Blas A. Buendía
La declaracionitis mesiánica en su mundo de fantasía de cristalizar la Cuarta Transformación de la República, Andrés Manuel López Obrador, el Presidente Electo de todos esos 30 millones de mexicanos que votaron abrumadoramente a su favor, da mucho qué pensar por que un día dice una cosa y luego chistea haciendo otra de manera que desconcierta hasta a los más hábiles de su equipo logístico.

Sus calificativo de “corazoncitos” al dirigirse a los reporteros que cubren sus actos públicos en la Casa de Transición, se conjugan con inverosímiles acciones que no son propias de un personaje que está a punto de ser proclamado Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

López Obrador bien sabe de qué pie cojean esos personajes que encumbró en las tareas de diputados y senadores que conforman la champurrezca 64 legislatura del Congreso de la Unión, las tribus que se adhirieron a su programa coyuntural de gobierno sin antes pasarlos por filtros de personalidad y perfiles éticos y profesionales con el propósito de dignificar el Palacio Legislativo de San Lázaro y de lo que será el Senado de la República, ambos poderes pende de un hilo en relación a la seriedad que se debe asumir.

En el seno del Congreso habrá pocos morenistas que conozcan los conceptos filosóficos de cada versículo de la Biblia, así como el contenido y valores intrínsecos de los 136 artículos que tiene la Constitución Política de México, los códigos legales y civiles que gracias a su aparato de justicia el país guarda una aparente paz social generalizada, a pesar de los embates de inseguridad que el propio presidente Enrique Peña Nieto ha reconocido no haber podido vencerlos.
No obstante de ello, López Obrador manifestó una intentona que se antoja que será imposible convencer a esa casta de morenista irreflexivos convertidos en legisladores, que si bien algunos mostrarán práctica parlamentaria limitada pero con enorme halo de impunidad que guarda el fuero constitucional, la mayoría carece de cultura legislativa a pesar de haber recibido un cursillo por parte de catedráticos en Derecho Constitucional. Habrán de surgir los “payasos” legislativos como es el caso del diputado petista Gerardo Noroña.

López Obrador utiliza un lenguaje no apto para quien va a ser “Estadista” de una nación como es México y mucho menos que dignifique las figuras históricas de los próceres como Francisco I. Madero, Emilio Zapata y Lázaro Cárdenas, no así del Padre Hidalgo que fue el artífice de la abolición de la esclavitud de su época, sumisión que no ha desaparecido porque millones de trabajadores viven como auténticos esclavos gracias a los poderes facticos que explotan la mano de obra de millones de mexicanos.

El político tabasqueño que posee tintes mesiánicos, recomendó a sus huestes morenistas legislativos, evitar que el Congreso se convierta en un “antro” ya que muchos de esos suertudos saben más albures de cantina que los contenidos de la Carta Magna.

Lo anterior se desprende por la discusión tan sosa y pueril que sostuvieron públicamente el diputado federal y presidente de la Mesa Directiva, Porfirio Muñoz Ledo y su homólogo y compañero del PT Gerardo Fernández Noroña, quienes en un momento parecían irreconciliables debido a que éste último ha enarbolado actitudes histriónicas que de un político serio.

Si bien “fumaron la pipa de la paz”, tras el desencuentro del martes cuatro de septiembre, cuando Noroña increpó airadamente al presidente en plena sesión, llamándolo “cobarde”, Porfirio le espetó de ser un “golpeador” profesional. Fue algo espectacular como un auténtico pleito de lavadero en las azoteas de San Lázaro.

La tarea, presume en decir López Obrador, es dignificar al Congreso en comparación a la pasada legislatura donde “se golpeaban, humillaban y no se discutía”. Empero, el político tabasqueño reiteró su deseo por tener un Congreso respetuoso, cordial y con “buena imagen”, cosa que se ve bastante difícil por lo incontrolable de sus peje-zombis convertidos en legisladores.

No será justo ni incluyente ya que esos que se dicen ser, paradójicamente la “oposición mayoritaria”, será también difícil que velen por el bienestar colectivo más allá de lo inmediato cuando de ante mano se eclipsará el pluralismo parlamentario, imponiéndose el espíritu avasallador de la mayoría aplastante muy a la usanza del priismo del pasado.

México está pasando por un momento que ha visto crecer su vida democrática, pero habrá que ver si realmente el Parlamento y el Jefe del Ejecutivo federal tengan la gran sensibilidad anti-sistémica para sacar al país de un agujero sin fin, que ancestralmente se ha tenido que soportar la inaguantable bota del Tío Sam y que pareciera que el coqueteo de Donald Trump con López Obrador al reconocerlo como “un buen político”, tiene un doble sentido que es la explotación de la riqueza petrolera mexicana.

Referente al mesianismo lopezobradorista y el trumpismo, se extenderáa en toda su magnitud, toda vez que el mesianismo es una tendencia de la cosmovisión o la ideología que se relaciona con una particular interpretación de la historia donde el cambio de un estado del desarrollo de una sociedad o grupo de creyentes será originado por la llegada de un “mesías” o “héroe”, al que corresponde el establecimiento de un nuevo orden que dará origen al mundo utópico. Trump ha gobernado a Estados Unidos de Norteamérica como si estuviera filmando una película de acción en Hollywood.

El más conocido de los mesianismos es el de tradición judeocristiana, es frecuente su desarrollo en otros contextos, especialmente en aquellos donde la opresión social es fuerte. En ambas naciones existen corrientes que pretenden “adueñarse del mundo” que vislumbran transformaciones de Estado.

Según filósofos en la materia, el mesianismo se encuentran -además del mesianismo judío-, el mesianismo cristiano, el adventismo, el islam, particularmente el islam chií, los cultos cargo de Melanesia, varias iglesias nativas de base cristiana o islámica que se desarrollaron en África subsahariana después del proceso de descolonización durante el siglo XX.

En el mundo secular moderno, especialmente en la política, al mesianismo se lo relaciona con el populismo y con el marxismo, acciones que reviste a López Obrador quien pretende ejercerlos en la pretendida Cuarta Transformación de la República con la ayuda condicionada ilimitada de Donald John Trump. [email protected]



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