*Omisión, incapacidad oficial para contener las hordas

 

Luis Repper

 

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Tras la tragedia de Odile, luego del golpe de la naturaleza a Baja California Sur, la impunidad, la incapacidad, la irresponsabilidad de las autoridades del Estado, encabezadas por el gobernador panista (oootra vez el PAN),  Marcos Covarrubias Villaseñor, al “permitir” el vandalismo, la rapiña, el saqueo, de infames, vulgares rateros, corruptos habitantes de la devastada zona, que ante la mirada permisiva de soldados del Ejército Mexicano, con todo cinismo entraron a tiendas, almacenes, misceláneas a robar, no sólo víveres, sino lo que a su paso encontraron.

 

Las imágenes televisivas no daban coraje, sino rabia, impotencia, desesperación al mirar que con toda impunidad raterillos, familias completas de bajacalifornianos asaltaron los comercios; hubo quien se echó al hombro 2 pantallas led, otros como vulgares ladrones llenaban los carritos del súper con todo, latería, botellas, pastas, cereales, pañales, etc. no conforme con ello sus familiares se ocupaban de ratear aparatos electrodomésticos, televisores, triciclos, bicicletas infantiles y decenas de productos más.

 

En todo momento tuvieron la libertad, incluso, de desprender una cortina metálica y como cualquier animal rastrero y carroñero dilapidaron anaqueles, vitrinas, cajones y cajas del dinero para robarlas. Escenas verdaderamente dantescas que no reflejaban la necesidad de obtener alimentos y agua, sino de robar lo que a su paso encontraron.

 

Afuera de los locales vaciados, puede observar –a través de la televisión- a más de 5 soldados, con el uniforme oficial, y el arma de cargo, sólo observando, impávidos, inmóviles dejando hacer, dejando pasar. A esos elementos, fácilmente identificables a través del video imagen, deberían arrestarlos y degradarlos porque esas acciones no debieron permitirse; al comandante de estos también ponerlo tras las rejas por su pasividad.

 

Sé que la función del soldado no es la de policía, pero ante un acto de civiles como robo, rapiña y asalto, portando un uniforme oficial su obligación era detener tal actitud; cuando menos debieron disparar al aire una ráfaga para inhibir o de plano asustar a los rateros y obligarlos a devolver o dejar en el piso lo saqueado.

 

Tibia, irresponsable y no quiero calificar de coludida la actitud de los militares. Los mandos que lean esta colaboración podrían debatirme y hasta juzgar mi opinión, pero ante lo evidente –de que frente a la nariz del soldado- los rateros saqueaban comercios, es inadmisible la pasividad de un hombre de leyes, que debió hacerlas respetar –aun contra civiles- porque el robo, el saqueo, la rapiña tiene consecuencias legales que ampara no sólo una ley, sino la Constitución. Triste actuación de uniformados militares que al parecer no tuvo consecuencias: y si las tuvo, la Sedena, debió informar si actuó contra sus elementos por su indiferente actitud.

 

Hasta aquí dejo el lado castrense, para pasar al civil, y acusar a Covarrubias Villaseñor, a su policía estatal, a la municipal y a los grupos especiales de seguridad que debe tener, de incapacidad, omisión, irresponsabilidad en el servicio público y lo que resulte porque durante los dos o tres días de actos vandálicos de la población, nunca se vieron policías para evitar y en su caso detener a los saqueadores en propiedad privada.

 

Lo anterior, “señor gobernador” (así en minúsculas y entre comillas) demostró fehacientemente una cosa, no sabe trabajar bajo presión. Si bien el impacto del meteoro fue tajante, no supo, o no quiso, repartir responsabilidades, en administración pública, por si no lo sabe, se llama delegar funciones y usted no lo hizo.

 

Su pecado no es ser panista, ese es su estilo de vida; su error fue no prevenir este escenario; ¿en donde diablos están sus asesores, su secretario de seguridad pública, el director de policía, el presidente municipal de los Cabos y San José del Cabo?, que no apostaron en los negocios guardias permanentes para evitar saqueos.

 

Usted señor Covarrubias Villaseñor y su equipo de trabajo fue incapaz, omiso, irresponsable; ahora con qué cara exigirá a los dueños de los comercios robados el pago de impuestos, servicios, seguridad, etc. cuando su temor no evitó el asalto a propiedad privada. ¡No se escude en el momento crítico del golpe de Odile!, eso ya estaba alertado, en consecuencia usted y su equipo debieron establecer un cerco policiaco en las zonas comerciales para evitar la rapiña; también era previsible.

 

La acción de los corruptos ciudadanos saqueadores era fácil de controlar con sólo desplazar elementos policiacos armados a las zonas atacadas y sanseacabó, pero sus alcaldes fueron igualmente omisos y permitieron los robos.

 

¡Esto no puede quedar impune!, pues si esta vez fueron Los Cabos, mañana en otro estado en situación similar de emergencia  se cometerán los mismos actos. Ahí tiene los videos que todos los canales de televisión nacional difundieron, identifique a los rateros, vaya a sus casas y recoja los artículos robados, fínqueles responsabilidad penal, que paguen con cárcel o multa su ilícito y sentará un precedente, para que no se repitan las escenas.

 

Todos son responsables, más los pillos “escudados” en ciudadanos, captados “in fraganti” por lo que tienen que pagar por ese delito. Búsquelos, ubíquelos, recoja lo robado y aplique la ley, ¿contra todos?, sí, contra todos los vulgares rateros. Enmiende un poco su omisión e irresponsabilidad. Deténgalos y que el juez o MP los sancione.

 

Ahora voy contra esa horda de ladrones. El impacto del Huracán no era motivo para robar; se pasaron de vivos, lo más terrible fue que los padres llevaron a los hijos a pillar, a rapiñar. Aprovechándose de una circunstancia extraordinaria, se dedicaron a hurtar impunemente, esto no se vale, ¿así educan a sus hijos? qué vulgaridad, sobre todo la madre y el padre que dieron vergonzoso ejemplo, al repartirse zonas del almacén, para robar lo que no era suyo.

 

Esa no es la solidaridad que caracteriza al pueblo mexicano; ustedes fueron viles, vulgares rateros. Con qué dignidad podrán sentarse a la mesa a comer lo robado, ver la pantalla o televisión en un aparato por el que no pagaron y permitirán que hijo o hija juegue en una bicicleta robada. ¡Qué indigno!, si tuvieran vergüenza la devolverían… pero qué van a tener dignidad, si en las escenas televisivas gozaban, disfrutaban robar. ¡Cínicos!

 

En el instante de sus fechorías no era tan impactante el desabasto de alimentos y agua potable, pues sólo habían pasado algunas horas, del impacto, malamente se aprovecharon de la emergencia, de que esos negocios dieron día libre a los empleados para apoyar a sus familiares en casa y ustedes con vileza invadieron  propiedad privada para robar. Esas no fueron acciones por necesidad, sino vulgares actitudes delincuenciales que deben tener consecuencias legales. Ojala los persigan y paguen por su miserable delito.

 

Lo anterior debe llamar a la reflexión ya la acción de los tres órdenes de gobierno; ante imponderables de la naturaleza, provocados o circunstanciales las autoridades deben proteger la propiedad privada, sea hogar, negocios u oficinas, porque siempre en situaciones como estas, bajo el amparo de la “necesidad” se comete rapiña. No lo debemos permitir, a menos que queramos convertirnos en país tercer mundista actuando como auténticas hordas, pisoteando los reglamentos, leyes y hasta la Constitución.

 

Que esto sea sólo una mala lección, los 3 gobiernos deben actuar o en su caso reaccionar cuando situaciones atípicas golpeen sus territorios. La necesidad no debe engendrar actitud vandálica; lo hemos visto otras veces y en otras entidades ¿por qué no aprendemos de nuestros errores?… Basta de la impunidad y que nunca más haya otro Los Cabos.

 

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT)

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