Vladimir Galeana

Una pesada loza comienza a causar estragos en el ánimo de la gente que vive en las principales ciudades del centro del Estado de Guerrero. El temor se asoma ante la barbarie de unos y la ineptitud de otros que ha provocado que normalistas y maestros dispongan de vidas y haciendas desde hace semanas. El primitivismo en todo su esplendor, y por más que se digan profesores o estudiantes, sus actos los convierten en seres irracionales que imponen el odio y sus frustraciones personales a quienes osan cruzarse en su camino. Lo que todos nos preguntamos es dónde están las autoridades que juraron guardar y hacer guardar esa Constitución que ha sido mancillada y pisoteada, y que aun cuando impone penas severas a quienes infringen la ley, ha sido suplantada por los excesos del cavernícola odio que transpiran quienes se dicen destinados a combatir la ignorancia.

El enojo del almirante Francisco Vidal Soberón Sanz es una muestra del resentimiento que sienten los integrantes de la milicia y las corporaciones policiacas del país ante las vacilantes decisiones de quienes encabezan el esquema gubernativo. Su lealtad ha sido puesta a prueba y han asumido a cabalidad las órdenes del mantenerse al margen de ese conflicto que hasta ahora ha mostrado solamente tintes delincuenciales, sin que exista de parte de las autoridades la disposición de recuperar el orden institucional en Guerrero, Oaxaca y Michoacán. Para muchos estudiosos del fenómeno social, la falla no está en quienes combaten al gobierno legalmente establecido, sino en quienes toman las decisiones y cuya timorata conducta pone en riesgo la viabilidad de la nación a causa de la ausencia de su capacidad coercitiva.

Como señores de horca y cuchillo roban camiones con la bandera de la expropiación, secuestran funcionarios a quienes imponen la pena de infamia, esa que prohíbe la Constitución para los propios delincuentes, y los obligan a portar letreros con frases indignantes. También destruyen instalaciones, roban, saquean, vandalizan, bloquean aeropuertos y carreteras, dañan propiedad privada y pública, incendian, paralizan, entran a los hoteles donde se hospedan los policías federales para secuestrarlos y golpearlos, roban patrullas y las utilizan de escudo para saquear tiendas y comercios, y se victimizan señalando que los motiva la reivindicación de ese pueblo que harto ya de sus excesos, solamente pide la aplicación de la ley y el término del desgobierno. Guerrero y México piden a gritos justicia y paz.

El reto ya no es para Guerrero, es para la Federación y es mayúsculo. Lo previsible es que mientras más tiempo pase, más crecerá. Si los estrategas gubernamentales piensan que la temporada vacacional amainara el temporal, se están equivocando y tendrá que ser el Ejército el que imponga el orden como en anteriores ocasiones. No es lo deseable, pero ya se antoja necesario. El anuncio de que no permitirán que haya elecciones apoderándose de las instalaciones del órgano garante del ejercicio de la democracia es la muestra de que seguirán escalando el conflicto. Hasta ahora, el gobierno ha sido omiso y ha dejado abandonados a los pobladores. Para cualquier mexicano resulta inconcebible que la CNTE haya suplantado el marco legal. Contrario a la solidaridad empresarial, el gobierno permanece estático, sin cumplir con esa ley que lo obliga a proteger a su población, pero no creo que sirva de mucho. Con ello, el gobierno abdica de su función y deja de ser útil a los ciudadanos y al pacto social. Al tiempo. Vladimir.galeana@gmail.com

 

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