Eduardo Sadot-Morales Figueroa

Cuando se dio el primer cambio de Partido en los gobiernos de los Estados, surgió el dilema si las instituciones que realizaban entonces acciones de inteligencia. Si estarían dispuestos a compartir información con los ejecutivos de los estados de la república, específicamente con los gobernadores, surgidos de otros partidos diferentes al del Presidente en turno, dependencias como Marina, Defensa Nacional, Procuraduría de la República o Gobernación que obedecen al Presidente, tendrían autorización para compartir información y que tipo de información.

Emergía la incertidumbre a cerca de que información tenían de cada Estado, datos políticos, incluso sobre el comportamiento o desempeño del mismo gobernador o sobre grupos delictivos, guerrilleros, opositores, información útil para gobernar, pero también para que luzca como buen gobernante, el presidente o el gobernador, ese era el dilema.

Conforme evolucionó la democracia llegó a la presidencia también otro Partido y nuevamente el dilema fue, los órganos que realizan tareas de inteligencia, para quien han de realizarla y con quien van a compartirla. Vicente Fox planteó desaparecer el CISEN, suponiendo que le espiaban a el y a los panistas, luego Enrique Peña Nieto, intentó revivirla, pero siguieron dando tumbos en el que investigar y que informar, que producto final se pretendería obtener y como utilizar esa información.

Siendo una herramienta fundamental para las políticas de prevención, era indispensable precisar o al menos tener idea clara de que producto se pretende obtener, información de comportamiento de factores altamente peligrosos delincuenciales, movimientos políticos o guerrilleros, la guerra de Chiapas del movimiento zapatista, en ese esquema pudo haberse detenido o al menos prever escenarios para evitar sus consecuencias o disminuir su impacto, los 43 desaparecidos, los 70 asesinados en San Fernando Tamaulipas, los abusos de jóvenes gobernadores se habrían detectado a tiempo, si no estuviesen más ocupados los servicios de inteligencia en conocer quien se acostaba con quien o quienes eran lesbianas u homosexuales, que grupos políticos y relaciones se daba en la oposición y saber que hacían o que pensaban hacer, mas que un esquema profesional y técnico de prevención de posibles escenarios que impactan el ejercicio del gobierno y su gobernabilidad, muchas de las consecuencias hoy manifiestas pudieron prevenirse.

Si seguimos siendo un país subdesarrollado, con nivel de cultura educativo de primaria, donde el promedio de lectura es tan bajo, que seguimos siendo analfabetas cuando la gran mayoría de los mexicanos no leen más allá – y con trabajos los nombres de las calles – resulta más difícil pedir a los gobernantes que tengan sensibilidad y consciencia de la importancia de la Inteligencia en un gobierno.

Es claro que debe haber Inteligencia en el gobierno, pero ha llegado el momento de crear Inteligencia institucional, profesional, imparcial, central, definida y custodiada por un órgano ajeno a los vaivenes de partidos políticos y procedencia de los presidentes de la república, secreta y fiel institucionalmente, con profesionales que sepan distinguir y privilegien la investigación de impacto en la gobernabilidad.

Consideremos que ya es conveniente crear un órgano autónomo con personal capacitado e institucional, ajeno a intereses partidistas, económicos, políticos o de cualquier tipo que privilegien a México, al país, a la Patria, esa es una decisión que solo pueden tomar quien verdaderamente sepa del tema y que ame a México.
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