Luis Repper

Aunque estamos condenados a ello, no deja de sentirse enfado, malestar, incluso rencor contra la autoridad federal porque no es pareja en lo que a aplicar impuestos, precios y tarifas se refiere.

Desde el sábado 5 de octubre el gobierno priista de Enrique Peña Nieto, a través de su ventanilla recaudadora de impuestos, léase Secretaría de Hacienda, da un nuevo golpe a la economía de los mexicanos al autorizar 11 centavos de aumento al litro de las gasolinas Magna y Premium y al Diesel.

De esta manera la primera costará 11.91 pesos el litro, en tanto la Premium, 12.47 y el Diesel, que mueve toda la actividad productiva del país, transporte, etc. sube a 12.27 pesos. Y digo que los que no poseen coche también les impacta, porque los precios de los productos que consumen crecen pues son trasladados de los centros de producción y cultivo en vehículos que utilizan diesel y tienen que cargar el nuevo costo al precio final de insumo. Es una regla como sumar 2 + 3 = a 5.

El argumento de la ventanilla recaudadora (SHCP) es de que “con ello mantiene su política de atenuar los efectos de las variaciones en los precios internacionales del petróleo y sus derivados sobre el bienestar de los hogares, así como de la competitividad de las empresas nacionales”, bla, bla, bla, bla, bla.

Yo le respondo, si en México la base de contribuyentes fuera mayor, la recaudación de impuestos sostendría la economía, que sumado a la renta petrolera de exportación, permitiría un colchón financiero que atenuaría tantos aumentos contra lo más débil de la economía: el bolsillo del trabajador.

Pero no sólo es el aumento mensual a las gasolinas, el gobierno de la república también se mofa de las familias al autorizar cada 30 días incremento al precio del gas LP, el que consumen todos los hogares mexicanos. Esto, señores de Hacienda, del Banco de México, de Los Pinos, de Economía, no es más que “vil descontón” a otra población cautiva: la sociedad mexicana. Así de sencillo, con todas sus letras. Porque cada mexicano tiene la necesidad de trasladarse, comer en casa o en la calle y lo que hace es pagar, indirectamente los impuestos que tasa Hacienda en combustibles.

En reiteradas ocasiones, volviendo al tema de las gasolinas, he señalado en estas entregas, que podríamos estar de acuerdo en pagar los aumentos de precios a los energéticos, pero no por litro, sino debería legislarse (pero nuestros diputados y senadores son tan holgazanes que no lo han siquiera pensado), para que el incremento fuera por tanque lleno, lo que motivaría al consumidor hacer un gasto general y no “centavear” para moverse al menos un par de días, por 100 o 200 pesos.

¿O porque no?, diseñar otro sistema de consumo, por ejemplo, por galón. Pero la autoridad se va por la fácil, imponer, y no motivar al consumidor en los gastos, para desarrollar su actividad. Un gran porcentaje de los mexicanos que utilizan el auto, es su herramienta de trabajo, de donde mantienen a su familia, de donde pagan los impuestos locales y federales, a los que se suman dos verificaciones al año de emisiones anticontaminantes, que se traduce en pagos y no inversión para su actividad productiva.

 

En su defensa, o mea culpa, diría, la Secretaría deHacienda, asegura que aun con dicho ajuste, los consumidores recibieron subsidios de 64.4 mil millones de pesos, en los primeros seis meses de 2013.

Pero esto se subsanaría, insisto, si más mexicanos pagáramos impuestos, si los más de 20 millones de comerciantes informales en todo el país (que no pagan contribuciones), los integraran al régimen tributario y la propia dependencia hiciera un limpia, terminara con la corrupción e impunidad en las aduanas para impedir que mercancía china, o de otros países invadan el mercado nacional, con lo que terminaría con la economía informal.

Pero, reitero, los “inteligentes economistas” de Hacienda y de Banxico, no ven más allá de su nariz, y mantienen el círculo vicioso de desenmarañar su pésima política económica sólo a base de aumentar impuestos.

Es tan sencillo y va el ejemplo más simplista para conocer sobre economía. Me explico. Una familia: el padre trabaja, es el abastecedor del hogar (llamémosle país) da el gasto quincenal, paga servicios, los viste y calza, paga sus estudios, etc. si los hijos al concluir su carrera no laboral, el padre entra en crisis, porque su salario no le alcanza para cubrir las necesidades.

Cuando los integrantes de la misma ya aportan al hogar, mejoran las condiciones del mismo y tienen otros beneficios, es decir, todos colaboran con la marcha de la casa y sus condiciones de vida aumentan; porque todos forman un todo.

Entonces qué pasa con la visión de un gobierno, de una política pública que debe simplificar sus acciones. Bueno… que el SAT, Hacienda y los holgazanes legisladores que tenemos (diputados y senadores) diseñen en conjunto un esquema en donde aumente el número de contribuyentes, que se someta a la informalidad (cualquier tamaño que sea) a un régimen tributario que engrose la captación de impuestos, obligar a la iglesia, a los propios legisladores, a los partidos políticos, los sindicatos, etc. a pagar impuestos, porque lindamente los curas, los “representantes populares”, las agrupaciones políticas (PRI, PAN,PRD, Verde, Movimiento Ciudadano, Panal (federales) y locales, no tienen que declarar, menos pagar impuestos aunque utilizan dinero de los contribuyentes cautivos.

Entonces, de quien es la culpa de que no haya mayor captación tributaria, pues de Hacienda, de una política hacendaria tibia, endeble, timorata, en la que el Ejecutivo Federal, léase, Peña Nieto, manda al Congreso una Reforma Hacendaria insulsa, meramente recaudatoria, que a decir de todos los sectores sociales, no es más que una miscelánea fiscal, que castiga al contribuyente cumplido y que a base de aumento de precios y modalidades absurdas (cómo cobrar impuesto al vendedor particular de una casa, o tasar la comida de perros y gatos, etc.) quiere compensar su ineficiencia.

¡Qué triste! que el gobierno federal se ensañe contra la microeconomía y la familiar de los mexicanos, pegándonos cada mes con el aumento a las gasolinas y al gas doméstico, ¡ah! no olvidar que las tarifas de luz siguen siendo absurdamente desproporcionadas y cada bimestre en vez de bajar aumentan, por la nula lectura del consumo.

En fin, aquí esta una fórmula, a manera de sugerencia, para que los “inteligentes” de Hacienda busquen reacomodar su política tributaria y no seguir pegándole a los mismos, a los de siempre, mientras los ya mencionados se ríen, se esconden, evaden al fisco con la mano en su cartera.

 

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT)

 

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