peripecia en brasil y venezuela CDMX

CDMX, Mx.- El único error de Alberto fue subirse a su moto sin casco. Quizá el semáforo cambió repentinamente para los dos. Tal vez no lo vio venir, pero en un segundo el estremecimiento golpeó su cabeza y terminó con su vida.

El centro de la Ciudad de México absorbe y contrasta, en cada una de sus esquinas algo te alcanza. Lamentablemente la movilidad social en la Megaurbe sufre de la inconsciencia de servidores públicos y civiles (el estrés laboral, un bajo salario y la “macrocrisis” también influyen); pero los accidentes suceden y cuando nos toca aunque nos quitemos…

Caliente

Eran alrededor de las 8 de la noche, el sol acababa de ponerse y los comerciantes de Santo Domingo ya lavaban sus pisos o guardaban sus productos y herramientas. Caminaba por Venezuela en dirección al futuro percance. Los estacionamientos comenzaban a vaciarse, la gente en las calles era cada vez menos, los autos ya casi no pasaban. Los semáforos no eran vigilados y los peatones también caminaban sin usar la banqueta (Cuándo la movilidad no colapsa por la aglomeración de cuerpos, colapsa por el exceso en la libertad de tránsito). Entonces el estremecimiento fue tan atronador que golpeó la cabeza de todos en ese instante.

El sonido fue en dos tiempos, medio segundo por cada tiempo. Primero un choque meco y enseguida un tronido terrorífico. “El metrobus se pasó el alto”, gritaba la gente, impactó la moto y arrojó los cuerpos de Alberto y su acompañante (Israel), quienes consecuentemente golpearon en los vidrios del transporte. A Alberto lo golpeó en la cabeza -directamente- con la esquina del frente del vehículo articulado, después se impactó contra el piso. Murió instantáneamente. El metrobus se detuvo diez metros después y la gente gritaba “deténganlo”, “no lo dejen ir”; pero el chofer de la unidad 544 no tenía esa intención. Estaba pasmado. Dentro del metrobus, era tanta la impresión que una niña no podía cerrar sus ojos ni su boca, una expresión, un instante, una peripecia que siempre me hará reflexionar.

Frío

Dos dilemas asaltaron mi cabeza. Uno fue ético y el otro fue de responsabilidad social. Primero me cuestioné por realizar un trabajo como reportero de nota roja sin tener una acreditación para tal responsabilidad. Y en segundo lugar me asaltó el cuestionamiento que provoca el morbo.

En seguida del accidente -irresponsable- los mirones nos acercamos, todos sabemos que los cuerpos de personas no se tocan, aún así se gritaba “¡no los muevan!” y se guardaba cierto respeto por el espacio de los heridos. Niños, señoras, ancianos, todas las generaciones observaban y se preguntaban si estaban vivos. Una señora se cercioró tocándole la muñeca a uno. Todos veíamos que no se movía. Los phones comenzaron a salir y las fotos también. La sangre motivaba la captura de los morros. Preferí sacar la foto de la moto destrozada en primer plano.

Caliente

No pasaron ni tres minutos y ya había una patrulla, a los diez minutos llegó la ambulancia -quizá fue más rápido. Después del exceso de libertad de tránsito, se hizo el tráfico pero ya se había implementado el operativo por parte de la Policía de la Ciudad de México, dos ambulancias, granaderos, policías de tránsito en cada una de las cuatro esquinas a la redonda, los metrobuses circulando con sigiloso cuidado. El herido ya era trasladado y el cuerpo del occiso yacía en el piso cubierto por una chamarra azul. Los familiares lloraban mientras comparecían. Los mirones comenzaban a retirarse poco a poco.

Frío

Al día siguiente busque la nota roja para saber aspectos “oficiales”. Lamentablemente encontré sólo dos notas. En una -de un periódico más que descriptivo, bosquejo- le echaban la culpa al motociclista, en otra no se aseguraba de quien era la culpa. Finalmente me metí a los datos duros de Animal Político y ahí van algunos números de los detallados por Arturo Ángel:

En 10 años se han producido 31 muertos y mil 140 heridos en más de 700 accidentes. (Cito) “De los accidentes registrados 98 de ellos fueron atropellamientos; en 13 casos se trataba de ciclistas”. 25 de los muertos son por causa del atropellamiento, el resto viajaban en algún vehículo. “(…)De acuerdo con la información oficial proporcionada más del 90 por ciento de los percances ocurridos son responsabilidad de las personas ajenas al sistema de transporte, mientras que en algunos casos no se identifica el motivo del percance. (…) Respecto a las colisiones viales con otros autos, el gobierno capitalino indica que de los 613 casos, en 238 accidentes que representan casi el 40 por ciento no cuenta con los datos relacionados con el motivo el percance”.

Entropía:

Cuándo la movilidad no colapsa por la aglomeración de cuerpos, colapsa por el exceso en la libertad de tránsito. Sin embargo, la falta de previsión y prevención (exceso de confianza) es una de las principales causas de muertes, así como cualquier exceso. A pesar de los datos y las estadísticas, un instante puede cambiar vidas. De ahora en adelante no dejaré de recordarle a todos los motociclistas conocidos que no se olviden de cargar con su casco aunque sea cuando vayan a la tienda.

Al caminar por la misma zona al otro día, note que sin excepciones los motociclistas del barrio usaban su casco.

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