Leopoldo Mendívil

GUILLERMO DEL TORO:

+Tanto si crees que eres capaz como si no, en ambos casos estás en lo cierto 

Henry Ford

Ciudad de México.- La noche  de este último domingo, usted mandó un mensaje a los poco más de 127.5 millones de mexicanos que actualmente habitamos nuestro país, gran parte de los cuales ni cuenta se dio. Pero como se trata de algo que ya está en nuestra historia, muchos más lo recibirán y espero, no que lo agradezcan, sino que lo apliquen.

Y como eso ocurrió en medio del estupendo boato que año tras año la industria cinematográfica estadunidense lanza al mundo por televisión para publicitar sus productos y a sus mujeres y a sus hombres, gran parte de los que habitamos en los centros urbanos del país nos pasamos una grata y divertida velada inmersos en la recreación de los mundos imaginarios e incluso históricos muchos de ellos, que despiertan una inusitada ola de alegría y tristeza, ilusiones y fracasos, lo peor y lo más encantador del ser humano.

En esta ocasión, fue usted el personaje ejemplar que año tras año nos entrega la fiesta de los Oscar, fruto de la fiebre de creatividad y de realización que el talento humano y la maravillosa tecnología de la imagen nos meten al cerebro y hasta pueden aliviar algunos nudos neuronales que nos borran lo negro de este mundo…

Difícil aceptar, Guillermo, que un mexicano haya hecho triunfar las figuras de un ser acuático semihumanoide con un cerebro que quiere intentar el error de volverse humano, y una mujer muda, simple, casi inexistente que, sin embargo, expele lo contrario del accionar trastornado y maloliente que el género animal autocalificado como el superior de todos, lanza a la atmósfera para cumplir la orden, no de matar al género superior, sino de podrirlo lentamente hasta acabarlo…

Lo más extraordinario de esta historia suya, Guillermo, es que sin quererlo ni menos imaginarlo, el argumento de ese trastorno maloliente resultó ser el argumento de casi todos los filmes presentados a competir por la posesión del Óscar principal del evento… Guerra, destrucción, odio, codicia criminal que, como en todas las épocas del planeta gobernado por el hombre, ha cifrado su heroísmo en la bravura que lucha por algún ideal cuando en realidad arma matanzas para alimentar el poder de los peores…

Ganó, usted, este Oscar por ir a contracorriente de la grandeza humana que sigue atascando los caminos de la vida humana y en la cinematografía ha tenido a su propaganidsta más fiel. También, paradójicamente, horas antes de recibir usted el premio a su creatividad monstruosamente simbólica, el otro ogro de la estupidez humana anunciaba una-nueva-arma-invencible-imbatible que cuando se lance al viento y estalle, solo muy pocos tendrán la energía de morir luego de adivinar que, ahora sí, el jueguito, tan divertido, de odiarse los unos a los otros, por fin se habrá acabado…

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