Colosio sigue viendo un “México con hambre y con sed de justicia”

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*A 20 años de su asesinato México no cambia, sino empeora

Luis Repper

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Han pasado 20 aciagos años para el PRI, cuando aquella tarde del 23 de marzo de 1994, en Lomas Taurinas, Tijuana, Luis Donaldo Colosio Murrieta, fue asesinado, en un complot nacido, llevado, ejecutado y consumado por el propio Partido Revolucionario Institucional, cegó la vida de quien hubiera (el hubiera no existe) dado un tono de frescura, credibilidad y certidumbre, a un partido decadente, que arrastraba en aquellos años odio, desprecio, rechazo de la gente por tanta corrupción, impunidad, raterías y asesinatos en sus siglas.

Quien no recordaba octubre de 68, junio de 70, “la dictadura perfecta”, los nepotismos y miles de insultantes acciones más en contra de la sociedad, que en cuanto hubo un político valiente y decidido a acabar con “la sed de justicia”, “el hambre” enfrentando al Presidente en turno, Carlos Salinas de Gortari, los priistas decidieron “cortar por lozano” antes de que llegara una revolución interna al tricolor y terminara con las impunes prebendas y saqueos que era en sino del partido en el poder.

Tras 70 años de soberbias, de intrigas, de herencias malditas, de juegos bajo la mesa, el PRI no cambia, estas características siguen siendo su ADN. Ya en las postrimerías del sexenio salinistas Luis Donaldo preveía un cambio radical, ¡era necesario! Lo dijo en su lapidario discurso en el Monumento a la Revolución, frente a los ya dinosáuricos líderes priistas, encabezados por el número 1, Carlos Salinas de Gortari. Palabras que serían a la postre el proyectil que una mente y mano traicionera cobrara la vida del sonorense que se atrevió a desafiar al poder.

Luis Donaldo Colosio ya había recuperado imagen, credibilidad, poder, simpatías y sin duda ganaría la presidencia de la república, pero los intereses internos de Los Pinos y del Partido estaban en riesgo, porque Donaldo mandaría a la cárcel a los corruptos e impunes priistas (el partido se quedaría entonces sin dirigentes y el gobierno sin funcionarios). La decisión, entonces del poder, fue: “Colosio no debe llegar a la contienda electoral” y aprovecharon la etapa de campaña por Tijuana para acabarlo.

Lo demás ya es historia. Lo saben todos los mexicanos, hasta las nuevas generaciones que a través de la Internet consultan sobre el magnicidio y se preguntan, el autor material está en la cárcel, pero los responsables intelectuales NO. ¡Gozan de cabal impunidad!

A 20 años de su muerte y del discurso lapidario, México no sólo sigue igual, sino ha empeorado; y no lo digo yo, sino las cifras del Inegi, que señalan más pobres y pobres extremos, superior a los 45 millones de mexicanos. El desempleo galopante, con más de 6 millones de desplazados, la microeconomía más abajo del sótano, la inestabilidad política y social en Michoacán, Guerrero, Oaxaca, a la alza.

Si Luis Donaldo Colosio volviera a nacer de inmediato se muere otra vez, al notar que sus palabras no tuvieron éxito ni en el PRI, menos, mucho menos en la doce trágica del PAN.

¿Qué observaba y advertía Colosio en su discurso en el acto conmemorativo del LXV Aniversario del PRI  en el Monumento a la Revolución, aquel 6 de marzo de 1994? Ahora se lo digo: Palabras textuales, sacadas del discurso original:

“¡Cambiemos, sí! ¡Cambiemos! ¡Pero hagámoslo con responsabilidad, consolidando los avances reales que se han alcanzado, y por supuesto, manteniendo lo propio: nuestros valores y nuestra cultura!

¡México no quiere aventuras políticas! ¡México no quiere saltos al vacío! ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces! ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!

Ofrecemos cambio con rumbo (esta fue la frase que originó su asesinato) y responsabilidad, con paz, con tranquilidad. Se equivocan quienes piensan que la transformación democrática de México exige la desaparición del PRI.

No hemos estado exentos de errores, pero difícilmente podríamos explicar el México contemporáneo sin la contribución de nuestro partido. Por eso, pese a nuestros detractores y a la crítica de nuestros opositores, somos orgullosamente priístas.

Debemos admitir que hoy necesitamos transformar la política para cumplirle a los mexicanos.

Proponemos la reforma del poder para que exista una nueva relación entre el ciudadano y el Estado. Hoy, ante el priismo de México, ante los mexicanos, expreso mi compromiso de reformar el poder para democratizarlo y para acabar con cualquier vestigio de autoritarismo.

Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder, que da lugar a decisiones equivocadas; al monopolio de iniciativas; a los abusos, a los excesos. Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto estrictamente a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático.

Colosio fue más allá, restregó a Salinas de Gortari, a los ex presidentes anteriores y a su partido que las cosas no estaban bien, que ¡urgía un golpe de timón, para enmendar los errores… Siguen palabras textuales del discurso:

“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso.

Yo veo un México convencido de que ésta es la hora de las respuestas; un México que exige soluciones. Los problemas que enfrentamos los podemos superar.

Yo me propongo encabezar un gobierno para responderle a todos los mexicanos. El cambio con rumbo y con responsabilidad no puede esperar.

El sonorense, de colofón de su discurso que incomodó, molestó y atemorizó a más 100 priistas y al número 1, CSG dijo: “reitero que provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio. Como mis padres, como mis abuelos, soy un hombre de trabajo que confía más en los hechos que en las palabras. Por eso mismo, soy un hombre de palabra, un hombre de palabra que la empeño ahora mismo para comprometerme al cambio que he propuesto: un cambio con rumbo y con responsabilidad. El gran reclamo de México es la democracia.

A 20 años de su asesinato Yo veo un México igual o peor. Coincido con Luis Donaldo, sigue la corrupción, la injusticia, la impunidad y la sed, sed de un gobierno honesto.

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT)

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