Raymundo Medellin

 

“No, no puedo, no tengo una partida del presupuesto para lo que me piden”.

Esa era la respuesta que recibieron varios comunicadores en un municipio del oriente del estado de México, por parte de un alcalde, mismo al que momentos antes le habían solicitado que los “apoyara” en la celebración del día de la libertad de prensa, del ya próximo 7 de junio; los presuntos comunicadores le habían solicitado al presidente municipal, sillas, un templete, equipo de sonido y… la comida para un promedio de cien “periodistas”; también lo invitaban a que diera un mensaje a los comunicadores en ese “su día”.

Bien por la respuesta del alcalde.

Porque el presupuesto municipal debe servir para beneficiar con obras a la comunidad en general, y no distraer el recurso económico para festejos de particulares.

Lo anterior no es nada nuevo, pero si es algo que debe desaparecer; atrás quedo el 7 de junio que fue implementado por el presidente Miguel Alemán a iniciativa del coronel José García Balseca, para agradecer al gobierno de la república su apoyo para que los periódicos no se quedaran sin papel.

Atrás debe quedar también el festejo que en el interior de la república mexicana, llevan a cabo algunos periodistas locales y regionales, con todo el apoyo económico por parte del alcalde o el gobernador en turno.

Recuerdo todavía que, hacía los años setentas, los comunicadores de provincia, hacían su festejo del día de la “libertad de prensa” y todo era pagado por la autoridad, así el alcalde en turno, luego de la solicitud que le hacían llegar los periodistas “organizados”, con dinero del erario se pagaba el salón, el vino, la comida, el mariachi, el conjunto musical para el baile… y como si eso no fuera suficiente, también con el dinero del erario, se pagaban los reconocimientos que se entregaban a los comunicadores y a las autoridades que tenían un lugar especial en el evento.

¿Complicidad o entendimientos entre medios de comunicación y autoridades?

Más bien lo primero: complicidad.

Todavía recuerdo al presidente de México, José López Portillo decir en uno de su “memorables” informes de gobierno: “no pago para que me pegues”, luego de haber retirado la publicidad a medios de comunicación que criticaban sus excesos en el ejercicio de sus funciones.

Él mismo se ponía en evidencia; estaba pagando publicidad con dinero del gobierno, a medios que callaran los abusos que cometía… “no pago para que me pegues”.

Dígase lo que se quiera, pero el México actual, no es el mismo de los años 60s o 70s, aunque algunos gobernantes hacen su festejo especial, contemplando invitar a los periodistas que le son afines, se trata de periodistas que reciben una prebenda, un salario, el cual se cobra por medio de algún conocido o algún familiar; las cosas han cambiado, el cheque que recibe el “comunicador” es justificado por “asesoramiento”, o “trabajos periodísticos especiales”, en fin, el motivo es lo de menos, pero las cosas han cambiado, ahora el hecho se disfraza, pero lamentablemente permanece.

Ante lo anterior y el México que se vive en provincia, ¿los periodistas tienen algo que festejar este 7 de junio de 2016? Creo que el festejo debería ser luctuoso ante tantos crímenes que se cometen contra comunicadores, desde el poder en muchos casos y por la indiferencia de ese poder, ante el crimen organizado que ya rebasa en algunos estados a las instituciones públicas.

Muchos de esos “periodistas” que pretenden su festejo con el apoyo gubernamental, acaso no son capaces de hacer un acto público en el que digan su verdad, hagan uso de su libertad de expresión y entre ellos mismos, si así lo quieren, organizar una comida sencilla, pero con el delicioso sabor de la dignidad y del deber cumplido hacia quienes los leen, los escuchan en el programa radiofónico, o los ven en una pantalla… ¿no es posible hacer algo así?

Es respetable la forma en que cada ser humano se conduce, es respetable la forma de hacer periodismo de cada quien que se dedica a esta noble profesión, pero en esa búsqueda de los apoyos gubernamentales, piensen en cómo y de qué manera explicarían a su esposa, a sus hijos y a sus amigos cercanos que, el festejo en el que se encuentran, fue motivo de que lo pagara el gobierno municipal o estatal que, como gobierno, no ha cumplido con los servicios más elementales para la convivencia social de la comunidad.

Está clara nuestra posición, ejercemos nuestra libertad de escribir y publicar información, producto de un trabajo responsable y nuestro festejo, es diario y a cada momento, cuando sabemos que nuestra opinión y nuestro trabajo es leído por quienes nos favorecen con su preferencia.

Hay quienes aseguran que la dignidad no se come, pero cuando se come con dignidad, es deliciosa la comida.

La cuestión es de ética y responsabilidad en el ejercicio de una profesión que es apasionante: el periodismo.

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