular, si bien aparece en papel, nunca se ha realizado con carácter oficial. De igual forma un Estado que reforma para que todo quede igual, no para reforzar el tejido social.

Después entendí que el populismo es cuando no se cumple el imperativo categórico, cuando las acciones no pueden ser elevadas a máximas universales y cuando no existe la buena voluntad.

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