Miguel Ángel Casique Olivos

Respuesta a los abucheos y disculpa por la Conquista;
un show mediático

Desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la Presidencia de México, aquel 1o de diciembre, se ha visto que sus decisiones son más de índole personal que de Estado, que tengan que ver con la vida política, económica y social de una nación entera que ya ronda los 130 millones de mexicanos.

Pero además de tomar las decisiones de Estado como si fueran algo personal o hasta familiar, el Presidente marca la agenda mediática; todo lo que dice en las conferencias mañaneras, foros y entrevistas no busca solo informar de lo que hace el gobierno, sino colocar una temática, muchas veces sin sentido, que más bien parece la ocurrencia de alguien, eso sí, bien planeada, de un lado reduce la posibilidad y capacidad de respuesta a quienes afecta y ataca con sus declaraciones; y hay quien dice que sus temas sirven para crear una cortina de humo que oculte las fallas del gobierno morenista.

Las mañaneras son el punto central de su estrategia de comunicación; el Presidente elige el personaje de la oposición a quien dañará y atacará y la prensa a su servicio arremete de inmediato contra él para completar la tarea. Por el mes de febrero, AMLO comenzó a realizar conferencias en los estados, la primera fue en Monterrey; ahí estuvo acompañado por El Bronco; con este pequeño cambio también comenzó a elegir qué estados eran sus contrincantes y dónde, según él, necesita acercarse más a la población.

Forbes comentó que en sus dos primeros meses de conferencias se descubrió que AMLO evade el 30 por ciento de las preguntas que le hacen los reporteros, que los temas que más ha abordado son la corrupción, la Guardia Nacional, la explosión de Tlahuelilpan, la muerte de la gobernadora Erika Alonso y Rafael Moreno Valle o el combate al huachicol y que la respuesta a estos problemas ha sido notoriamente improvisada, quedando exhibida su limitada capacidad para manejar políticas públicas y financieras eficaces.

La semana anterior dos cosas destacaron en los medios: una, la más ridícula, y otra, la más peligrosa. La primera, algo de lo más risible, fue la exigencia de AMLO al pedirle al rey de España que se disculpe por la Conquista, algo que México y España finiquitaron desde el 28 de diciembre de 1936, con el Tratado de Santa María-Calatrava; ahí el gobierno español (monarquía) reconoció la independencia de México como “nación libre, soberana e independiente”; con ese tratado, las relaciones diplomáticas se retomaban y finalizaban las tensiones entre ambos países. ¿Qué se oculta con esa declaración? ¿Solo es la pifia pejista del día?

La segunda acción, peligrosa por su naturaleza, fue el abucheo que recibió AMLO durante la inauguración del estadio de beisbol de los Diablos Rojos; al ingresar él y su comitiva recibieron el abucheo, acompañado de una rechifla en la que se dejaba oír el grito de “¡Fuera, fuera, fuera!”; la reacción fue la de un Presidente desconcertado; su rictus de preocupación decían a las claras que no esperaba esta conducta de los aficionados.

AMLO contestó que la rechifla venía de “la porra del equipo fifí”, pero lo sucedido pasará a la historia como el primer abucheo contra el Presidente de la Cuarta Transformación, y es apenas el comienzo de una repulsa que irá escalando, si no en lo inmediato, sí en eventos futuros, porque la población se está desencantando del “nuevo” gobierno.

Si el Gobierno Federal hace una buena lectura política de la rechifla, deberá tomar medidas de control de daños, que pasan por identificar los focos de la inconformidad social y atender sus problemas antes que el encono alcance niveles incontrolables.

Porque, ¿qué sigue tras el primer abucheo?, más reclamos y exigencias, no solo de los 30 millones que votaron por AMLO, que irán en primera fila, sino del resto de los mexicanos. El Gobierno Federal debe reencauzar sus políticas y velar por los intereses de la sociedad, implementando proyectos eficaces para acabar con la pobreza. La exigencia de AMLO de que el rey de España se disculpe por la Conquista y la respuesta a los abucheos, no dejan de ser un mero show mediático del Presidente de la 4T. Por el momento, querido lector, es todo.

 

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