Un diálogo entre arquitectura con participaciones vinculadas con la cotidianidad presente.

Mathias Las TorresGoeritz

SIMEX.- Según David Miranda, artista visual y curador, “la Arquitectura Emocional tendría que entenderse como una pregunta permanente acerca del modo en que establecemos los lugares donde habitamos y cuáles son las funciones intrínsecas del ser humano”.

También se podría decir que es un diálogo entre arquitectura con participaciones vinculadas con la cotidianidad presente.

Hoy en día podría ser aprovechada por la corriente sustentable que busca crear identidad y aprecio, así como un ambiente laboral y/o convivencia de sano esparcimiento en un entorno inmediato. De figuras extrañas con sentimientos relativos. Empatía del espacio paralelo.

Un ejemplo son las Torres de Satélite, inauguradas en marzo de 1958 como emblema de la entonces nueva Ciudad de Satélite. Por donde pasan cientos de autos circulando entre la Megalópolis, en transición de título móvil, jurídico y social.

Sin embargo Mathias Goeritz, alemán asentado en Guadalajara desde 1949, fue más allá. Literal. Mediante sus obras sintió un impulso metafísico que lo acercó al entendimiento de las catedrales y las mezquitas “dónde la actividad principal siempre está por venir”: un lugar de transito para quienes lo habitan, por lo regular en busca de significados de la vida; “En una época como la nuestra, con falta de fe”, según sentencia el propio Goeritz.

De esta forma las estructuras poéticas conllevan a otro significado materializado en entornos de transición; para expandir los lenguajes del arte e incluso, del entendimiento del aprendizaje a través de la técnica experimental.

Se puede atestiguar en casi cualquier parte de la Zona Metropolitana del Valle de México como los departamentos son reducidos en espacio y hacinan a miles de personas. En resiliencia urbana desde 1991. También la explosión poblacional daña los edificios desde su interior; los implosiona para ser enajenados, rehabilitados o demolidos y de nuevo reconstruidos y vendidos por metro cuadrado. La explosión poblacional empuja el progreso a la fuerza a los polos del Estado de México, en desorden por la lejanía entre zonas Orientes y Occidentales; cómo siempre mejor la herencia anglosajona que la arábiga o más bien -perdón- la “franco-turco-española”.

Sin embargo, más allá de una herencia mudejar, están los efectos postindustriales del consumo, el cual, ahora se debe entender desde el entorno inmediato en conjunto con los lugares habitables. Si consumes drogas y vives solo, los resultados pueden ser desastrosos. Hay que recordar el “Entorno de Willats”, mismo que tiene un compromiso con la cibernética y la función social del arte para exponer las aberraciones de la vulgarización urbana en sus últimas consecuencias.

Trasponiendo el arte de Stephen Willats y Mathias Goeritz, se puede ver un anhelo distinto pero en armonía por la intensión de mejorar el espacio. El primero de forma funcional a partir de la expresión de los problemas del consumo, los hábitos y el entorno: la rutina moderna gracias a la moda rápida del capitalismo; y el segundo de forma emocional a partir de la expresión de los problemas de la transición habitacional: de forma bidimensional gracias a la perdida de la fe en las religiones en la era industrial.

Sobre la perdida de la fe, Marx, sin reparos morales a la espera de un final feliz, dice que: “Tal es la misión del proletariado: hacer que la suprema dignidad surja de la suprema humillación. Por sus dolores y sus luchas, el proletariado es el Cristo humano que redime el pecado colectivo de la alineación (…) Es el primero de la negación total y el heraldo de la afirmación definitiva”.

Sin embargo, eso no importa para el arte de Mathias Goeritz, ya que él buscaba un arte inspirado en las exposiciones estadounidenses evocadas a la “autosustentabilidad empresarial” como se ejemplifica con el museo de El Eco.

Este detalle lo llevó a entrar en conflicto con los muralistas mexicanos gracias a la “guerra fría cultural”, reduciendo en México su arte “abstraccionista y experimental”; mismo que se exhibe con el titulo de “El retorno de la serpiente. Mathias Goeritz y la invención de la arquitectura emocional” en Francisco I. Madero número 17, en el centro histórico del Distrito Federal, que busca ser -con su nuevo reglamento de movilidad- el Estado Ciudad de México.

[La última obra realizada por Mathias Goeritz, “Las Torres” -qué busca identificar interdependientemente a la comunidad de la zona- se encuentra en la Facultad de Estudios Superiores Aragón y es su emblema, en el municipio de Nezahualcóyotl, en el Estado de México.]

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