Los gobiernos demagogos pretenden hacer creer que México tiene los elementos necesarios para transformarlo en una “potencia” que a ciencia cierta, es una fortaleza que genera millones de pobres, manteniendo no solo los exploratorios del pasado que han fracasado, sino que el STABLISHMENT traducido al modelo neoliberal, sigue siendo el principal culpable de toda relación tóxica que ha obligado que las frustraciones sea el modus vivendi de las nuevas generaciones de millones de mexicanos.

A Enrique Peña Nieto, en la recta final de su desastroso gobierno, “nunca tuvo quien le escribiera” y el de reconocer cuál es la verdadera realidad que vive su pueblo, sino que la esconde…, incurriendo en acciones pueriles que si bien se preconiza la retrospectiva, al inicio del  nuevo milenio ya son 18 años perdidos sin hallar horizontes de bienestar.

Cuando el Congreso se prestó en avalar el facto que se guarnece en la famosa Ley de Seguridad Interior, que pese a que calles y avenidas de todo el país ya están militarizadas, se advierte que su papel podría ser mucho más indignante e intimidatorio, sino hasta lapidario. ¿Será perfectible el papel de la Ley de Seguridad Interior, utilizando los recursos militares del Estado?

Personas de la tercera edad que forjaron toda su vida por “hacer algo para su vejez” y que lastimosamente se hallan en la curva de su vida, forman enormes ejércitos que allanan calles y avenidas, pidiendo limosna…, se observan circunspectos cuadros de tristeza pidiendo la dádiva para comer, en contraste  cuando esta nación es rica. Se entendiera que México está apañado por el Diablo que lo mantiene en su yugo del infierno. La inseguridad es un lastre no solo para México, sino que se agiganta por todo el mundo.

Para muchos, “ya ni vale la pena vivir” por los constantes fracasos de sus odiosos gobernantes, que cada día son más ladrones, más corruptos, más saqueadores de la riqueza nacional y más criminales, formando –izquierdas, centros o derechas-, el círculo dorado de las grandes mafias del stablishment mexicano, peleándose por lo que representa el “botín de guerra”: el erario federal.

Es realmente toda una ola de mentiras escuchar al político aspirante que planea ser presidente de la república, estar “preocupado” por sacar avante a toda una nación que está sumida en el desprestigio de la corrupción, debatiéndose en la espiral de la pobreza extrema.

Ese es México, un México que contrasta entre la opulencia y la penuria, donde Enrique Peña Nieto quien a partir del 2012 lanzó como pronunciamiento su preocupación “…por los pobres de México…”, a la fecha y en la órbita de su siniestro sexenio, rebasan los 100 millones de jodidos…

El discurso colosista lo advierte, lo sentencia y se magnifica de seguir viendo a un México que exige sed y justicia; tecnócratas y neo-políticos siguen sin entender que Luis Donaldo Colosio les dejó un legado que hasta hoy en día sigue en la palestra de la discusión paradigmática y que a más de dos décadas, retumba en los oídos de los mudos del poder.

 

Veo un México con hambre…

Veo un México con sed de Justicia…

Veo un México de gente agraviada por las distorsiones que le imponen a la Ley quienes deberían de servirla…

Veo un México de mujeres y hombres afligidos por el abuso de las autoridades y la arrogancia en las oficinas gubernamentales…

“¡México no quiere aventuras políticas!

¡México no quiere saltos al vacío!

¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces!

¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!”

 

Esos tecnócratas y neo-políticos mexicanos -necios hasta la médula-, carecen de todos los sentidos para connotarse como caballeros con cualidades de corazón, honor, virtud e integridad. Ni el Peje reúne esos requisitos, solo basta ver a sus hijos en automóviles deportivos y camionetas blindadas, con magnitudes de lujo, todo se lo debe a los extensibles tentáculos de la corrupción gubernamental.

López Obrador no es ni de izquierda, ha sido un ladrón metido como “político” que hace disentir a la gente con su “honestidad valiente”; unos lo defienden ciegamente cuan zombis y otros, los más aguerridos, lo vapulean verbalmente recordándole hasta el diez de mayo.

Con Peje o sin Peje, con PRI o sin PRI, con PAN o sin PAN, con PRD o sin PRD, o cualquier otro color partidista…, el México mimetizado está pre-destinado en resbalar por ese tobogán abismal, a pesar de su funcionalidad. El legado colosista, que se tradujo en épico discurso al pie del Monumento de la Revolución el 6 de marzo de 1994, no ha sido cumplido a cabalidad.

 

Reformar el poder significa llevar el gobierno a las comunidades, a través de un nuevo federalismo.

Significa también nuevos métodos de administración para que cada ciudadano obtenga respuestas eficientes y oportunas cuando requiere servicios, cuando plantea sus problemas, o cuando sueña con horizontes más cercanos a las manos de sus hijos.

 

En todos estos años, ni el benefactor del colosismo Ernesto Zedillo, ni Vicente Fox, ni Felipe Calderón y mucho menos el priista Enrique Peña Nieto, hayan logrado cumplir un ápice de lo que anhelaba Colosio, sino por el contrario, han sido toda una pesadilla y de opresión política, aunque ahora –como desde siempre- millones esperan que la cofradía peñista “no salga con que a chuchita la bolsearon” de practicar el Año de Hidalgo y dejar –por enésima ocasión-, en bancarrota a toda la nación, con un peso súper devaluado frente al dólar del Tío Sam, en la era del multimillonario Donald Trump.

“¡Ya párenle!, no tienen saciedad en seguir saqueando la riqueza nacional”, alertan catedráticos e investigadores universitarios en antropología política.

No obstante de ello, como en la obra de El Padrino de Mario Puzo, “¿qué tienes en el corazón, hermano?” ¿Un marcapasos, o un explosivo para hacer detonar a toda una nación?

Los políticos mexicanos sobre todo aquellos que han llegado a la cúspide del poder en “este sexenio de la mayor tristeza”, resurge el súper Peje al pretender hacer entender “quiero lavarme las manos con la sangre de los infieles”, es decir, “sin sacrificio no puede haber victoria” en estos tiempos que se tornan mucho más difíciles, cuando la chatarra política humana no garantiza absolutamente nada. ¡Vaya!, ni el propio Peje es una garantía de viabilidad y respeto.

La política es el peor dolor que se inventó, las esperanzas se tiran por la ventana, colapsándose en una caída al abismo y en picada, que comparativamente, política y narcotráfico, están en todas las partes del mundo, y el único inconveniente es tener que vivir en medio de la nada.

El absurdo enunciado del Peje para amnistiar el trasiego de los barones de las drogas, es como darle patente de corso a quienes se han separado del espíritu de la constitucionalidad del estado del Derecho.

“¡El Pacto Federal está en peligro!”, alertan abogados penalistas, porque “México está a punto de convertirse en un narco-Estado”, si se deja a la deriva y al arbitrio a todos esos políticos bisoños que intentan establecer regímenes del desorden codificado, antítesis de los preceptos de la Carta Magna, y donde la paz social pende de un hilo.

Si bien las drogas están en todas las parte del mundo y que nunca fueron del país, pero ahí están…, abiertamente y sin tapujos, ahora están siendo representadas descaradamente por un partido político llamado MORENA, que para los filósofos de la nota roja ya lo denominan el Cartel Morena.

Lo único que se entiende en el trasfondo de este “duro e ingenio trabajo”, Andrés Manuel López Obrador -jefe de la mafia del poder de la izquierda sediciosa- busca a como dé lugar mono-politizar la globalización de la venta de drogas en México, creándose asimismo “el narco-círculo perverso dorado de Morena”, es decir, darle vida al narco-STABLISHMENT a partir de la primicia de la izquierda  mexicana.

Aún es tiempo para que el Estado mexicano deseche las malas intenciones de esos sediciosos incendiarios, de esos insurrectos, de esos sublevados avariciosos, de esos facciosos que proyectan convertir a México en un narco-Estado amotinado, donde la insubordinación se hará “ley”, la ley de los revolucionarios criminales, de esos insurgentes de alzada que solo harán de México, un enorme río de sangre.

Donde más le puede doler a la sociedad es la “oficialización” referente a la cruel penetración de los capo-políticos que ya ocupan curules y escaños en el Congreso de la Unión, que junto con ex gobernantes y narco-gobernantes, sostienen su poderío en el marco de un Estado fallido, encuadrado con el sello de la corrupción y el sistemático saqueo, espoleado y expoliado para ver hasta dónde todavía aguanta este pobre México.

Las policías comunitarias, los narcotraficantes, los más de 70 mil muertos, los gobernadores saqueadores, los alzados, los incendiarios, y quién sabe cuántas más cuestiones por el estilo, son el vivo ejemplo de la narco-mimetización del México en desgracia.

Enrique Peña Nieto al ser el culpable material e intelectual de damnificar a más de 100 millones de mexicanos –debatiéndose la vida entre la pobreza y la muerte-, solamente se salvarán las élites privilegiadas emanadas de la narco-mono-politización del centro, derecha e izquierda, que son las nuevas castas y/o narco-círculos dorados, que gracias a la lacerante ignorancia de millones, les ha permitido vivir plácidamente en medio de una absurda guerra en contra de las drogas, que aterriza en lo irracional.

Y es mejor alertar a la sociedad:

 

Con el ejército armando con metralletas de alto calibre expansivo, vigilando en jeeps militares los territorios que pertenecen a la sociedad, ¡aguas con lo que viene!

¡El hartazgo y la insurrección tocan la puerta!

¡En toda revuelta, histórica y primariamente, México siempre ha puesto a sus muertos!

 

El Peje está en espera -como la Santa Muerte-, una vez que lo declaren el gran perdedor de la elección presidencial (2018), tenga la suficiente coartada para levantar al pueblo de México que, sin chistear, un pueblo sin armas, es un pueblo vulnerable a merced de la criminalidad que ya camina de mano con la “anti”-narco militarización en que México ha sido equivocadamente conducido hasta el despeñadero como Estado fallido.

El valor de la lealtad de facto será fácilmente percibido, surgiría la consolidación de los narco-mercenarios bajo la férula y patética subestimación de la deshonestidad con mecanismos de apoyo tecnológico para encriptar sus ilegalidades.

Todo ente crepuscular estaría involucrado con el crimen organizado y el tráfico de estupefacientes, y no solo hay rumores sobre la existencia de ese “narco-círculo dorado morenista”, sino basaría sus acciones a través de exterminadores mejor conocidos como sicarios, esbirros, sayones o asesinos a sueldo.

“Los sentimientos de la nación” serían quebrantados de un plumazo en el contexto de una convulsión catastrófica, en tanto que la sociedad sería presa de ser víctima sin protocolos de juicios legales.

Los amnistiados jefes de las narco-mafias-políticas -en cuan tianguis banquetero o de fin de semana en barriadas populacheras-, exhibirían de manera inquietante sus productos como mariguana, cocaína, heroína, opio, éxtasis y metanfetaminas.

Toda clase de sustancias serían legalizadas abriendo paso a un nuevo mercado con ventas reguladas y gravadas, como el del alcohol, dándole extensión a la intolerancia con “inmunidad legal”, fortaleciendo “la economía fallida”, reduciendo gastos con la utilización de cuerpos policiacos y militares, continuando con el obsoleto, ineficaz y francamente desastroso ejército de prohibiciones dando pie a la acusación directa que el Estado sea el responsable de muchas muertes en víspera.

Según analistas políticos e investigadores y catedráticos universitarios, eso es lo que peligrosamente pretende establecer Andrés Manuel López Obrador de llegar a la Presidencia de la República, en el supuesto panorama para “terminar” con la guerra contra las drogas, no obstante que la venta de armas clandestinas en México, se dispararía como una medida de autoprotección de los mexicanos.

Desde que se tenga conocimiento en su vida rebelde, el Peje nunca ha sido internado en un hospital penitenciario para pronosticarle sus efectos siquiátricos que viene padeciendo de forma irreversible desde aquel momento fatídico cuando asesinó a su hermano José Ramón y posteriormente en contra de un amigo de juego, que enriquecen propiamente el perfil de su figura y que ahora surge como “un inteligente, ambicioso, despiadado, carente de empatía y de encanto superficial”.

En su ahora empresa política morenista -que es el propio centro de la sinergia y criogénica Mafia del Poder de la Izquierda desquiciada-, afirman que es manipulada “propiamente por un sicópata con sediciones canibalísticas” que pondrían en mayor riesgo si maneja los destinos de la sociedad mexicana, ejerciendo la prohibición para evaluar la escala de quienes estuvieron en contra de la doctrina pejista.

La escala de valores mundiales se perdería porque no todos estarían de acuerdo para negociar con un narco-Estado que integraría a narco-terroristas del narco-círculo dorado peje-morenista, lo que además generaría la permeabilidad sin evitar el pánico global de las drogas, para asimismo, dejar que los inútiles drogadictos ardan en llamas y que paradójicamente –en un juego de palabras siniestras-, “sin drogadictos no habría venta de drogas, y todo el mundo ganaría”.

Acciones cromáticas y por ósmosis se ejecutaría una limpia humana fortuita como puñado de rehenes, que si bien podría también significar la muerte de cientos de millones de drogadictos a nivel mundial, también en esa “sanación humanista”, permitiría la desaparición o auto-flagelación de millones de lastres que representan para la sociedad, misma que sufre el drama de la guerra contra las drogas en sus diversos niveles.

Las acciones de solución no son tan sencillas como parecieran verse, lo peor que le puede suceder en este “apocalipsis” social que vive México, es el surgimiento del STABLISHMENT del narco-Peje traducido en el Peje-genocidio, sancionado por una Legión de Idiotas que integrarían células en contra de todos aquellos que no comulgan con la “erudición” de Andrés Manuel López Obrador.

Como lo indicara un filósofo inglés: “Esto no es el final. Ni siquiera el principio del final. Pero sí es, tal vez, el final del principio” de una obsesión compulsiva de un Peje que no entiende de sentimientos de paz, amor y bondad, porque desconoce el término jurídico “consigliere”, que significa “Asesor” (en italiano), encargado de aconsejar al “Don” sobre todas sus acciones y movimientos mafiosos al muy estilo Don Corleone combinado con la enajenación espiritista de Al Capone, quien fue regente de un alto régimen de hampones sanguinarios.

En pocas palabras, darle cabida a la constitucionalidad del narco-Peje-imperio de Andrés Manuel López Obrador, con su endeble temperamento, al tabasqueño “se le ha nublado la razón” de forma permanente.

La política y el crimen es el mismo estereotipo. La política es saber cuándo apretar el gatillo. El dinero está en manos de políticos y están condenados al fracaso por su arrogante ego, al grado que “es peligroso ser honesto”, es decir, usted apreciado lector, ha escuchado o leído que “perdida la fe del pueblo, el que construye con el pueblo, termina en el fango”.

López Obrador busca también convertir a México en una narco-Nación-bananera, que para la sociedad pensante, “solo es un maldito que se levanta todos los días odiando al mundo”, con arrebatadas acciones paranoicas combinadas con una irreversible esquizofrenia, que retroalimenta “su egolatría in moral”, marcando nuevas tendencias de lo que le serviría a su Sindicato del Peje-Narco-Crimen en México.

Otro de los peores Peje-escenarios sería que Andrés Manuel López Obrador padeciera el llamado Síndrome de Estocolmo, que es un estado psicológico en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador (llámese sistema gubernamental), evadiendo –como desde siempre-, la ley.

La edificación de su partido MORENA le seguirá permitiendo “ganarse honestamente la vida”, gracias a las prerrogativas que dictan las leyes electorales, pero en el fondo de su ser, Andrés Manuel López Obrador reconoce que su carrera delictiva ha tenido un fin que ya no tendrá apremios, porque gracias a esa Legión de Idiotas que ha votado por su proyecto, le da certidumbre en el ámbito del quehacer político mexicano.

Aunque no hay que perder de vista, que “una bala” podría estallarle en la cabeza, en cuya eventualidad  estaría involucrada la cúpula adinerada tanto nacional como por los consorcios internacionales que han explotado económicamente la riqueza de México.

Agentes del buró político ya lo han sentenciado: “¡AMLO se equivoca! El narco ha vulnerado a miles de familias en el país, brindarles amnistía, sería  hasta como para suministrarles seguridad social”.

MORENARCO, el peligro de México. [email protected]

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