Miguel Ángel Casique Olivos

En Morena son malos como perdedores y peores como ganadores: Ruiz Massieu

Hace algunos años, el ganador del Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, aseguró que “un sistema económico que no proporciona bienestar a una parte muy importante de la sociedad, es un sistema económico que fracasa”; también se puede decir, porque está a la vista de todos, que el gobierno de una nación que no proporciona bienestar a una parte mayoritaria de su población, -y no lo que el gobierno en turno quiera imponer, sino lo que la masa empobrecida necesita y requiera-, será un gobierno que fracasará tarde o temprano.

Esto es vigente por lo que en estos días está ocurriendo en México con la llegada del nuevo gobierno morenista a la presidencia del país, encabezado por López Obrador. La nueva administración arribó con un discurso de la 4ta Transformación; este discurso que abrió el sexenio mucho antes de tomar posesión el 1º de diciembre, ha logrado reacciones en todos los terrenos, a tal grado que ni analistas, periodistas, políticos y quizá ni el mismo gobierno, que es quien debe llevar las riendas del país, sabe a dónde irá a parar o hacia qué rumbo se llegará con las decisiones erróneas y confusas que se están tomando.

Y es que muy rápido observamos, sin que concluya aún el primer mes de gobierno, mucha polarización, reacciones y malestar en casi todas las estructuras de poder; según el presiente quiere cambiar el rumbo del país y está con todo en la creación de “Mega proyectos” que han producido cierta resistencia; y ahora, con la presentación del Proyecto de Presupuesto 2019, también se han despertado reacciones, por ejemplo en el área educativa, donde a la máxima casa de estudios la UNAM, más la UAM y el IPN protestan y amenazan con realizar mítines en las próximas horas.

Lo cierto es que todo está muy aprisa y da la impresión que así está planeado para evitar que las inconformidades crezcan. Tras realizar un diagnóstico del país, parece que el gobierno morenista acertó, es decir, su diagnóstico sí señala que el país está en una emergencia nacional, que está sumido entre la pobreza y marginación y que a ello se suman problemas como la corrupción, inseguridad y violencia. Así hemos visto que se acordó de inmediato formar la “Guardia Nacional “para atacar la inseguridad; crear una “Comisión de la Verdad” para dar alguna “solución” al tema de Ayotzinapa y para evitar la corrupción se ha decidido centralizar decisiones y para eso, por ejemplo, se pretende usar a los superdelegados.

Algunas de las decisiones que ha tomado el gobierno de AMLO como no hacer una reforma fiscal, no modificar las comisiones bancarias y no subir las tasas impositivas tienen como propósito limar asperezas y acordar entre grupos de poder como empresarios o inversionistas, tranquilidad y tener una correlación de fuerzas que apoye los cambios morenistas; esto también se refleja en el conflicto que se dio entre el Poder Judicial y AMLO o entre los gobernadores y el presidente cuando se habló de quién sería el autorizado para garantizar la seguridad en las entidades. Recientemente hay mucha tensión e inconformidad en el proyecto de presupuesto, desafortunadamente ya no sólo se está afectando a los intereses de una parte de la clase adinerada o rica, sino ahora se empieza también a afectar, con esas propuestas a la población en general, por ejemplo la reducción de recursos para la educación y a cultura o con la desaparición de Fonhapo y otros ramos que llevaban bienestar colectivo a las familias.

Si el diagnostico fue correcto lo que se ha visto después es otra cosa; en apariencia, se modificó algo sustancial con la llegada de un nuevo partido que se denomina de “izquierda” pero que su actuar lo hace ver como de derecha; llegó al poder y pretende desde ahí modificar todo sin tomar en cuanta a la realidad, sin tomar en cuenta que no se trata de hacer un borrón y cuenta nueva, sino de conservar lo que está bien y lo que puede servir para desarrollar el país con ese nuevo diagnóstico. Lo que López Obrador quiere es, por un lado, lanzar grandes proyectos como las refinerías y el Tren Maya y, por otro, garantizar apoyo directo a las personas de la tercera edad, a los ninis y estudiantes, y con esto último asegurar prematuramente el voto para los próximos tres años o cuando se la ocurra realizar alguna consulta.

En México una política de austeridad es correcta, una política de reajuste en el Proyecto de Presupuesto 2019 también puede ser correcto; pero esto debería de ir acompañado de una política real de recaudación eficiente de recursos por alguna vía, como por ejemplo que paguen más lo que ganan más, desgraciadamente esto último está ausente y no se ve por ningún lado. El gobierno, por tanto, tiene la misma bolsa de dinero y lo único que está haciendo es redistribuirlo como a él le conviene y como le vaya a garantizar perpetuarse en el poder; jamás, parece ser, las acciones están encaminadas a lo que los 130 millones de mexicanos necesitan y esperan. En el gobierno de López Obrador, todo cambia para que todo siga igual.

El clímax no político…

Aunque usted no lo crea, el PRI se declaró en “resistencia” frente al nuevo gobierno, al menos esa fue la declaración de su Presidenta Nacional, Claudia Ruiz Massieu, este lunes 17 de diciembre, al decir que el PRI está en “franca resistencia” ante el régimen autoritario que busca gobernar por encima de las instituciones, de la ley y de los derechos.

Tras advertir que vendrán tiempos difíciles para México y para el PRI, porque la nueva administración no quiere gobernar desde la pluralidad democrática, si no dominar desde la intransigencia de su mayoría, pareciera una verdadera declaración de guerra, algo que está muy lejos de tomarse así; a pesar de todo la dirigente del Institucional remarcó que Morena, tras haber prometido una regeneración nacional, lo que “realmente prepara es la anacrónica restauración de un gobierno unipersonal”. “Ya sabíamos que en Morena son malos como perdedores, pero hoy cada vez más, México se da cuenta que son peores como ganadores”. Por el momento, querido lector, es todo.

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