Leopoldo Mendivil

LIC. MIGUEL ÁNGEL OSORIO CHONG, SECRETARIO DE GOBERNACIÓN: Debes obligarte a seguir nuevas direcciones, aún si implican riesgos: Robert Greene.

La batida ha sido fuerte contra los capos de la droga, desde que Felipe Calderón activó su guerrita hasta hoy que el gobierno de Peña Nieto paga las consecuencias de ésa que, como todas las valentonadas, fue una estupidez yo supongo que punible.

Y sí, el número de detenidos ha sido digno de reconocimiento…, a pesar de que faltan muchos de los segundos y terceros mandos que, cuando sus jefes, los grandotes, ya no están, éstos se pelean el poder total del cártel y bien sabemos que han terminado dividiéndose y se van casi siempre con un grupo de los sicarios que integran sus fuerzas de guerra.
De guerra escribo porque guerra se quedó desde que la declaró Calderón.

El problema principal, que heredó el gobierno actual, es, precisamente, la división de los grandes cárteles en otros de menor tamaño, pero con un poder de fuego importante y suficiente para sobrevivir y multiplicar sus acciones delictivas.

Al final de la semana pasada trascendió la noticia de que el Ejército nacional se apresta a hacer frente a los cárteles que llevan la voz cantante en el territorio de Tamaulipas, algo que se veía venir desde el año pasado: En algún momento del 2014, el general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Cepeda, comentó en un encuentro con directivos, columnistas y articulistas de este diario que las fuerzas armadas habían iniciado un proceso de modernización de sus activos de combate, puesto que se había rezagado en ese rubro durante los últimos años. Es de inferirse, si el mexicano es un ejército de paz con todo el mundo, que esa fuerza deberá enfocarse hacia los factores internos que están amenazando la paz interna por móviles descaradamente contrarios a la justicia y al estado de derecho.

Le hablo, pues, de dos ejércitos: el regular, de la nación, y el integrado para delinquir con sicarios tomados de aquí y de allá, necesitados de hacer dinero rápido y en algún grado fácil, aunque harto peligroso. Un ejército, pues, de delincuentes que se fue convirtiendo en varios pequeños, a medida que los grandes cárteles se han segmentado, lo cual ha incrementado el peligro contra la población en general. A esos grupos de malvivientes superbien armados sólo los puede frenar el Ejército nacional, pero con armamento que le permita de verdad triunfar en el esfuerzo.
Además de armamento, para lograr esa hazaña cada día más riesgosa, debe preparar la batalla con todas las normas de la guerra formal y utilizar todas las armas que sea necesario, antes de que el poderío de esos ejércitos que van pululando logre alcanzar la estatura de una fuerza regular.
No hay, ya, otro camino posible de recorrer y salir airosos. Dependemos como nunca antes, en el último siglo, de las fuerzas armadas y más vale que el gobierno lo entienda de esa manera y le dé todos los elementos que precisa, incluidos los legales, para cumplir con la nación.
Es de desearse que ese compromiso haya sido ya convenido.
lmendivil@delfos.com.mx
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