• Fiscalía de Puebla no investiga y protege a Guillermo Lobato, alcalde panista de Zacapoaxtla.
  • No sacarán a Antorcha de Huitzilan de Serdán: Aquiles Córdova.

Reportaje Especial
Por: Francis Martínez

Ciudad de México.- La impunidad y protección de la Fiscalía de Puebla continúa hacia los caciques homicidas y hacia Guillermo Lobato, alcalde panista de Zacapoaxtla y Alonso Aco Cortés, militante de Morena, ambos presuntos autores intelectuales del crimen político de Manuel Hernández Pasión, quien fuera alcalde del municipio huitzilteco; este martes 10 de abril se cumplen seis meses del artero homicidio y las autoridades políticas y judiciales del estado de Puebla siguen sin aplicar la ley y sin hacer justicia a los familiares y miles de antorchistas huitziltecos y del país.

El líder social Aquiles Córdova Morán es clave en el proceso de desarrollo de diversas regiones del país que, bajo las ideas del antorchismo, han transformado su realidad material y espiritual. La visión política del líder antorchista es la que explica hoy la vida cotidiana de Huitzilan de Serdán, el segundo bastión de Antorcha en el estado de Puebla, después de Tecomatlán.

Habiendo sido el epicentro de una continua historia de crímenes, el municipio serrano se sobrepuso con ayuda del Movimiento Antorchista, dejando atrás la explotación caciquil, la rapiña y el crimen de que fue objeto durante décadas.

Pero los caciques no se han conformado con dejar perder lo que consideran “suyo” para explotar y abusar, una y otra vez y querer desestabilizar la reciente adquirida paz lograda por los huitziltecos. El episodio más reciente, orquestado desde esferas muy altas, -como indica el tiempo transcurrido-, cobró la vida del joven alcalde de la demarcación, Manuel Hernández Pasión, cuyo abnegado trabajo entre sus hermanos indígenas lo había llevado a ser un líder connotado, maestro y exitosísimo alcalde.

Córdova Morán conoce de primera mano el proceso histórico de Huitzilan de Serdán: de ser un municipio deshecho por el desplazamiento forzado de los indígenas en la década de los setentas y ochentas debido al abuso y explotación de los caciques y, después, de la Unión Campesina Independiente (UCI), a convertirse en un municipio modelo de desarrollo en infraestructura, educación y cultura.

Después de aquella emboscada al alcalde, perpetrado el 10 de octubre de 2017 en las goteras de Zacapoaxtla, municipio colindante a Huitzilan, y que este martes 10 de abril se cumplen 6 meses, las autoridades del estado de Puebla, que encabeza José Antonio Gali Fayad, no han esclarecido el crimen ni hecho justicia. Para el líder nacional, no basta con la detención de los autores materiales del artero asesinato, arrestados el pasado 15 de enero, es decir, seis meses después; afirma que la detención de los primos de Guillermo Lobato Toral (alcalde panista de Zacapoaxtla), Pablo Daniel “N” y Cristian “N”, fue una acción tardía, resultado, más que nada, de la capacidad de movilización de un antorchismo agraviado que emplazó al gobierno estatal a dar resultados.

“Es cierto que los detenidos están más o menos identificados como los autores materiales del crimen, pero las circunstancias en que éste se dio, aunada a la historia caciquil de Huitzilan y a la situación política de la Sierra Norte de Puebla, no deja lugar a dudas de que ellos  fueron simples ejecutores de intereses políticos mucho más amplios, que rebasan el ámbito de Huitzilan y que muy probablemente abarquen toda la Sierra Nororiental, si no es que buena parte del estado de Puebla. Y el interés es, precisamente, frenar el movimiento de independencia relativa, pero muy clara, que se está generando entre los indígenas de la zona”, indicó el líder antorchista en entrevista.

“Insatisfechos” es el término que emplea Córdova Morán para externar el sentir de los miembros de su organización tras la detención de los autores materiales; y es que ésta se dio, por insólito que parezca, horas antes del informe del gobernador poblano, Antonio Gali, muestra de que optó en presentarlos que dar respuesta a la marcha de 50 mil personas que había anunciado el Movimiento Antorchista para exigir avances reales en el esclarecimiento del crimen.

El líder social asegura que, a pesar de las circunstancias del arresto, se ha dado un paso para hacerle justicia al alcalde antorchista, reitera que los detenidos no son los únicos, ni los verdaderos, culpables: “Aquí hay mar de fondo; ese mar de fondo es el que mató a Manuel y es el que no aparece con la detención de los dos asesinos materiales. Más bien, pareciera que la idea es precisamente dar la impresión de que ya se hizo justicia y detener allí el proceso. (…) Es necesario que el gobierno de Puebla y la Fiscalía poblana a cargo de  Víctor Antonio Carrancá Bourget, se den cuenta de que el asesinato de Manuel Hernández Pasión tiene implicaciones sociales, políticas y económicas muy graves, que pueden incluso hacerse más violentas, agudizarse a niveles incontrolables –y, aclaro, sin la intervención de Antorcha-, y que una manera de calmar esa situación es investigar quiénes fueron los autores intelectuales del crimen y hacer que se les procese conforme a la ley. Ya es tiempo de que en México se vuelva realidad aquello de ´caiga quien caiga´”.

Antorcha llevó independencia a la Sierra Nororiental

 Para los antorchistas, el asesinato de Manuel Hernández Pasión no es solamente un acto de defensa de uno de sus compañeros, sino que es, también, una muestra de la verdadera lucha social, aquella que transforma a las comunidades y a sus ciudadanos, como bien lo ha demostrado la historia reciente de los huitziltecos.

“No es sólo la presencia de Antorcha ni es sólo la actividad de Antorcha la que ha prendido la mecha [para despertar a los que estaban siendo explotados]; es que la Sierra Nororiental, como la Sierra Tarahumara de Chihuahua o la Sierra Negra en el mismo estado de Puebla, es una zona en la que el predominio indígena se esgrime como razón suficiente para mantenerla aislada, marginada y completamente abandonada y olvidada del Estado.”

En conclusión, señala Córdova Morán, son las características geográficas de la región las que explican por qué se vuelve un caso sui generis, en la trayectoria de lucha de la organización, su participación en Huitzilan de Serdán; y eso mismo explica que el liderazgo de Hernández Pasión, sus ideas de progreso y cambio, se conviertan en una mecha explosiva entre las poblaciones contiguas a Huitzilan, cuyo común denominador es la pobreza. “La miseria, el analfabetismo, la insalubridad, la desnutrición, la falta de educación y la falta de comunicación son verdaderamente lamentables en toda esa zona; esto va creando una inconformidad muy generalizada que, en un momento dado, puede capitalizar un líder carismático como Manuel, independientemente de que pertenezca a Antorcha o no; un líder como él encuentra terreno abonado por la discriminatoria política que se ha seguido con los indígenas.”

Contra la leyenda negra

 La marginación, la explotación y el sojuzgamiento cultural, son  lacras contra los que han luchado generaciones de indígenas huitziltecos, liderados por las lumbreras de su pueblo, como Manuel Hernández Pasión, y asidos a la mano del Movimiento Antorchista.

Sin embargo, el municipio carga a cuestas una leyenda negra. Los viejos, que por fin gozan la paz que añoraban en la década de los setentas; las mujeres, que pueden ver cómo sus hijos se convierten en hombres de bien y no en matones; y las nuevas generaciones, que gozan de un Huitzilan saludable y pacífico, son acusados, falsa e intencionadamente, de haber encumbrado a una organización “violenta” [el Movimiento Antorchista], autora de “crímenes” que nunca se le han probado pero que se le endilgan, un día sí y otro también, a pesar de haber sido ésta la que interviniera para detener la ola criminal que asolaba a la región y la que, a expensas de los verdaderos criminales, algunos de los cuales continúan en la vida pública de Huitzilan de Serdán.

Y como todas las leyendas negras, a pesar de la evidencia documental que se ha aportado con el correr de los años, e incluso, las narraciones orales de los que sufrieron el abuso y el olvido, este estigma sobre el Movimiento Antorchista se ha conservado y transmitido en no pocas notas de la prensa poblana. Esta dinámica ha obligado a los indígenas huitziltecos a desmentir, una y otra vez, todas esas versiones. Pero Huitzilan no se rinde. Los pobladores están decididos a barrer y seguir barriendo, cuantas veces sea necesario, la imagen negativa que se tiene de Antorcha, es decir, saben tender la mano a la única organización que acudió en su auxilio en aquella época en que nadie denunciaba los abusos de que eran objeto.

Córdova Morán afirma que, a pesar del estigma contra la Organización, que brota cada que se le quiere desacreditar y que tiene de voceros a políticos y periodistas maliciosos, los huitziltecos no olvidan su historia ni los años y el esfuerzo que les costó lograr esa independencia de la que ahora gozan.

A la par de esta lucha permanente, soportando asedios mediáticos y agresiones hacia sus líderes, los huitziltecos construyen con laboriosidad, empeño y, principalmente, con inteligencia el futuro de las siguientes generaciones. Pocos ciudadanos darían el crédito a los indígenas por los portentosos progresos visibles en esa población.

Basta de  discursos mediáticos

La conmoción que vivieron los lugareños tras conocerse la muerte de Manuel Hernández Pasión, la multitudinaria despedida en sus funerales -con más de 20 mil asistentes- y las gigantescas concentraciones que se han hecho para exigir justicia (no sólo en el estado de Puebla, sino a nivel nacional) demuestran cómo la pérdida de un hombre con las características de Manuel se vuelve un retroceso en los proceso de liberación y empoderamiento de las comunidades indígenas.

Para Aquiles Córdova y los más de dos millones  y medio de mexicanos que comparten su visión de futuro, los discursos mediáticos sobre el combate a la pobreza y, principalmente, sobre la impartición de justicia se han convertido en lastres sociales que deben superarse antes de que el agravio colectivo se encause equivocadamente, pues actualmente es completamente visible el “desgaste de las instituciones políticas y judiciales”.

“Siempre se declara, por ejemplo, que harán justicia a rajatabla, caiga quien tenga que caer, pero esa premisa nunca se lleva a la práctica: terminan cayendo los peones y los amos, los verdaderos delincuentes, siguen libres. En el caso de Manuel Hernández Pasión, Antorcha asume como suya, como completamente suya, la tarea de lograr que la investigación vaya más allá de detener a los asesinos materiales; que se juzgue y encarcele a los verdaderos conspiradores del asesinato. Que se les castigue para evitar mayores problemas en la Sierra Norte de Puebla.”

 Huitzilan y la cita electoral 2018

 Ya las elecciones del 2018 están al día; época en la que el país vuelve a escuchar propuestas en voz de aquellos que quieren alcanza algún puesto público. En ese contexto, el dirigente antorchista tiene claro que ese juego de poder también se intentará llevar a cabo en Huitzilan de Serdán, pero asegura que no le temen a la lucha política, pues han ganado reiterada y masivamente, desde 1984, con el voto consciente y libre de la población.

“Sólo será posible sacar a Antorcha de Huitzilan de Serdán si se emplea abiertamente la violencia del Estado; cualquiera de los que actualmente se quieren poner la etiqueta de líderes de los huitziltecos, como el señor Martín Hernández, el cura que tiene todo el apoyo de la Iglesia, se va a topar con pared en la justa electoral, no podrá derrotar a Antorcha porque el antorchismo hizo lo que no había hecho nadie antes: liberó a los indígenas huitziltecos de sus explotadores, y eso la gente lo ve, lo sabe y, por tanto, seguirán con nosotros, pues se dan cuenta de la transformación de su municipio.”

Y en eso lleva razón Córdova Morán. Cuando el Movimiento Antorchista llegó a Huitzilan, las puertas de la escuela primaria estaban cerradas debido a que la UCI había asesinado al director y amenazado a los demás profesores. Actualmente, Huitzilan no sólo cuenta con una escuela primaria que imparte clases regularmente, sino que tiene prescolar, secundaria y bachillerato; además, cuenta con instalaciones médicas y de salud de primer nivel, con espacios deportivos y con los servicios básicos resueltos: pavimentación, electricidad y drenaje. Esta inmensa labor no puede ser negada ni ignorada, y menos cuando se tenga que decidir el futuro de una población, es decir, cuando se trate de negar o ratificar el voto, señala el Maestro, como lo conocen los antorchistas.

“La gente sabe [lo que ha hecho Antorcha por ellos, y entonces], ¿por qué habría de regresar a votar por los asesinos? Está claro que el asesinato de Manuel es una prueba de que los caciques y todo el orbe político acomodado saben que no pueden regresar al poder por la vía democrática, y es por eso que recurren a la violencia, porque es la única manera en que podrán retornar a su posición de poder.” Córdova Morán explica que el voto masivo por los proyectos del antorchismo nacen de los resultados que le ha dado la organización a la gente; asegura que esto es así porque el antorchismo tiene el profundo convencimiento de que la política sí puede transformar a las comunidades, siempre y cuando tengan a exponentes de su clase social al frente, como ocurrió con Manuel Hernández, siguiendo la filosofía de educar y organizar al pueblo.

Sin embargo, en 44 años de existencia, hasta ahora ninguna investigación de carácter histórico, sociológico o etnográfico le ha dado a los antorchistas el lugar que les corresponde tras los 34 años de haber atendido el llamado de auxilio de una población diezmada y mutilada por el crimen de la Unión Campesina Independiente. Ninguna organización habría acudido ni sobrevivido al brutal escenario de violencia y éxodo que llevó a la incipiente organización del joven Aquiles, en la década de los ochentas, a internarse en las profundidades de esa accidentada zona poblana y emprender el proyecto de emancipación cultural y material del pueblo pobre.

Es Huitzilan de Serdán, otro gigantesco botón de muestra del ideal antorchista, su proyecto de país en célula, pero abarcadora y humanizada, con que buscan que la historia los absuelva.

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