Vladimir Galeana

Hace tiempo que el presidente de la Repúblicadebió haber realizado cambios en su gabinete. Y no es que el plazo fijado para ello sean los dos años de ejercicio gubernamental, como dicen algunos, sino que en el primer tercio del mandato cualquier mandatario tendría que hacer una evaluación de quiénes son los hombres y mujeres que debieran entrar al retiro o cambiar de dependencia. Por lo que corresponde al equipo conformado por el Primer Mandatario, habría que señalar que muchos están fallando en la encomienda, otros cumplen a medias, y los menos han trabajado sin llegar a la excelencia. A causa de ese agotamiento institucional a que me refiero, con el título de esta colaboración es que muchos de los actuales funcionarios de primer nivel tienen que dejar el encargo.

Ser amigo no lo es todo cuando de dirigir los destinos de un país se trata, y aunque los equipos de trabajo que se encumbran están conformados a partir de los amigos, también hay que señalar que en algunas ocasiones, los hombres y las mujeres se agotan o simplemente no dan lo que se requiere para realizar una labor exitosa al frente de una dependencia. Pero también hay que considerar que la administración pública es dinámica y, por lo mismo, los cambios de titulares responden a una estrategia de mando para recomponer o simplemente para evitar el desgaste, que en materia política ocurre en la mayor parte de las veces. En el actual gabinete presidencial, a decir de muchos especialistas, faltan algunos y sobran otros, y los menos están en lugares equivocados, por lo que no han rendido lo que de ellos se esperaba.

De ahí lo que en mi muy particular punto de vista tiene que ocurrir para que el presidente Peña pueda recomponer la estrategia de su gobierno. Después de la reforma fiscal que no fue consensuada con los grandes capitales nacionales e internacionales, lo que quiere decir que fue impuesta, el presidente Peña se ha dado cuenta que fuera del aparato gubernativo existen poderes que pueden competirle al Estado con eficacia y eficiencia, y que en algunas ocasiones y en determinados campos, tienen tanto o más poder que el propio estado que regula sus funciones. Por eso el agotamiento del titular de la Hacienda Pública, Luis Videgaray, quien ya no está dando confianza a los mercados ni a los inversionistas. Tampoco Aurelio Nuño parece servir de mucho al Presidente Peña después del desafortunado discurso en el aniversario del general Morelos, en que prácticamente amenazó a la clase empresarial, a los que mueven la economía, cuando les espeto: “Las resistencias vienen de quienes no quieren perder sus privilegios”. ¡¡¡No me ayudes compadre!!!, debió haber sido la expresión presidencial.

Hasta ahora, muchos gobernadores se quejan de que no existen en el gabinete hombres o mujeres que sepan hacer política, porque pretenden traerlos “a mecate corto”, como se dice en el argot popular, y eso rompe los esquemas de confiabilidad y de empatía entre gobernadores y presidentes municipales de las ciudades más grandes del país. Eso no quiere decir que Miguel Ángel Osorio Chong tenga que salir de la Secretaría de Gobernación, pero tendrá que afanarse y dejar de amarrar a los gobernadores a quienes trata como si fueran simples jefes de oficina. Muchas cosas van a pasar iniciando el 2015. Al tiempo. Vladimir.galeana@gmail.com

 

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