mayra casatneda

Me preocupa, me preocupa mucho este ensordecedor ruido que se ha generado en torno a la evaluación del desempeño docente, que ha confundido y ha mezclado una serie de conceptos y, por resultado tenemos muchas voces esgrimiendo conceptos contradictorios y hasta ridículos, pero más allá, tenemos a un gremio magisterial sumamente confundido.

A todo mundo se le pide opinión, ya me tocó, pero lo que se busca es una respuesta única y simple, desgraciadamente eso no existe. Tal vez lo que voy a decir en este texto les confunda más, pero el conocimiento, recordemos, es confuso y contradictorio también, gracias a ello crecemos y evolucionamos. El conflicto que quizá se provoque (si es que esto sucede) será un buen inicio, no temamos a él, siempre que no desemboque en violencia significará que estamos avanzando.

La evaluación no es la respuesta a todo, eso ha quedado claro y no lo digo yo, lo dice Jurjo Torres, Tatiana Coll, Manuel Gil Antón y una serie de teóricos altamente reconocidos en el ámbito educativo. No existe un solo estudio documentado donde la evaluación docente haya servido para elevar la calidad educativa, por ahí deberíamos empezar, pero esos datos son los menos importantes para quienes dirigen y deciden la educación en nuestro país.

Los términos en los que se está manejando este proceso por parte de la autoridad educativa (léase SEP e INEE, que no son lo mismo y que, es importante mencionar, en muchos casos tienen graves conflictos políticos) es sumamente exigente, rigurosa, pero al mismo tiempo desinformada y contradictoria. Mientras se esgrime la evaluación formativa, no punitiva, como bandera, se emiten una serie de sentencias desde los despachos y las ruedas de prensa que representan una amenaza frontal; frases como “estaremos renovando la planta magisterial en un 60% en los próximos años” o “los universitarios cubrirán las plazas que no puedan cubrir los normalistas” han corrido como reguero de pólvora. Nadie tiene la certeza, más que los periodistas que estuvieron en dichas declaraciones, que esas frases hayan sido expresadas, como se entienden, por parte del secretario de educación y la consejera presidente del INEE respectivamente. Pero han sembrado el miedo y la incertidumbre en un gremio que se amalgamaba en base, justamente, a la estabilidad laboral.

Entendámoslo de una vez por todas: no es lo mismo SNTE que maestros, no es lo mismo CNTE que profesores. Como suele suceder en cualquier organización social los dirigentes se separan de las bases, movidos por intereses personales o de grupos cerrados y compactos que buscan posiciones de poder. Las movilizaciones de la CNTE hasta hace poco, me consta, estaban constituidas, en su mayoría, por aspirantes a plaza, esa carne de cañón que está dispuesta a todo por conseguir una plaza base y que son manipulados y chantajeados. El pase de lista en las marchas, el otorgamiento de puntaje y la exigencia de lealtad ciega han formado parte de los sistemas de control del sindicato… y tampoco nos confundamos: la CNTE es el brazo operativo y de choque del SNTE. Que entre sus bases hay muchas diferencias desde luego, pero los dirigentes se sientan a tomar los tragos juntos, tienen sus números personales en marcado rápido y se coluden para las firmas de las famosas minutas que nunca se cumplen y que forman parte del modus operandi que han establecido con los diversos gobiernos estatales, sino cómo podemos explicar la inmensa cantidad de estos documentos firmados en nombre del SNTE pero con la estructura de la CNTE en estados como Michoacán.

En fin estas prácticas y muchas más han llevado al punto en el que nos encontramos ahora. Que los maestros no están lo suficientemente capacitados y actualizados, definitivamente no, no en la medida de convertir a la escuela en una empresa, eficiente, eficaz y… bueno, eso de pertinente y equitativa se agregó por no dejar y para acallar las voces que defienden la humanización de la organización escolar.

Ahora se pretende que con una evaluación se podrá “limpiar” al magisterio mexicano; que hay muchos maestros que no deberían estar en un salón eso es totalmente cierto, yo me he topado a muchos, muchos de verdad, pero un proceso evaluativo como el que se está planteando, desinformado, sorpresivo, sin los lineamientos claros y enfocado a tener los maestros soñados, esos maestros capaces de explicitar sus prácticas, de reflexionar sobre los procesos de pensamiento, con una alta capacidad intelectual y argumentativa… no nos engañemos, estamos poniendo el cordón muy alto y no es porque no tengamos los profesionales con la capacidad y el talento, sino porque han sido formados en estructuras anquilosadas, obsoletas y que no concuerdan con lo que se está exigiendo… y esto no lo decidieron los maestros, sino las autoridades que son las que autorizan los planes y programas de estudios de las normales, las que regularon el otorgamiento de plazas a estas instituciones y las que bajaron el listón en la formación inicial; lo peor del caso es que los mejores maestros, los realmente preocupados por sus estudiantes y no por la teoría, serán los que saldrán del sistema, no esos que merecen ser expulsados y que, entraron, inicialmente por compadrazgos, amiguismos o comprando su plaza.

No podemos excluir factores como la corrupción y la colusión en esto ¿por qué no llegan los recursos a las escuelas? ¿Por qué un profesional tiene que suplir las carencias del sistema? ¿En qué parte del contrato dice que el profesor tiene que darle de desayunar a su estudiante que no tiene para comer o que tiene que comprar el material didáctico de su bolsillo? ¿Por qué los funcionarios que están sentados tras un elegante escritorio, en unas oficinas que parecen parte del palacio de una corte europea, cuentan con salarios exorbitantes mientras los docentes apenas tienen para llegar a sus comunidades para impartir clases a niños que ni siquiera hablan español?

Todo esto lo sabemos los educadores, pero parece ser totalmente desconocido para la sociedad en su conjunto; los medios de comunicación han jugado en papel fundamental. La desinformación es la mejor arma del gobierno, ha logrado poner al pueblo en contra de sí mismo y con la mentalidad tan pobre y mezquina que hemos ayudado a reproducir a través de la institución escolar, la madre de familia sólo alcanza a ver que ella no cuenta con los “privilegios” con los que cuenta (o le han hecho creer que cuenta) un docente, y la pregunta detonadora ¿por qué él sí y yo no? El argumento: “a todos nos evalúan constantemente en nuestro trabajo, si no funcionamos nos corren ¿Por qué los maestros no deberían ser tratados de la misma forma?” la mirada se centra en ese actor y la reacción normal de esa madre de familia agotada, explotada, llena de rencor: “es cierto ¿por qué a él sí y a mí no?” y no alcanza a ver que tampoco se evalúa a los políticos, a los funcionarios de alto nivel, a los diputados, a los jueces y magistrados… a todos los burócratas por debajo de ese nivel desde luego que si, y constantemente, pero esos no cuentan. Porque los que no somos famosos o ricos, no somos corruptos o cínicos, nosotros los de a pie, no contamos. Desde luego que estamos llenos de rabia y si nos dan un sujeto para escupirla, sin pensarlo dos veces lo vamos a hacer, necesitamos, por salud mental, deshacernos de todo ese rencor, perdernos, darnos permiso de ser violentos y groseros para poder continuar soportando y aguantando la realidad.

Que los maestros están movilizados (demasiado tarde desde mi perspectiva, ahora, que la reforma está en el rango constitucional la única vía es justamente una contrarreforma constitucional para desarticularla), que no quieren evaluarse, que son unos flojos, que no sirven para nada… todo eso está actuando en contra de los propios educadores, de una imagen gremial ya de por sí muy lastimada y parece ser que las vías son pocas y son las mismas ¿qué no tenemos más herramientas mentales, creativas, para sumar en lugar de dividir? Atizar la hoguera sólo conviene a los mismos de siempre.

¿Cuál sería la vía? Bueno, desde mi muy particular punto de vista, la vía más eficaz (hablando en su propio idioma empresarial) es presentar las evaluaciones y obtener un alto puntaje. Que es complicado, que hay que ponerse a estudiar, si, desde luego, que los maestros no tienen tiempo para ello… claro que no tienen tiempo, con tanta exigencia administrativa en estos momentos para lo único que tienen tiempo es para pensar en sus vacaciones, pero estamos hablando no sólo de su plaza, sino de la permanencia de un sistema de educación pública. Si los maestros demuestran su idoneidad como gremio se le callará la boca a la autoridad, se desarticularán todos los argumentos que se han esgrimido en su contra y tal vez, sólo tal vez, se pueda recuperar la confianza popular que tanta falta hace en estos momentos.

También circulan por ahí otras propuestas, una de ellas es negarse a la evaluación, bajo la lógica de que si se acepta la evaluación se acepta el nuevo régimen laboral; lo cierto, aunque no es lo correcto, es que ya están en un nuevo régimen laboral, no serán despedido si no son calificados se idóneos, pero si los separarán del aula, por tanto constitucionalmente están obligados a presentarse a su proceso de evaluación si son convocados, de lo contrario serán dados de baja del sistema sin posibilidad de apelación y sin ninguna responsabilidad para la autoridad educativa ¿no se han puesto a pensar de dónde viene esta voz que cada vez suena con más fuerza? ¿A quién le sirve que miles de docentes no se presenten a su evaluación y darlos de baja en automático, sin pago de pensión ni liquidación y sin la posibilidad de apelar a la junta de conciliación y arbitraje? Se queda de tarea (aunque sea antipedagógico), tal vez analizar y reflexionar en conjunto, en estos momentos, sea lo que realmente necesita la educación pública de nuestro país. Ojalá estas líneas sirvan para algo, el diálogo está abierto, espero sus comentarios @MayraCastañeda

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