Leopoldo Mendivil

 

PAPA FRANCISCO: +Ante el conflicto, las mejores armas son las militares; las peores son las de la paz: Luis Gabriel Carrillo Navas

Si el autor de la frase que uso como epígrafe, Carrillo Navas, es argentino, habré descubierto la línea de pensamiento de su amigo Gustavo Vera, el verdadero provocador del actual desencuentro México-Vaticano, a quien quizá no le gustemos los mexicanos y convirtió su carta, Santidad, en un misil de largo alcance.

Una carta personal es un documento privado hasta que el destinatario, o un mandato judicial o la historia lo vuelven público. Usted confió en su amigo al compartirle su visión personal sobre México, como todos tenemos derecho a guardar cualquiera otra y hasta comentarla en privado. Usted no violó la regla diplomática. Su amigo quizá quedó bien con alguien. Ya sabrá usted qué beneficio obtenga.

¿Es real o no lo es su visión de México? Nadie aquí puede negar que sí. Incluso, entre abril del año pasado, cuando su carta llegó a Alameda, Argentina, el mundo entero conoce la situación de enervamiento sociopolítico que México ha vivido desde septiembre, y es muy normal que usted no deseara oootra carga, como el incremento de la drogadicción sobre su país, que ya tiene suficiente con su problemática actual.

¿Qué le digo, Santidad? ¿Qué me disgusta la reacción de mi gobierno por mostrarse públicamente “triste y preocupado” por su expresión? Fue su obligación de política exterior hacerlo; fue especialmente cortés y sincera, Santidad; el canciller Meade es un católico practicante y militante y el presidente Peña lo mismo. Y los mexicanos, en inmensa mayoría, católicos o no, estamos hartos por la situación que al país le ha creado el cáncer de la droga; como producto de exportación y de creciente consumo interno aún está bajo control, pero ignoramos durante cuánto tiempo.

Hace unos años los mexicanos exclamábamos -por escrito los periodistas- que no, México no se colombianizara y los gobiernos de ese país hermano ni diplomáticamente reviraron. Pero luego de la forma como las circunstancias -incluso las económicas- se le han revertido al país, no podía el gobierno dejar de reaccionar.

Yo le diría a su amigo y paisano, don Gustavo Vera, que no queremos para Argentina el mal que nos ha provocado Estados Unidos para mantener mejor dispuestas a sus tropas de combate, desde la segunda guerra mundial y, después de ello, a su población crecientemente drogadicta, gracias a las regiones mexicanas -las que, varias, ellos mismos descubrieron- productoras de las mejores mariguana y amapola del mundo; y que luego obligara —como hace escasos días Bill Clinton, de visita aquí, se declaró responsable— a que la coca colombiana y boliviana llegara por tierra a su país, porque no la querían recibir por mar ni por aire.

Tampoco queremos para Argentina el infierno criminal que sufrimos, porque Estados Unidos demanda la mejor calidad de heroína que produce el mundo y parte de ella crece de maravilla en el estado de Guerrero, donde sus productores y exportadores han provocaron, entre otras, la matanza de los 43 estudiantes que el mundo entero ha condenado.

Y muchos quisiéramos que el gobierno actual de México no dejara de castigar a los mexicanos que, desde el poder político recién conquistado, permitieron, durante el inicio del siglo actual, que México aceptara como nunca antes las instrucciones de Washington para abrir los pasos de la droga a su territorio…

Así que no se preocupe su amigo, Santidad, Washington está muy lejos de Argentina.
lmendivil@delfos.com.mx, m760531@hotmail.com


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