María Esther Beltrán Martínez Fotos: Cortesía del Museo del Prado.

Madrid, España.- El Museo del Prado conmemora su bicentenario con decenas de actividades culturales para todos los gustos. El 19 de noviembre de 1819 se abrió el Museo Real con fondos procedentes de las colecciones reales y es hasta hoy en uno de los principales depositarios de la memoria pictórica occidental y es un punto de referencia en el arte nacional español como internacional.

Aunque el Museo del Prado no se encuentra entre los veinte más visitados del mundo, destaca por ser el segundo más visitado de España, en el 2017 reportó más de 2 millones de visitantes.

Para comenzar la celebración por el bicentenario, se inauguró la exposición Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria. La muestra incluye un total de 168 obras originales, 34 procedentes de distintas instituciones nacionales e internacionales, además se tiene material auxiliar como: cartelas, mapas, gráficos, reproducciones fotográficas e instalaciones audiovisuales.

El curador de la obra es Javier Portús, Jefe de Conservación de Pintura Española (hasta 1700) del Prado.

“La muestra propone un recorrido cronológico por el devenir del museo, que es un criterio que permite subrayar lo que tiene de institución viva y especialmente permeable a los vaivenes históricos del país. Entre los hechos que se han tomado como puntos de referencia principales a la hora de hilvanar esa historia figuran la conciencia patrimonial española, la forma como se ha ido resolviendo el diálogo de la institución con su público y la sociedad, el reflejo que han tenido en el museo algunos momentos críticos de estos dos siglos de historia nacional, los criterios por los que se ha guiado el enriquecimiento de sus colecciones y la política expositiva, el desarrollo de la historia del arte como disciplina humanística, el impacto que han tenido el museo y sus colecciones sobre el arte y los artistas de los siglos XIX y XX o los contenidos simbólicos que se han ido asociando a la institución.

El recorrido cronológico se articula en ocho etapas a través de las que se muestra cómo la institución ha desarrollado una personalidad propia, que a su vez ha sido reflejo del devenir histórico del país”.

Destaca que entre los temas tratados, por su relevancia artística, el de la importancia que ha tenido el museo como espacio de reflexión e inspiración para sucesivas generaciones de artistas nacionales e internacionales, que se encuentra representado con obras de Renoir, Manet, Chase, Sargent, Arikha o Pollock, entre los artistas foráneos, y de Rosales, Saura y, muy singularmente, Picasso, entre los nacionales.

El recorrido ilustra también, sirviéndose de todo tipo de documentos y obras de arte representativas en cada caso, los avatares institucionales del Prado; la manera como han ido creciendo sus colecciones, y la variedad de fórmulas que se han empleado para ello; los criterios de organización y exposición de la colección; la forma como ha ido asumiendo la promoción de los estudios histórico-artísticos; y las formas a través de las cuales ha ido plasmando su vocación pedagógica, y se ha expresado su relación con la sociedad.

Entre las secciones se encuentra El franquismo, data 1939-1975, décadas centrales del siglo XX donde el museo estaba consolidado en la cultura occidental. Y su historia estaba marcada debido que muchos escritores e intelectuales utilizaron sus salas y sus obras para reflexionar sobre cuestiones que trasciendían las puramente histórico artísticas. Esa tendencia se agudizó desde mediados de siglo, y ha dado lugar a un corpus de ensayos, poemas, piezas de teatro y otras obras literarias de una notable envergadura y gran variedad.

Explican que paralelamente, fueron muchos los artistas contemporáneos que -como en el siglo XIX- utilizaron las obras del Prado para enfrentarse no solo a su propia tradición profesional, sino también a asuntos generales de las condición humana, y que en sus propias pinturas, esculturas o fotografías reflejaron ese diálogo.

La nómina de creadores atraídos por el museo y sus obras es muy elevada y variada, e incluye a nombres como Pollock, Motherwell, Zoran Music, el Equipo Crónica, Antonio Saura y un largo etcétera. Algunos de ellos se sintieron especialmente atraídos por Las meninas, una obra cuya complejidad narrativa y estructural la hace muy atractiva al pensamiento contemporáneo, muy interesado en la metaficción, tanto literaria como artística. Entre los muchos que se sintieron atraídos por el cuadro figuran artistas como Hamilton, Oteiza, o Arikha, pensadores como Foucault, o dramaturgos como Buero Vallejo. También Picasso, cuya famosa serie de 1957 está basada en el recuerdo personal que tenía de la obra.

Era un recuerdo vinculado a su instalación en la llamada “Sala de Las meninas”, por lo que en esta parte de la exposición habrá un espacio dedicado a ese lugar tan singular dentro de la topografía del museo. El notable desarrollo de la fotografía y la filmografía durante la segunda mitad del siglo XX hace que haya quedado una gran cantidad de imágenes y grabaciones que muestran el museo y sus salas habitados por visitantes, la mayoría de ellos son anónimos, pero otros son personajes importantes de la vida artística, intelectual, cultural y social de la época. Por eso, esta será la sección en la que se dará cabida a los visitantes del Prado, a través de fotografías y grabaciones. Entre todos estos apartados, este capítulo de la exposición será el que describa de manera más nítida hasta qué punto el museo había alcanzado ya un lugar importante en nuestro imaginario colectivo”.

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