Por: Maribel Rodríguez

Después de varios días de discusión sobre la desaparición de 109 fideicomisos públicos, a pesar del rechazo que generó esta medida entre los grupos de la sociedad civil afectados con la desaparición de dichos fondos, la Cámara de Senadores aprobó diversas reformas para eliminar los fideicomisos en cuestión, permitiendo con ello que el presidente se apropie de 68 mil millones de pesos y los use a discreción, es decir, como mejor le parezca y convenga.

(Fotografía Radio TV México)

El tema de los 109 fideicomisos es importante porque su desaparición implica la eliminación de los apoyos que, a través de fondos públicos y privados, se otorgaban para el desarrollo de diversas actividades o implementar medidas relevantes para para el país, tales como: el desarrollo de la ciencia y la tecnología; otorgar becas a estudiantes mexicanos en el extranjero; atender las necesidades derivadas de los desastres naturales; fomentar el desarrollo del cine mexicano; brindar atención a las víctimas de delitos; proteger a los defensores de derechos humanos y a los periodistas que se ven amenazados por ejercer la libertad de expresión; apoyar el desarrollo del deporte; entre otras cosas.

El argumento casi único que se esgrimió para consumar tal atropello a los mexicanos fue la tan llevada y traída corrupción del pasado en el manejo de estos fondos que, como es común, la 4T no probó. A pesar de ello, con las mayorías que tienen los morenistas en el Congreso de la Unión, lograron cumplir la orden presidencial: hacer lo necesario para extinguir los fideicomisos y, con ello, asestaron un duro golpe al país, retrocediendo en lo que se había avanzado y condenándolo a seguir en el atraso.

Al final de la discusión los legisladores morenistas, muy ufanos, celebraron haber logrado su cometido como si fuera un triunfo para México. Muchos de ellos gritaron como acostumbran “es un honor estar con obrador”, lo cual evidencia que los legisladores morenistas son leales al presidente y sus caprichos; y no a los mexicanos que votaron por ellos con la esperanza de tener un mejor país.

El pueblo mexicano no es tonto ni ciego: ha seguido de cerca sus acciones abusivas y equivocadas, está sufriendo ya las consecuencias y, seguramente, castigará esa lealtad ciega con la que se conducen y que ha generado que México se encuentre sumido en una crisis económica, de salud y de seguridad sin precedentes, crisis que al gobierno de la fallida cuarta transformación, parece no preocuparle. Por ello, no se sorprendan si en 2021 el “pueblo bueno” los castiga no votando por Morena en las urnas.

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