La Apnea de AMLO y su patetico pasado

Blas A. Buendía

¿Por qué a López Obrador no lo han metido a la cárcel, cuando en los últimos 30 años se ha venido dedicando a ser uno de los artífices para atentar en contra del patrimonio nacional con la toma de pozos petroleros en Tabasco, y cuyos delitos no han prescrito, pero elegantemente goza de impunidad?

¿Por qué la Procuraduría General de la República (PGR), en sus archivos “muertos” se niega a reactivar cuando menos una centena de demandas que diferentes actores, y hasta los mismos gobiernos federales tanto del PRI como del PAN, fueron y siguen siendo tan complacientes y tolerantes con el “caudillo de papel” que lo han perfilado como el “mejor” candidato de las izquierdas a la Presidencia de la República?

¿Por qué el sector de la Iniciativa Privada se ve impedida en reactivarle la serie de denuncias que presentó en tiempo y forma cuando López Obrador azuzó la gigantesca e histórica protesta al cerrar con tiendas de campaña semivacías, Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y la calle Madero hasta desembocar a la Plaza de la Constitución que estuvo tomada por meses?

Paradójicamente, gracias al ímpetu de lucha del político tabasqueño, se perdieron miles de empleos del sector turístico y de servicios, al ver éstos sectores de producción, menguadas sus ofertas cuando el turismo nacional e internacional, tardó años para recuperarse debido al movimiento de protesta y que a final de cuentas, nadie les hizo caso para recuperar su patrimonio del cual fueron despojados por un incipiente y altanero político.

El cúmulo de delitos que ha cometido López Obrador son interminables, y lamentablemente no ha habido autoridad federal alguna que lo meta en cintura, vaya, ni el mismo Instituto Nacional Electoral, el famoso INE, pudiera advertirle al dueño del partido Morena, que se comporte civilmente antes de actuar para retirarle hasta su registro como partido y promoverle un juicio de procedencia ante el Congreso de la Unión.

El tabasqueño ya anda de viaje por países latinoamericanos y ya se cree presidenciable, cosa que es un equívoco por parte de él, sin esperar aún el resultado de la corona que significan las elecciones del tres de junio del próximo año.

De ahí en fuera, López Obrador solo se pasea, planeando tras fronteras que si en junio de 2018 no le respetan su triunfo electoral, haría una gira internacional en protesta para escandalizar que en México “no se respeta el voto popular”.

Anticipa que en junio de 2018 ´”ya huele que habrá fraude electoral”, aunque hay que destacar que Andrés Manuel López Obrador ha sido la mejor muestra de ser uno de los parásitos supremos de la política mexicana que ha demostrado actuar con enfermiza y patética inmunidad, rompiendo hasta el acervo jurídico del Pacto Federal que gobierna a México como una nación democrática y soberana.

Sin embargo, hay que reconocerlo, lamentablemente la propia sociedad ha sido cómplice al avalar hasta los actos de deshonestidad de López Obrador, y celebra por consiguiente que vulnere el estado del Derecho.

Ahora, en la coyuntural guerra mediático que se ha desatado en contra del tabasqueño y a quien consideran como el candidato de la izquierda más importante a vencer en los comicios presidenciales de junio de 2018, buscará reírse de todos por su coraza de impunidad que ficticiamente posee “y que  gracias a Dios”, no le han hecho nada.

…Absolutamente nada, porque a pesar que la sociedad siempre ha aprobado las ilegalidades de López Obrador, éste cuenta con miles de simpatizantes-paleros que lo defienden a capa y espada, y que estarían hasta dispuestos en “ofrendar” sus vidas para que haya un cambio verdadero en la política económica neoliberal que ha empobrecido no solo a México, sino a muchos países de América Latina.

En cualquier cambio de sistema de gobierno, ya sea que tenga un corte de izquierda contra la derecha y la ultra-derecha, se podría presentar asesinatos políticos en todos sus niveles, porque eso de perder el poder nada más porque sí, alentaría el descontento social con innecesarios baños de sangre.

A pesar de que el llamado “México bronco” está aletargado, infinidad de veces se ha precisado que carece de esa contumacia para tomar las armas y deshacer del yugo que le oprimen el gañote las cofradías enquistadas en los cargos claves a nivel federal.

En este contexto, las fuerzas “revolucionarias” que enarbolarían los izquierdosos rebeldes, tendrían que reconsiderarlo una y otra vez en azuzar al pueblo para armarlo para ver correr ríos de sangre y tratar de deponer el gobierno de facto que se alzaría como triunfador cometiendo fraude electoral.

Es decir, como garante de la seguridad nacional, las Fuerzas Armadas de México no se prestarían a entrar a un juego maquiavélico para apoyar a López Obrador, en aras de un posible derramamiento de sangre.

Ejército y Marina son más que un político intolerante, porque son instituciones republicanas, pero en la complejidad de ese tipo de asonadas, aparecerían Generales de División inconformes que hasta podrían provocar un Golpe de Estado en caso que el Peje insistiera con su “inminente” victoria electoral.

Y en caso de llegar a perder “por las buenas” –cosa que se ve lejanamente difícil-, el tabasqueño asumiría una actitud más que rebelde, una revolución de clases para que le reconocieran su posible victoria electoral.

Muchos ven en López Obrador un peligro para México, porque una vez embestido como presiente de México, ordenaría masacrar a todos esos agentes políticos que por años se han considerado los “enemigos del peje”. De la prensa ni se diga, sería la primera víctima del terrorífico peje-gobierno.

México en sí, es un pueblo sólido, no estaría decidido ir a perder la vida solo por defender la beligerancia de un caudillo de papel que ha marcado hasta la Agenda Política de facto, ya que cuando establece criterios en contra del sistema, todos se le echan encima para acallar a esa deslenguada chachalaca.

La apnea de AMLO y su patético pasado lo hacen inconfundibles, más aun cuando presume que combatiría los fenómenos de la corrupción que desemboca en altos índices de impunidad, pero su negro pasado lo denuncia como un malhechor que se ha convertido en un vividor bajo la tenacidad del sistema de extorsión doloso.

Los principales problemas de México -AMLO no lo ve de esa manera- es la corrupción y la impunidad, cuando hace 30 años el peje le pasaba la charola al gobierno federal por sus éxodos por la democracia para cobrarlos como “desgaste físico” y quien se prestaba a ese juego corruptible era el desaparecido Manuel Camacho Solís, regente de la ciudad en la época salinista. Lo anterior viene a colación por diversos tópicos de corrupción.

Después de revelarse la entrega de una serie de sobornos por 10 millones de dólares de Odebrecht, al ex director de Pemex, Emilio Lozoya, el dirigente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, cuestionó si ese dinero fue utilizado para financiar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012. Pero el tabasqueño hace mutis de su experiencia corrupta que arrastra como su negro pasado.

“Odebrecht entregó 10 millones de dólares a Lozoya, 4 en los primeros meses del 2012. ¿Para la campaña de Peña? Y 6 siendo director de PEMEX”, escribió AMLO en su cuenta de Twitter. Y volvemos a caer en lo mismo, ¿qué no se acuerda Andrés Manuel cómo le sacaba el dinero corrupto del erario al mismísimo gobierno?

De gira por Coahuila, AMLO criticó la opacidad con la que las autoridades mexicanas han manejado el caso y recordó que la Procuraduría General de la República (PGR) y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) reservaron la información sobre el tema, pese al dinero que les cuesta a los mexicanos mantener a estas dos instituciones.

Peor aún, López Obrador vuelve a su clásica apnea de negarse a revelar, por sí mismo, cuáles fueron los contratos corruptibles que signó cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal en la construcción de los segundos pisos, que a más de una década, ni el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, haya revelado tal inquietud social.

Por ese motivo, López Obrador indicó que el principal problema de México es “la corrupción y la impunidad”, pues en otros países, hay funcionarios y hasta presidentes que han ido a la cárcel por cometer actos ilícitos.

López Obrador, a final de cuentas, tiene un cinismo para actuar como una ovejita que no rompe ni un plato…

“Los problemas principales que padece el pueblo mexicano es la corrupción y la impunidad. En Guatemala tienen en la cárcel al presidente, porque le comprobaron que se robó 40 millones de pesos, este mandatario que está en la cárcel no llega ni a carterista en comparación de los políticos corruptos de México”.

Y hablando de ello, el tabasqueño juega con la ironía y pretende verle la cara de idiotas y estúpidos a todo el pueblo cuando en ese grupúsculo de políticos corruptos, él mismo pertenece.

No sería ocioso que la PGR revelara los pormenores del por qué se le ha permitido a López Obrador separarse del estado de Derecho, y tener en los anales, cuando menos 69 averiguaciones previas (hoy, Carpetas de Investigación, conforme a las reformas a los códigos civiles y penales), para deslindar responsabilidades. blasalejo@yahoo.com

Publicidad

Deja un comentario