Ciudad de México.- Un fragmento de los Once Principios de la Propaganda Nazi, creados por Paul Joseph Goebbels, confidente de Adolfo Hitler, forma parte de la burbuja de inspiración del presidente Andrés Manuel López Obrador, que ha logrado manipula a las masas desde el “patíbulo mañanero” de Palacio Nacional, épica construcción de la Colonia Española  hoy transformada como el nuevo Cartel del Crimen Organizado en México. El costeñito sureño ejerce la misma política del Führer para eternizarse en el poder: la falta de certeza jurídica.

Goebbels fue el principal asesor en comunicación y Ministro de la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, que al ver casi caído al líder alemán, pretendió erigirse como su sucesor en la víspera de concluir la Segunda Guerra Mundial, pero las circunstancias de la historia se lo negaron.

Sumamente interesante es retomar y comparar los Once Principios (patibularios) para ver qué tanto encuadran en la estrategia de comunicación del presidente López; a grandes rasgos, no existe ninguna equivocación de la obra de Paul Joseph Goebbels con la praxis de Obrador, a ocho décadas del genocida hitleriano, que dejó una sombría estela para la Historia Universal de la Humanidad.

Al encarar a sus opositores de la época, Hitler sentenciaba: “Soy un nacionalista, pero no soy un patriota”, por lo que coexiste extraordinaria semejanza con el político tabasqueño, quien además se ha transformado en un emisario para destruir a todas las instituciones republicanas que aun gobiernan a México.

Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn (Austria), y Andrés Manuel López Obrador, el 13 de noviembre de 1953, es decir, 164 años después. Pareciera que esos “Arcángeles”, “Caídos del Cielo”, fueron expulsados del Reino de Dios y enviados al infierno terrenal para convertirse en los síndromes de la hecatombe de sus naciones.

En 1943, Paul Joseph Goebbels presionó a Hitler para introducir medidas destinadas a una “guerra total”, mismas que serían difundidas mediante la propaganda nazi.  Así, nace lo que a la postre sería considerada una de las estrategias propagandísticas más penetrantes y eficaces de todos los tiempos.   

A través de la historia, Andrés Manuel López Obrador pareciera haber “estudiado”, los postulados goebbelianos pero con un ingrediente macabro de surgido de Nicolás Maquiavelo, como si un demonio le ordenara que se aplique al pie de la letra en la destrucción de la República.

Resulta evidente que el presidente mexicano vive en “estado de guerra permanente”, como bien lo dice Federico Berrueto en un artículo publicado en Milenio Diario.

Gran parte del tiempo lo destina a alimentar la división entre los mexicanos. Todos los días, desde el patíbulo de Palacio Nacional, le declara la guerra a individuos, grupos e instituciones.

Así, cumple el primer gran principio de Goebbels: Ignorar cualquier discrepancia para vivir en el conflicto. Esto ahonda la división, distrae y genera liderazgo. Hitler lo entendió muy bien, AMLO también, no de ahora, de siempre pero no dejará de ser un remedo de efectividad draconiana.

Es necesario analizar esos instintos de manera práctica y con amplia acuciosidad, toda vez que el Jefe del Ejecutivo mexicano, en cuyo entorno, detecta la simplificación del enemigo único a vencer: centrar todo el tiempo los ataques en una causa.

Si bien López sentencia en forma temeraria y perversa, que “todo es culpa de la mafia del poder”, su método de contagio es el de reunir a diversos adversarios en una sola categoría o individuos que representan la suma individualizada, y si es un “paquete”, mejor.

De forma inmediata, sobresale la figura de otro político que ha practicado la cultura maquiavelista, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari a quien López considera como el Jefe de esa “mafia del poder, del neoliberalismo que deriva en sumas de lo mismo: “Minoría rapaz”, “Conservadores” y “Prensa fifí”.

 

(Como un referente cultural, Nicolás Maquiavelo (en italiano: Niccolò di Bernardo dei Machiavelli [nikkoˈlɔ makjaˈvɛlli]; Florencia; 3 de mayo de 1469-Ibidem; 21 de junio de 1527), fue un diplomático, funcionario, filósofo político y escritor italiano, considerado padre de la Ciencia Política moderna. Fue así mismo una figura relevante del Renacimiento italiano. En 1513 escribió su Tratado de Doctrina Política titulado El Príncipe, póstumamente publicado en Roma en 1531, que para muchos Estadistas se trata de la estrategia de la maldad endemoniada hasta acabar con el enemigo a vencer.)

 

López también utiliza la transposición, es decir, cargar sobre el adversario los errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque, y si no se pueden negar las malas noticias, inventar otras que las distraigan.

Ejemplo de ello las denominadas “mañaneras” -instrumento de embate permanente contra quienes no comulgan con sus ideales y que para otros lo califican como ¡el patíbulo de Palacio Nacional!-, recurriendo en diversos temas que terminan por distraer las noticias y que pudiesen afectar directamente a su gobierno.

López prefiere hablar largamente de béisbol, cuando la prioridad es tratar temas de interés nacional que han ocasionado el descuido gubernamental para atender las necesidades sociales y que millones de mexicanos han pegado gritos de desesperación por no encontrar el respaldo de su “nuevo gobierno”.

En razón de lo anterior, Goebbels enlista de cómo arruinar la vida de toda una nación, como México, por ejemplo.

 

Exageración y desfiguración:

Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Ahí está la narrativa de múltiples pasajes que de manera burlona e irónica profiere, refiriéndose a los “neoliberales del pasado” como “vulgares corruptos” que “se dan vida de reyes con gustos que no los tiene ni Obama”. Magnifica la noticia que es a su vez, “una cortina de humo”.

 

Vulgarización:

Toda propaganda debe ser popular y cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. Otra muestra es lo que llama “pueblo bueno y sabio” a quien se dirige mediante frases cortas, memorables y entendibles, en más de las veces empleando un lenguaje “folclórico” e irreverente, desapegado a un hombre de Estado. 

 

Orquestación:

La propaganda debe limitarse a un pequeño grupo de ideas y repetirlas incansablemente hasta que se conviertan en verdad, aunque éstas no lo sean (verdades inventadas). Ahí están sus dichos y frases reiteradas que un día sí y otro también, las dice con vehemencia. Ejemplos hay varios: “Nosotros no somos corruptos”, “Vamos a terminar con los privilegios”, “Vamos a aplicar la ley”, “Tenemos calidad moral”, y muchos más aforismos que luego de este tipo de observaciones, se exhiben puntualmente, sin que el también conocido Caín de Macuspana, dé cuenta de su negro pasado como haber asesinado de certero balazo en la cabeza a su hermano José Ramón.

 

Renovación:

Emitir información y argumentos nuevos a ritmo vertiginoso para que el adversario no pueda contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. Se tiene registrado la puesta en marcha de programas, proyectos y reformas que por la velocidad en su anuncio e implementación, aunque ocurrentes, se convierten en un gran distractor. Ejemplos hay muchos: un día es el Tren Maya, otro la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México; uno más, la reforma educativa, y para rematar con las disculpas que exige a España por la conquista, consumada hace más de 500 años, medio milenio. 

 

Verosimilitud:

Construir argumentos a partir de fuentes diversas y fragmentadas que aparentan ser verdaderas. Ahí está la perorata cotidiana de cifras y datos que no concuerdan con la realidad, que son “su verdad”. Un ejemplo es cuando afirma: “Los números que tenemos nos dicen que vamos bien” -números que solo él tiene, sin develar la fuente-, refiriéndose a la marcha de nuestra economía, cuando la propia SHyCP, el Banco de México, el INEGI y la OCDE dicen con pruebas, lo contario.

 

Silenciación:

Acallar a otros en temas en los que no se tienen argumentos sólidos, recurriendo a  la ayuda de medios de comunicación afines. Ahí tenemos los desmentidos cuando se le critica, ofreciendo salidas vagas y de sentido común que luego son replicadas por sus seguidores “evangelizados” en las redes sociales. También los desmentidos dirigidos por consigna desde Palacio Nacional que publica NOTIMEX (Órgano de difusión Oficial del Gobierno federal) sobre algunos de los dichos Presidenciales.

 

Transfusión:

La propaganda debe operar a partir de una mitología nacional, de odios y prejuicios. Ahí está la división social que a diario alimenta entre buenos y malos. Lo hace con sarcasmo y rencor. Convertirlo a él en el redentor -como a muchos de los héroes nacionales que invoca y contiene la publicidad de gobierno-, lo hará mítico y trascendente. Quiere ser artífice, dice, de lo que llama, “la “Cuarta Transformación”, que para sus detractores, solo se trata de una Transformación de Cuarta, o una Cuarta Deformación del aparato del gobierno mexicano.     

 

Unanimidad:

Convencer a mucha gente que piense como el líder, creando la percepción de que la inmensa mayoría está con él. Ahí tenemos las consultas a modo y a mano alzada que refrendan su liderazgo y alimentan su ego “triunfalista”.

 

En tanto AMLO aplica rigurosamente los principios goebbelianos, el tiempo pasa y la realidad  se impone. Ahí están la falta de crecimiento, las reformas constitucionales que le otorgan poder discrecional, la creciente inseguridad, las licitaciones a modo y las marchas opositoras producto de la división y rechazo a su forma de gobernar que él mismo fomenta.   

Mientras, el “pueblo bueno y sabio” sigue sometido. Sus seguidores están de plácemes porque el manual propagandístico de Goebbels funciona, porque cuando de masas se trata, el Señor Presidente lo sabe hacer “requetebién”. 

 
 
 
 

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