Por: Manuel Aparicio.

               A casi dos semanas de la tragedia, la pregunta obligada es: ¿dónde están los representantes de ese pueblo, que según ellos defienden?. ¿Ya aportaron algo para atenuar la necesidad de quienes perdieron su patrimonio?. Sí, ya sé: ¡continúan coordinando los esfuerzos de los ciudadanos para que sean ellos los que ayuden a quienes lo necesitan¡. Los legisladores, políticos, y funcionarios públicos ganan decenas de veces más que los trabajadores de nuestro país. Sin embargo, como siempre, los pobres son el sector de la sociedad que entiende a sus hermanos en desgracia y les ofrece lo poco que tiene.

             Recordamos que cerca de un centenar de muertos, cientos de heridos, alrededor de un millón y medio de damnificados y una gran destrucción con pérdidas por miles de millones de pesos, es el saldo del terremoto registrado el pasado 7 de septiembre que afectó sobre todo la zona de Oaxaca y Chiapas. Pese a la magnitud del desastre, no se ha visto la sensibilidad de los políticos y gobernantes de nuestra nación para ayudar a los compatriotas en desgracia. Salvo, desde luego, el oportunismo y el discurso mediático que tienen tan ensayado para momentos como éste.

            Todos hemos escuchado que los partidos políticos e instituciones al igual que empresas continúan solicitando a los habitantes de este país que se solidaricen con quienes han perdido todo, y el gran esfuerzo que hacen, es abrir áreas de recepción de productos necesarios para los damnificados. Ni las empresas, ni los gobernantes, políticos y funcionarios aportan algo “de su bolsa”, porque les  gusta “coordinar” el esfuerzo de otros y hacer caravana con sombrero ajeno.

            De lo que se ha dicho o se diga, lo único cierto es que los habitantes de este país, son sumamente sensibles ante la desgracia ajena; y, a pesar de lo complicado de la situación económica, que en general padecemos, queda demostrado, una vez más, y lo comprobamos  desde las primeras noticias de esa catástrofe. Ayer como hoy los que menos tienen son los que más dan. Así son los mexicanos, ¡siempre solidarios¡. Pero los políticos, los funcionarios y gobernantes, en general, son una vergüenza.

            Claro que habremos de reconocer “el esfuerzo titánico” de los diputados federales de la LXlll, legislatura para contener su necesidad patológica de atesorar dinero y desprenderse de “UN DÍA DE SU DIETA”, para atenuar un poco el dolor de los damnificados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco que, literalmente, quedaron en la calle al perderlo todo. Afortunadamente, el recurso será destinado a través de la Cruz Roja, para evitar la intervención de los “líderes sociales” especialistas en escamotear recursos.

          Cuando la priísta Mariana Benítez Tiburcio dijo que reconstruir municipios enteros requerirá de un esfuerzo extraordinario de todo México, no sólo del gobierno sino de la sociedad civil y de los empresarios, pero nunca mencionó a los legisladores, y a los partidos políticos que bien podrían destinar el 50 por ciento de sus prerrogativas.

           Por eso cuando escuché que para acallar las voces que lo critican por estar fuera del país mientras más de un millón y medio de damnificados sufren, Andrés Manuel López Obrador ordenó que el 50 por ciento de los gastos de campaña para el 2018 se destinen a beneficio de los damnificados del sismo del 7 sept. 2017. Ojala no se trate de un chiste de mal gusto, porque advirtió que se hará de manera discreta y eso llevaría a pensar que solo fue una de sus tantas declaraciones mediaticas.

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