Jose Antonio Garcia Diaz

Mx.- (GARDIJA).- Cada día es más evidente el arresto de narcomenudistas, vanagloriando el éxito de los policías y criminalizando el consumo de las drogas ilegales como la marihuana y la cocaína; sin embargo, en los últimos años se ha visto un alza en el consumo; a pesar de la guerra contra el narcotráfico y estrategias policíacas como las mencionadas.

Aunque la Asociación Civil de Centros de Integración Juvenil (CIJ), afirma que la cantidad de consumidores de drogas a aumentado, no expone cifras relevantes: A nivel nacional, el uso de cannabis pasó de 70.3 por ciento, en 2008, a 87.4 por ciento, en 2014; es decir 17 por ciento más en sólo seis años.

Por otra parte, el tráfico de cocaína ha aumentado en un 340% según la SEDENA (Secretaría de Defensa Nacional), ya que se fueron decomisados casi dos mil 800 kilos encontrados en seis meses.

Paralelamente, y recientemente, la Comandancia de la Segunda Región Militar reportó el decomiso de 488 kilogramos de marihuana ocultos en un cargamento de pepino; y la detención del chofer de un tractocamión en el que se transportaba el enervante.

Las acciones continúan sin atacar el problema de fondo

La razón sigue igual desde el Boom de la generación beat: Mientras no se ataque a los consumidores, las cabezas seguirán funcionando por la oferta y la demanda. Un gobierno que se congratula de someter a cientos de narcomenudistas, mientras su nivel de consumidores es cada día más alto, es un gobierno que esconde más de lo expuesto. Tapan el sol con un solo dedo, mientras el calor es sofocante.

Las injusticias contra los jóvenes consumidores por parte de los policías continua en cada parte de las ciudades. El sistema judicial continua con un marco de presunto culpable. El ejemplo más reciente es Oscar, estudiante de la Universidad Autónoma del Estado de México, quien fue detenido por portar 20 kilos de cocaína, ahora se sabe, por la corrupción en el AICM (Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México).

En México la regulación o (re) legalización de las drogas aún es un paradigma conservador. La iglesia se opone y los partidos de derecha o ultraderecha como el PAN, también emiten prejuicios generalizados. También en algunos partidos de izquierda hay lideres con familias que ven una amenaza en las drogas, como la marihuana, pero sus hijos son los mayores consumidores.

Los estudiantes y jóvenes son el mayor mercado. La curiosidad, los prejuicios y la falta de información, llevan a una experiencia – relativamente – satisfactoria. La medida es la habilidad de mantenerse en un entorno sin dañar a terceros.

El libro llamado “Nuestra Historia narcótica”, expone un pasaje histórico y antropológico sobre el uso de las drogas en México, desde la época prehispánica hasta nuestros días en guerra por el narcotráfico y el uso de las carreteras para su tráfico. Los hongos, el peyote, la marihuana y hasta el pulque, fueron diezmados por las creencias occidentales y calificado como propiciantes de la degeneración de la raza; por las sustancias milenarias y naturales. El uso se vulgarizó con la conquista.

Sin embargo, la cocaína, fue de importación y exportación farmacéutica; un negocio alemán con ganancias en todo el mundo gracias a la hoja de coca. Hoy las farmacias realizan cientos de fármacos gracias a la hoja de coca y sus atributos.

México continúa sin una prevención eficiente y eficaz, es más, continua con el yugo de la estigmatización de las drogas. Los gobiernos, en lugar de señalar los daños, prejuicios y miles de muertes – generando miedo y más curiosidad; podrían señalar sus usos adecuados desde un estudio farmacobiológico; informar a los padres de familia con campañas integrales y abarcar las escuelas de nivel básico, en los últimos grados de primaria.

Finalmente, la utopía de la regularización de las drogas continúa ante un consumo y una violencia cada vez mayor. Un contexto muy lejano en el actuar y entendimiento de los policías; no por su capacidad intelectual sino por su condicionamiento jurídico.

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