Jesús Yáñez Orozco

 

Ciudad de México, (BALÓN CUADRADO).– Es una de las historias más negras en la oscuridad del boxeo mundial. Cumplirá 31 años, el próximo 11 de febrero de 2021, quizá la pelea de peso completo más ignominiosa en los anales del pugilismo mundial: el invencible Mike Tyson contra el casi desconocido James Buster Douglas, con sólo seis peleas profesionales. Y aún más: tenía 37 peleas ganadas, ninguna perdida. De ellas 32 por nocaut. Y 17 de sus rivales no habían logrado pasar del primer round. Imposible pensar en una derrota. Las apuestas estaban por las nubes: 42 a 1.

Era el trampolín del “Iron Man” para una combate por una estratosférica, casi impensable, bolsa de 200 millones de dólares –casi cuatro mil millones de pesos al cambio actual—contra Evander Hollyfield.

Pelea ensombrecida por una Trinidad Diabólica: Donald Trump, actual presidente de Estados Unidos –a unas horas de dejar el cargo en manos de Joe Biden–, entonces exasesor financiero de Tyson; el promotor Don King — doble asesino—, y el mexicano José Sulaimán Chagnón, titular del Consejo Mundial de Boxeo durante casi 40 años –que ejerció el cargo con amorosa tiranía–, fallecido a los 82 años, en 2014. Puesto que heredó su hijo, Mauricio.

El titular del CMB recurría a un eufemismo involuntario para justificar este deporte, trastienda de la muerte de peleadores, ávidos del oropel de millones de dólares, fama, mujeres, joyas, autos de lujo… :

“Mientras haya pobres en el mundo existirá el boxeo.”

Texto, efeméride, que tiene valor agregado gracias a un personaje que, con amenazantes  “tuitazos” y medidas descabelladas –su obsesión por la construcción del muro fronterizo, amén de su discurso antimexicano,  entre otras–, mantuvo en vilo al mundo, desde que el 20 de enero de 2017 asumió la presidencia de Estados Unidos, convirtiéndose en el hombre más poderoso y temido del mundo: Trump.

Y lo caracterizó, según analistas políticos, sus proclamas acorazadas de neofascismo, populista, con la bendición de dios, durante su gobierno.

Este miércoles dejará el cargo envuelto en la polémica tras haber azuzado a sus hordas del supremacismo blanco –equivalente al Ku Klux Klan– para que tomaran el Capitolio, con el argumento de que había fraude en la elección presidencial que perdió.

De acuerdo con versiones periodísticas, la relación Trump-Tyson comenzó en junio de 1988, en la pelea en Atlantic City entre Mike y Leon Spinks en la que el ahora presidente de EU invirtió 11 millones de dólares para promocionar su casino, Trump Entertainment Resorts, Inc. El combate solo duró 91 segundos. Fue sólo un suspiró lo que requirió Tyson para noquear al campeón olímpico. Y ratificaba el poderío de sus puños.

Cuando el boxeador más temido vio, con ambición desmedida, cómo el entonces magnate inmobiliario recibió ganancias por 26 mdd en tan solo una noche, entre la venta de más de 21 mil entradas y el derroche en el casino, no tuvo que pasar mucho tiempo para que decidiera contratarlo, oficialmente, como su jefe de estrategias y consejero. Es decir, su consejero financiero.

Trump anunció la contratación con bombo y patillo en The New York Times. La relación de socios entre dos de los personajes más emblemáticos de la cultura estadounidense no duró mucho. Hubo rumores de que el ahora presidente –denunciado como acosador sexual– se acostó con la entonces esposa de Tyson, Robin Givens y luego con el púgil sentenciado a prisión por violación en 1992.

Sin embargo, fue un 26 de octubre de 1988 que se conoció que Trump cobró 2 mdd a Tyson por brindarle sus servicios durante cuatro meses, esto después de que el acuerdo llegara a su fin cuando Mike contrató a Don King.

No parecen haber quedado del todo en malos términos. Trump –pese a su discurso racista– apoyó a Tyson cuando estuvo en la cárcel. Mike le regresó el favor de cara a las elecciones presidenciales de 2016 cuando apoyo a su ex socio en la candidatura siendo además islamista convertido en prisión. Un sector tan criticado por Donald Trump.

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(Donald Trump, asesor financiero de Mike Tyson)

Nunca se supo si el pago de 2 mdd se concretó. Pero es un hecho que lo que no hizo el Presidente es donar esa cantidad en su momento como había prometido, ya que no existen registros.

En el Tokio Dome, aquél 11 de febrero de 1990, pocos sabían la historia criminal de Don King.

En 1954 mató a un hombre que intentó robar una casa de apuestas que regenteaba. El homicidio fue calificado como defensa justificada y no pisó la cárcel.

En 1966 fue declarado culpable de asesinato en segundo grado. Golpeó a un hombre hasta su muerte. Le debía 600 dólares. Fue encarcelado y liberado cinco años después.

Trío maquiavélico –Trump-King-Sulaimán— mafia del boxeo.

Primer Round

Aparecería en escena un presunto villano de esta fatídica historia boxística aquél 11 de febrero. Era, en realidad, Ángel de la Guarda sobre el cuadrilátero, convertido en demonio por aviesos intereses. Porque no se ciñó al fraude fraguado por ese infernal trío: el mexicano Octavio Meyrán Sánchez, considerado en su momento el mejor réferi del orbe.

Llegaba a esa cita con más de una veintena peleas de campeonato del mundo en sus alforjas.

Después de esa infausta experiencia dejó de fungir como tercero sobre el ring. Su decisión de detener la pelea en el décimo episodio a Mike impidió que se realizara un combate de 200 millones de dólares, unos cuatro mil millones de pesos al cambio actual: Tyson después iría contra Evander Holyfield.

Característico de la mafia del boxeo.

Incluso, el entonces réferi Meyrán, tras la polémica decisión temió por su vida. Pensó que regresaría a México en una mortaja de madera.

Era su primera participación en un título de pesos pesados.

Soñaba con ella.

Fue, para él, como “dar con el Grial”, luego de 22 años de réferi.

El escenario hervía de pasión: el Tokio Dome, de Japón. Atiborrado.

Quince minutos antes de la pelea, Meyrán acudió al vestidor para dar las instrucciones correspondientes a los peleadores. Lo acompañaban Sulaimán, también presidente de la Comisión de Box del entonces Distrito Federal, y su tesorero, Joaquín Badillo, ex titular del Sector Amateur de la Federación Mexicana de Futbol, erigido en mentor de Hugo Sánchez, pentapichichi en el futbol español en los albores de su carrera, entre otros jugadores.

Meyrán recibió una inesperada sugerencia del titular del CMB, tomándolo del brazo izquierdo, que lo alertó y alarmó. Hizo que levantara el ceño izquierdo.

Delante de Badillo, soltó Don José:

–Señor Meyrán: usted sabe que a Mike Tyson se le puede lastimar.  No es el hombre duro que todo mundo piensa.

Era del dominio público su indisciplina. Laxo, en sus entrenamientos. Había tomado a chunga este combate. Su rival era, literal, un don nadie. Previo a la pelea, en el gimnasio, fue derribado por un sparring. Y encendió las alarmas. Otro secreto a voces: solía encerrarse con cinco mujeres en su habitación.

Respondió Meyrán conciliador, mientras bajo los reflectores brillaban los hilos de su cabellera plateada y un bigote oscuro cruzaba su rostro:

–Sí, lo vimos con Frank Bruno (penúltimo de sus rivales previos): estuvo a punto de noquearlo.

Sulaimán siguió con su eterna diplomacia impostada, que siempre lo caracterizó y se llevó a la tumba.

Y soltó una inesperada indicación al réferi:

–Le voy a pedir, dentro de su profesionalismo que, si usted ve a Tyson lastimado, protéjalo; sea elástico con él. Si ve lastimado a Douglas, párele la pelea de inmediato.

El incordió se dibujó en el rostro de Octavio. Un sudor frío camino lento por su espina dorsal. Ruborizado, respondió tajante, palabras como navajas.

Cortaban el ambiente denso:

«¡Eso no se puede hacer!»

Don José reviró conciliador.

Dagas punzantes sus ojos:

–No, no,  no… Usted haga su trabajo.

Sulaimán se retiró con la seguridad de que su orden sería acatada.