Moisés Sánchez Limón 

 

Dicen que en la familia política azteca hay inquietud por la ópera prima de Emilio Lozoya Austin, que ofrecerá ante selecto grupo encabezado por el maestro de escena Alejandro Gertz Manero, en prestigiado foro de cuatro por cuatro de la Fiscalía General de la República.

Y hay quienes andan con el nervio crispado, ante la referencia del licenciado López Obrador de que el ex poderoso amigo de Enrique Peña Nieto negoció allanarse a la extradición para declarar –digamos que en calidad de chivato de pedigrí al servicio de la 4T—todo, pero lo que se dice todo de sus andanzas en eso de recaudar millonarios recursos para la campaña presidencial de 2012 y luego para los ahorros personales.

          (Fotografía Infobae)

En ese escenario de los amigos y cuates de Enrique que están a punto del ataque de nervios, se ha desatado el capítulo del reparto de culpas, expiación de las mismas y, sobre todo, los actos de contrición, como el de la licenciada Arely Gómez González, ex procuradora General de la República y luego secretaria de la Función Pública que le dio un raspón a su sucesor, el entonces senador con licencia y fallido aspirante a ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Raúl Cervantes Andrade, por cuanto concierne al caso Odebrecht.

Y ni qué decir de la postura de Emilio Gamboa Patrón que se declara tranquilo, a salvo de lo que pudiese acontecer cuando su tocayo, el tenor Lozoya Austin, se despache un aria con nombres de senadores y diputados federales que supuestamente fueron maiceados para aprobar la Reforma Energética.

Sí, a ésta que en adelante habrá que denominar “la mal llamada reforma energética”, para estar en esa sintonía de la 4T que desbarrancó a la “mal llamada reforma educativa” por la, digamos, bien llamada reforma educativa que –impulsada por Morena en la Cámara de Diputados– devolvió bártulos del control de la educación mexicana a manos de los radicales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

El problema es que con la situación de suyo grave por la que atraviesa Petróleos Mexicanos, bajo control de la ingeniera Rocío Nahle, difícilmente podrá enderezarse una bien llamada reforma energética. Y menos cuando el otro eslabón, el de la CFE, está en manos del licenciado Manuel Bartlett Díaz, amigazo del alma del señorpresidente, como el ingeniero agrónomo Octavio Romero Oropeza que cobra como director de Pemex.

Valga la referencia de algunos de los amigos del licenciado Andrés Manuel que forman parte de su gabinetazo y del equipo de gobierno, porque precisamente algunos de ellos están bajo la lupa de negocios que no comulgan con el exhorto presidencial de honestidad y austeridad franciscana, pero sobre todo en materia de combate a la corrupción.

Mire usted. Hace unos días el auditor Superior de la Federación, David Colmenares Páramo, envió a la Cámara de Diputados un adelanto de la fiscalización del primer año de gobierno del licenciado López Obrador, en el que se refiere que el Presupuesto se orientó, en alto porcentaje a operación y gasto corriente, en tanto que a inversión fue mínimo. Pero, el punto será cómo se gastó y, sin duda, el escándalo girará en torno de las adjudicaciones directas y cómo se ha ejercido en obras del aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas, en el estado de Tabasco.

Son botones de muestra, como citan los clásicos, pero evidencian que en esas tareas del gasto público está la mano de amigos del inquilino de Los Pinos, amén de que hay riquezas que requieren de amplia explicación, aunque se moleste el matrimonio Ackerman-Sandoval que, con apoyo del equipo de fundamentalistas y dizque Morenos puros, han pretendido echar tierra a operaciones que se hicieron bajo el amparo de supuesta lucha social.

Sí, los amigos, cuates, amigotes, compadres y conocidos han sido, como hoy ocurre, los principales beneficiarios del gobierno en turno. En efecto, ese es un asunto vox populi que de siempre ha servido para el cobro de facturas políticas, como hoy con en el caso de Enrique Peña Nieto, quien al inicio de su administración, en entrevista para el diario español El País, se atrevió a decir que el Presidente de la República no tiene amigos.

Quiso el hijo predilecto de Atlacomulco curarse en salud y adelantar que lo que ocurriera en su administración en temas de corrupción y tráfico de influencias, sería punible para funcionarios o ciudadanos ajenos a su amistad.

Y hoy ocurre que sus amigos que amasaron riquezas y despreciaron a la fiscalización porque se asociaron con ésta y, sin duda, con la procuración de justicia, andan preocupados por el aria que Lozoya Austin se despachará, con dedicatoria al licenciado López Obrador, porque entre los acordes aparecerán sus nombres.

¿Gamboa y et al andan tranquilos? Es posible porque aprendieron las lecciones de la vieja escuela priista: los políticos pueden ser ladrones pero nunca pendejos. Y de esto, de los amigos del Presidente en turno, se puede hablar y escribir vastamente, sólo se requiere de chivatos o pillos en prisión dispuestos a negociar condenas benevolentes.

¿Tocarán a Enrique Peña Nieto? ¿Usted cree que haya documentos firmados por él que lo incriminen?

Todo huele a sobrevivencia política. Morena está en graves problemas y al licenciado Andrés Manuel no le sirve un partido dividido que puede perder la mayoría en la Cámara de Diputados y las 15 gubernaturas en disputa en la elección intermedia del año entrante. Y para ganar votos el comandante en jefe de la 4T sacará la espada justiciera para aplicarla a los amigos, no todos por supuesto, del licenciado Peña Nieto. Conste.

COMO ME LO PLATICARON. Con la aprobación en la Junta Directiva para invertir 5 mil 389 millones de pesos de las reservas financieras en equipamiento de 140 unidades médicas en todo el país, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) abatirá el rezago quirúrgico con más de 50 años de servicios en la institución y que, en la actualidad, se incrementó por la emergencia sanitaria por la que atraviesa nuestro país debido a la pandemia del COVID-19.

La autorización de estos recursos, significa un logro en el primer semestre del 2020 en la administración de Luis Antonio Ramírez Pineda al frente del ISSSTE, que tiene como prioridad fortalecer el primer nivel de atención y consolidar el modelo de salud preventivo.

Al inicio del presente año se invirtieron 122.5 millones de pesos en la compra de 3 mil 813 equipos básicos para unidades médicas de medicina general y familiar de Chiapas, Guerrero, Estado de México y Ciudad de México, donde se identificaron las necesidades más apremiantes.

Simultáneamente se reestructuró y fortaleció la infraestructura del sistema de Telemedicina con 174 equipos, para agilizar el acceso a consulta en 15 especialidades y subespecialidades médicas de mayor demanda a pacientes atendidos en unidades médicas de localidades lejanas, vinculándolos con 14 Hospitales Regionales y con el Centro Médico Nacional “20 de Noviembre”.

Antes de que se diera a conocer el primer caso de COVID-19 en México, Ramírez Pineda recorrió clínicas y hospitales generales de la Ciudad de México, Chihuahua, Colima, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Morelos, Nayarit, Oaxaca, San Luis Potosí, Sinaloa, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas, con el fin de supervisar los servicios y verificar la operatividad de nuevo equipamiento, en donde informó a directivos y trabajadores de las acciones emprendidas para enfrentar los retos en salud.

En sus visitas también sensibilizó al personal sobre la optimización de los recursos, atendió problemáticas urgentes y los exhortó a trabajar enfocados en mejorar la atención a los derechohabientes con los recursos disponibles, para darles un trato digno y de respeto, con mayor calidad humana. Digo.

[email protected]  www.entresemana.mx  @msanchezlimon

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