Miguel Ángel Casique Olivos

Equívoca política de asistencialismo y persecución

¿Qué Presidente de México ha lanzado una “consulta ciudadana” para enjuiciar a expresidentes? La respuesta es: ninguno. El miércoles 13 de febrero, el Presidente aseguró que quienes han servido a México desde la Presidencia de la República, desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, podrían enjuiciarse. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aseguró que existe la posibilidad de realizar una “consulta” y agregó: “si queremos abrir los expedientes, empecemos por los de arriba y lo decidamos entre todos”.

AMLO insiste en que para no regresar a los gobiernos (anteriores) neoliberales debe exhibirse ese tipo de régimen y aseguró que le importa más que se desnude lo que fue el régimen neoliberal, la política del saqueo, el engaño, ¿cómo se apoderaron del gobierno? y ¿cómo secuestraron al gobierno para ponerlo al servicio de una minoría rapaz?; asegura que esas acciones le importan más que otras porque no quisiera que en el futuro se regresara a ese modelo.

En este último punto el Presidente parece tener razón, porque el modelo neoliberal, que ha traído pobreza, marginación y miseria para el mundo y para nuestro país en especial, donde la cifras rondan los 100 millones de pobres, no debería desaparecer; pero donde el mandatario no acierta es en el camino que debe seguir para hacerlo. Hay que cambiar el modelo neoliberal, sí, correcto, pero hay que cambiarlo por uno que mejore la vida de las mayorías empobrecidas y en el que verdaderamente participe el pueblo; y eso no se logra improvisando consultas como las que ha realizado, en las que apenas se registra una participación del uno por ciento de los mexicanos.

Se debe cambiar el modelo neoliberal, pero para eso hace falta tener una visión completa y bien razonada de lo que se quiere lograr; por ejemplo: cambiar la política fiscal haciendo que paguen más los que ganan más, pero el gobierno de AMLO no toca para nada a la clase rica o a los empresarios, ellos siguen pagando lo mismo y siguen teniendo privilegios de trabajo y más obras; pero hasta ahorita el nuevo partido en el poder no ha dicho a cuánta gente va a beneficiar con empleos; tampoco se ha dicho AMLO las medidas que propone para elevar el salario de los mexicanos; finalmente, no basta que el dedito del Presidente emita un decreto para que el gasto público se reoriente a las necesidades de los masas populares; en pocas palabras, el Gobierno Federal no tiene políticas serias y eficaces para atacar y resolver de fondo las necesidades de la gente.

El Gobierno Federal viene implementando una política populista que no pretende ni de lejos erradicar el modelo neoliberal; su combate a la pobreza es erróneo y equivocado, porque en ninguna parte del mundo ha funcionado regalar dinero a la gente, a través de los Programas de Transferencia Monetaria, y está demostrado que este tipo de programas no han logrado en más de tres décadas que México deje atrás la pobreza y miseria; la razón es sencilla, se subsidia el consumo de los mexicanos pero no se desarrolla su capacidad productiva, crece la desigualdad y la población se empobrece cada vez más.

Una política como la que va a implementar AMLO, repartiendo dinero, aunque sea “sin intermediarios”, y dejando fuera de sus planes la realización de obra social básica en materia educativa, cultural, deportiva, vivienda y salud, está condenada a fracasar en el combate a la pobreza. El gobierno actual pretende cargar el fracaso de los programas sociales a las organizaciones sociales, acusándolas de intermediarismo; pero eso es falso y absurdo, dado que el dinero de tales programas siempre lo ha entregado personalmente el gobierno en turno; y el esquema de entregar tarjetas bancarias tampoco es una innovación atribuible a la Cuarta Transformación; antes lo hacia el PRI, después lo hizo el PAN y ahora lo hará Morena. Como eje principal de sus acciones, el gobierno lopezobradorista está destinando sus mayores esfuerzos a esos programas y dejando sin presupuesto proyectos que ayudan en serio a la gente, como la construcción de escuelas, introducción de ser- vicios básicos, casas de cultura, etcétera, obras que han demostrado ser más efectivas en el combate a la pobreza.

A su equivocada política contra la marginación y miseria se suma ahora la propuesta de implementar una “consulta ciudadana” para enjuiciar a los expresidentes; se trata de convertir a alguno de ellos, exhibiendo su cabeza como objeto propagandístico para que todo mundo se entere cómo hace justicia el nuevo gobierno. De entrada, la medida parece una buena idea para recuperar su bono mediático; sin embargo, tanto AMLO como sus asesores no deben olvidar que ya no estamos en el mes de octubre, cuando se hizo la primera “consulta” sobre el tema del aeropuerto. Ya casi se cumplen los primeros 100 días del gobierno los mexicanos empiezan a condenar las políticas de la “democrática y popular” Cuarta Transformación. Finalmente, la persecución contra organizaciones sociales es una política errónea y que traerá sus consecuencias, le guste o no al señor Presidente.

El clímax no político…

Al presidente López Obrador le siguen lloviendo las críticas, ahora con el tema de la Guardia Nacional, pues aunque gobernadores la avalaron éstos han hecho presión y dijeron que se debe atender y fortalecer las policías estatal y municipal. Por otro lado, Jan Jarab, titular de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en México, aseguró que es sorprendente como el Estado Mexicano insista en fortalecer una lógica militar que privilegia la muerte de quienes considera “enemigos” en lugar de reconocer las garantías individuales, comenzando por el derecho a la vida.

La preocupación llegó hasta esa oficina y se ve riesgoso que la militarización de la seguridad pública se eleve a rango constitucional y el Comisionado Jarab ha dicho que es un error y un riesgo crear la guardia nacional con carácter militar. Por el momento, querido lector, es todo.

 

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