Blas A. Buendía
Con una alta dosis dinámica fue la declaración que realizó el Movimiento Ciudadano LaRouchista ya que recomendó al Presidente electo de México haber recibido un mandato para cristalizar un cambio de paradigma, no un mero cambio de régimen, pese a la ola de rechazos que ya se escucha la duda de la sociedad mexicana que Andrés Manuel López Obrador pudiera ser el artífice de la cuarta transformación.

Y en esa ola de rechazo al Viejo Paradigma de Wall Street y de la City de Londres se mueve con furia por todo el planeta. Se trata de un rechazo al viejo paradigma de especulación financiera, saqueo económico, violación de la soberanía nacional, de guerras geopolíticas incesantes y de terrorismo.

Al mismo tiempo, con China a la cabeza la mitad de la población del planeta está construyendo a pasos acelerados un Nuevo Paradigma basado en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, o la Nueva Ruta de la Seda, que lleva el compromiso de forjar un futuro común para toda la humanidad en base a la cooperación entre las naciones para beneficio mutuo. Ese avance ha tenido un enorme éxito, como salta a la vista de todo el mundo -excepto para los que no quieren ver- el hecho de que 700 millones de chinos han salido de la pobreza en las últimas tres décadas,.

En Europa y en las Américas, el repudio al viejo sistema en bancarrota y a sus instituciones ha tomado la forma del voto por el Brexit, la formación de un nuevo gobierno en Italia, la elección de Trump en Estados Unidos, y ahora la elección de Andrés Manuel López Obrador en México.

Pero hasta ahora esta mitad transatlántica del planeta solo ha dicho “¡No!” con firmeza al viejo sistema, y todavía no se ha unido al nuevo, al de la Iniciativa de la Franja y la Ruta para participar en la forja del Nuevo Paradigma para el mundo entero.

Con la victoria abrumadora de López Obrador el 1º de julio –única en el mundo en países donde se practica realmente la democracia-, México tiene una oportunidad histórica no solo para unirse a la Nueva Ruta de la Seda, sino para utilizar su muy particular proximidad geográfica e histórica con Estados Unidos para ayudar a integrar a esa nación también al Nuevo Paradigma, mediante la proposición de una cooperación triangular entre China, Estados Unidos y México, para emprender proyectos de desarrollo para toda Iberoamérica y el Caribe.

Este enfoque –advierte el Movimiento Ciudadano LaRouchista-, es el único que verdaderamente puede resolver los graves problemas de la tremenda pobreza, drogas, emigración y la ausencia de un futuro productivo para la juventud de México, de Centroamérica y de Estados Unidos. Se requiere una alianza como la de Juárez y Lincoln, como lo ha planteado siempre nuestro movimiento en México y Lyndon LaRouche en Estados Unidos.

Lo peor que podría hacer México en este momento, sería tirar la toalla frente a los horrores del narcotráfico y aceptar la legalización de las drogas, como lo piden algunos, bajo la falsa bandera de una “paz negociada” con los carteles, la despenalización y los sofismas de la mentada “Justicia Transicional”, que no es más que un fraude inventado por los sicarios internacionales de George Soros, el notable especulador y principal narcolegalizador en el mundo.

Como lo ha demostrado LaRouche y su movimiento desde hace tiempo, el narcotráfico lo controla desde la cima Narcotráfico, S.A., es decir, la empresa supranacional que encabezan los bancos especuladores británicos y de Wall Street, y se les puede destruir con las mismas medidas que también pueden acabar con todo el sector financiero especulativo transatlántico a través de una intervención y reorganización por bancarrota, seguido de la creación de un nuevo sistema internacional de crédito productivo, o un Nuevo Bretton Woods.

Hay tres áreas programáticas en las que puede participar México y por las que debe luchar, para empezar rápidamente a crear las condiciones para la prosperidad de México y sus vecinos, generando un pleno empleo productivo para sus poblaciones y el desarrollo de las facultades productivas del trabajo. Estos proyectos no son todos los que se tienen que hacer, pero muestran el camino para terminar finalmente con la pesadilla de los últimos 35 años.

1) Corredores ferroviarios de alta velocidad. Como parte de su Iniciativa de la Franja y la Ruta, China ha ofrecido ayudar ya a construir tres líneas ferroviarias de alta velocidad en México: el ferrocarril transístmico que conecte los puertos de Coatzacoalcos y de Salina Cruz; el ferrocarril de alta velocidad de Ciudad de México a Querétaro; y otro que iría desde un nuevo puerto de aguas profundas en la costa de Nayarit hasta Ciudad Juárez y El Paso, Texas. Esto sería un buen principio, y al mismo tiempo se debería iniciar la extensión de los corredores ferroviarios desde Sudamérica a través del Tapón del Darién, hacia Centroamérica y hacia México, luego hacia Estados Unidos y hasta el Estrecho de Bering mediante un túnel que conecte a la parte euroasiática del Puente Terrestre Mundial en que se está convirtiendo la Nueva Ruta de la Seda.

2) La Ruta de la Seda Marítima en la Cuenca del Caribe. La construcción de puertos industriales de aguas profundas en Mariel, Cuba y en Ponce, Puerto Rico, van a unir los flujos de carga a través del Atlántico con el Canal de Panamá ampliado y con el proyectado Gran Canal Interoceánico de Nicaragua, así como con el proyecto del “canal seco” en el Istmo de Tehuantepec, para aumentar de manera espectacular los flujos desde China y Asia. Esto va a exigir el desarrollo de puertos de aguas profundas y demás infraestructura en las dos costas de México, así como en las costas de Estados Unidos. No hay futuro para México en el TLCAN ni cualquier otro acuerdo de libre comercio, que solo favorece a la banca especuladora; el futuro está en el comercio mundial enormemente ampliado con la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

3) La ciencia del espacio y los grandes proyectos hidráulicos. La base de lanzamiento de la Agencia Espacial Europea en Kourou, Guyana Francesa, y la base de lanzamiento de la Agencia Espacial Brasileña en Alcantara, las dos más cercanas al ecuador de cualquier otra en el mundo, pueden convertirse en los ejes de una iniciativa científica mayor para toda la región, con la participación de Estados Unidos, Europa y China. México tiene ya una agencia espacial, la cual se puede transformar en motor para el desarrollo científico y tecnológico de la nación, que le proporcione a la juventud una perspectiva de gran amplitud para el futuro.

Esto implica no solo a la ciencia del espacio como tal y el necesario desarrollo de la energía de fusión nuclear, sino también la infraestructura de gestión de agua de última generación.

Se tienen que construir los grandes proyectos de transferencia de agua como el Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO), el Plan Hidráulico del Golfo Norte (PLHIGON) en México, y el plan de la Alianza de Agua y Energía de Norteamérica (NAWAPA, por sus siglas en inglés), como parte de nuestro compromiso de alimentar a toda la población y garantizar la autosuficiencia alimentaria.

Pero señala el Movimiento Ciudadano LaRouchista que la siguiente plataforma científica consiste no solo en la transferencia del agua de una cuenca hidrológica a otra, sino en la creación de nuevas reservas de agua dulce. Esto se puede hacer a gran escala con plantas nucleares para la desalación y con un gran esfuerzo de investigación en la ionización atmosférica, sobre lo cual ya se han hecho varios estudios muy prometedores en México.

Para llevar a cabo todo esto, es necesario que México recupere su sistema de banca nacional de fomento que emita crédito nacional dirigido, como el que había todavía hasta 1982 durante el gobierno de José López Portillo. Esto significa que el Banco de México tiene que dejar de ser “autónomo”, que en la práctica significa que está sujeto a los criterios monetaristas de Wall Street y la City de Londres, para que funcione como un verdadero banco nacional hamiltoniano.

AMLO ha dado ya los primeros pasos, al invitar al Presidente Trump a su toma de posesión el 1º de diciembre, y cuando le propuso emprender proyectos de desarrollo conjuntos en México para abordar las causas económicas de fondo de la emigración. Ahora falta ampliar esta propuesta y profundizarla para llevar la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, a toda América, Norte y Sur.
* La justicia transicional alude a las formas en que países que dejan atrás periodos de conflicto y represión utilizan para enfrentarse a violaciones de derechos humanos masivas o sistemáticas, de tal magnitud y gravedad que el sistema judicial convencional no puede darles una respuesta adecuada.  blasalejo@yahoo.com

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