Mary Sandoval y Blas A. Buendía 

 

 

Todo candidato a cualquier puesto público hace promesas de campaña a las personas para poder ganar. Para que esto se dé, el partido político busca a un hombre o mujer que sea afines a sus ideales políticos, al líder que sepa llegar a acuerdos, que tenga (si se permite el termino) satisfechos a los ciudadanos, entre otras cosas más, asemejándose aquella metáfora del “palo y la zanahoria”.

En el caso de los candidatos a la Presidencia de la República, se eligen como ya conoce ese tipo de procesos toda sociedad, a alguien que le pueda considerar un líder natural, que tenga la motivacional y habilidad de convencer a las masas.

Además, la sociedad aún recuerda que hubo dos personajes que tuvieron esas características: Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Ambos tienen estudios superiores, pero con la diferencia de que el político mexiquense está mucho mejor preparado académicamente, sabe hablar inglés (aunque a veces le falla la pronunciación); en tanto que al tabasqueño, si no sabe hablar el idioma de Shekespeare, menos entenderá el español.

Como un referente, en la actualidad, la lengua de Williams Shakespeare es la más conocida y hablada en el mundo: para 400 millones de personas el inglés es su lengua materna y para unos 750 millones es una lengua extranjera.

Enrique Peña ganó la presidencia porque su lema era que los compromisos los suscribía ante Notario Público; también, parte de su triunfo se debió a su físico, lo consideraban como todo un galán y carismático hollywoodenses.

El otro personaje es Andrés Manuel “El Americano” López Obrador, mejor dicho Manuel Andrés López Obrador, cuyo acrónimo es MALO –según sus detractores-. Se conoce de antemano que fue candidato tres veces: 2006-2012, 2012-2018 y 2012-2018.

AMLO o MALO, desde que estuvo en el otrora partido en el poder, el Revolucionarios Institucional (PRI), siempre ha tenido una descomunal hambre por el poder, él querer ser el único en todo. Aunque en un principio, sabía perfectamente lo que estaba haciendo, en cierto modo prometía muchas cosas pero no llegaba al grado de estar con fantasías.

Pero sus fantasías le cayeron como “anillo al dedo”, porque el electoral del 2018, nunca imaginó cuál iba a ser el impacto degenerativo que promovió en las urnas, es decir, dotar a AMLO / MALO, en un pequeño virrey, poseyendo el poder absoluto en las cámaras del Congreso de la Unión, y desbaratar paulatina, estratégica y maquiavélicamente el Poder Judicial en todos sus niveles, el federal y los locales.

En lugar de hacerle un favor a la nación, el mismo pueblo se echó la soga al cuello porque jamás deparó –por más que se le instruyó que “López Obrador es un peligro para México”-, “sigue siendo un peligro para México”, afirman sus acérrimos enemigos particularmente los que pertenecen a la Comunidad Intelectual y las benditas redes sociales las que ahora aborrece por la tenacidad de hacerse “justicia” y “juicios sumarios” para reprobar su administración.

Pese a ese monumental error cometido, de alguna manera López Obrador si era un líder nato, sabía cómo llegar a la gente. Le vendió al pueblo la idea de su “cero corrupción”, pero conforme a un “decreto” que permitió el ejercicio de la Ley de Amnistía, comenzó a tolerar a los criminales –como lo viene haciendo hasta el día de hoy-, violentando el statu quo del estado del Derecho.

Aun así, López procuró no meterse en problemas de “camisas de once varas”. Respetó  a sus adversarios, que aunque hacía críticas -como todo político-, sin llegar al grado de querer perjudicarlos, convirtiéndose en un cómplice tirano de papel y de Estado.

La primera vez qué López Obrador se postuló como candidato a la Presidencia de la República fue en el 2006, por el Partido de la Revolución Democrática; durante su campaña en ese año, prometía que ayudaría a los adultos mayores; que apoyaría a los jóvenes para que no cayeran en las drogas (obviamente no mencionaba lo de las becas).

El poder del Ejército y la Marina lo dejó estático porque consideraba que no les permitiría salir a las calles, toda vez que sería un error que actuaran en vía pública, solo que la sociedad se percató –tarde, como siempre-, que su connivencia era proteger a los narcos más reconocidos, desprotegiendo a otros de poca monta, estableciendo una narco guerra innecesaria tomando como rehén a toda la sociedad. No hay lugar del país que haya tranquilidad.

Si bien se rememora, AMLO / MALO perdió la candidatura ante Felipe Calderón Hinojosa del Partido Acción Nacional por un mínimo margen de votos. López ya empezaba a dar indicios de comportarse como una persona que sólo lo que decía era ley, que los demás estaban mintiendo; y tan fue así, pidió el recuento de votos y de ahí nació su clásica frase del “voto por voto, casilla por casilla”. Con todo eso, López acusaba que Calderón era un presidente espurio, por lo que ante esa coyuntura, el tabasqueño, arrogantemente se autonombró “Presidente Legítimo”, y que en una tormenta agobiado por hacerse del poder, hasta “institucionalizó” su gabinete legítimo también. Todo mundo, incrédulo, echó a reír hasta la locura.

En la segunda ocasión que se postuló, hizo sus mismas promesas y berrinches de campaña que en anteriores ocasiones. Su prioridad eran los adultos mayores y los jóvenes, que la economía iba a crecer más (…), que no habría violencia (…). Ante el aparato electoral, amañado o no, perdió la oportunidad de ser Presidente Constitucional ante Enrique Peña Nieto, ya que fue un fracaso ante las urnas, sobre todo porque Enrique es una persona considerada como “un personaje surgido de alguna telenovela”.

Nuevamente AMLO / MALO postuló su candidatura presidencial por tercera vez, abanderando el partido que él mismo construyó, MORENA. Prometió lo mismo que en las dos últimas ocasiones; y aparte, le dio especial énfasis al combate a la corrupción. Esta vez ganó la presidencia por un margen amplio de votos (30 millones de sufragios) ante su más cercano contrincante Ricardo Anaya del Partido Acción Nacional. Fue histórica esa jornada electoral en México, pero con un raciocinio por parte del pueblo que hoy está pagando las consecuencias.

Al tomar posesión del cargo, López Obrador dijo que esto sería la 4T (Cuarta Transformación), que habría cero corrupción y todo lo que ya había cacarateado, pero todo se le ha venido abajo y su desangelamiento se colocó el tobogán de la ignominia.

En el  rubro de la violencia López criticaba al ex presidente Felipe Calderón por el alto número de muertos durante su sexenio (aproximadamente 60,000). 2019 fue el año más violento de toda la historia, con un aproximado de 35,000 muertos, y en lo que va del 2020, su cementerio como gobierno lo adornan más de 16,000 coronas para honrar a los muertos de su fatídico gobierno. Por lo que observa la sociedad, en esta materia, López ha dejado mucho qué desear.

En materia de salud, AMLO / MALO, prometió que se tendrían servicios de salud de “calidad”, que todos tendrían acceso pero tampoco fue así. Desapareció el Seguro Popular y creó el INSABI; hizo recortes al presupuesto para la salud, afectando a quienes estaban con tratamiento para diversas enfermedades, y por lo tanto, decreció la calidad en esa materia. Más que nunca, el coronavirus desangeló al gobierno de “izquierda” del lopezobradorismo.

La crueldad del Mesías de Macuspana ha radicado, de igual manera, la faltan de insumos médicos, equipos de protección, medicamentos para combatir a la enfermedad. En este rubro, el pueblo mexicano se desilusionó de su “rayito de la esperanza”, que hasta este momento, sigue siendo una incontrolable tormenta de frustraciones.

Lo económico es un aspecto fundamental en todo gobierno, y debe ser así ya que en la 4T, también mostró su rostro del mesianismo lopista, restándole mayormente importancia a los dineros en general.

Mientras su pueblo se muere de hambre y de enfermedades crónicas, AMLO / MALO va ganando el odio de millones que votaron a su favor. En las propias narices de su pueblo agraviado, se da el lucho de regalar muchísimos millones de dólares a países de Centroamérica. No hay razón de ser, porque no comienza con los miserables de casa.

Sin embargo, son dádivas lo que reparte a los adultos mayores, a los jóvenes (los famosos ninis -que ni estudian, ni trabajan-), cristalizando aquella metáfora de tener a los mexicanos sometidos en el juego maquiavélico “El palo y la zanahoria”.

Ante tanta necesidad que se ha creado al rededor del gobierno pejista, Andrés Manuel López Obrador recurre a la teoría de “El palo y la zanahoria”, donde si se desea conseguir que “un burro se mueva, necesitas colgarle una zanahoria por delante del hocico y un palo golpeando su lomo por detrás”. Así están ahora los 30 millones de mexicanos inconformes que votaron a su favor, conduciéndolo erróneamente a la Presidencia de México.

El gobierno de López ha sido una catástrofe, por el lado que se le quiera ver. Él decía que la economía crecería a un ritmo del 4% al año pero no fue así. Mintió. Decreció la economía en un 0.01% en 2019, y para este año (considerando la pandemia del coronavirus), decrecerá todavía más entre un 8% al 10%. México se convirtió en una república bananera.

AMLO / MALO también decía que habría empleos y todo fue mentira, al contrario, hubo despidos de trabajadores que se acrecentó más con elCovid19, originando que más de diez millones de mexicanos vivan en la agonía del desempleo.

Hay tres obras en las que López le pone todo su empeño y recursos económicos suficientes y que por esa razón no ayuda a los mexicanos; hace recortes en el gasto público de rubros muy importantes (como la salud), estos son: Aeropuerto de Santa Lucía, Refinería de Dos Bocas (Tabasco” y el Tren Maya.

Se podrían seguir enumerando más detalles problemáticos de este mal gobierno, las notables estupideces del binomio AMLO / MALO. Si en un principio se le consideraba como un líder que si podría cambiar las cosas, al final terminó con las esperanzas de los mexicanos de que hubiese un verdadero cambio. Paulatinamente ha exterminado a miles de hermanos mexicanos ante el mutismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ya son dos años de este gobierno de agresiones a la familia. Ni siquiera en los gobiernos más autoritarios y represores se habían dado tantas agresiones a la vida, a la familia como los que ha solapado López Obrador.

Quien encabezado esta agresión ha sido la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. ¡La responsable de procurar la estabilidad política!, ¡el mundo al revés!

De manera sistemática Olga Sánchez Cordero ha alentado las iniciativas de ley federales y locales para legalizar el aborto, la marihuana y promover al lobby gay.

La última es querer apoderarse de nuestros niños, por lo que López Obrador debe revalorar que la unidad familiar es la clave de México y Olga Sánchez Cordero se empeña en destruirla.  El activismo de Olga Sánchez Cordero es impresionante:

Ha alentado iniciativas abortistas en la mayoría de los estados.

Ha fomentado iniciativas para legalizar las uniones entre personas del mismo sexo, “gaymonios”’, en la mayoría de la entidades. 

Ahora se dedica a combatir abiertamente a quien pretende proteger el derecho de los padres a educar a sus hijos

López Obrador, ¿festejar qué exactamente?

Diversos sectores acusan que se ha roto ese entusiasmo que se tenía en López Obrador, y a dos años se ha establecido una guerra pacífica por todo el país pidiendo la renuncia del presidente y todo su gabinete, porque es intolerable permitir la embestida de Olga Sánchez Cordero, de quiere entrometerse en la educación de los niños mexicanos.

De tal suerte que ese desangelamiento en contra de AMLO, en lugar de encabezar el verdadero cambio, pasó a ser un pobre diablo paranoico del siglo XXI.

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