Miguel Ángel Casique Olivos

El pueblo está tocando la puerta para una nueva opción

La expresión “Los astros se están alineando” es recurrente para hacer alusión a que algo positivo está por llegar o por suceder; aunque también los astros se pueden alinear en sentido negativo, sobre todo para quien considere que ya no puede regresar al pasado y que las cosas van a llegar a como dé lugar, simplemente porque la realidad así lo grita.

En la historia de los partidos políticos de México y quizá también del mundo, hemos visto casi la misma película; hemos constatado cómo cada uno de ellos va siendo víctima de sus mismas corrientes, facciones o dirigentes. Una de las explicaciones de esto es que, aunque los principios básicos o los estatutos de cada ente político tienen sus raíces en “verdaderas expresiones” populares, una vez que se conforma el grupo político y tienen éxito al conquistar un poder municipal, estatal o federal, las cosas son diferentes.

En la historia de los partidos políticos de México y quizá también del mundo, hemos visto casi la misma película; hemos constatado cómo cada uno de ellos va siendo víctima de sus mismas corrientes, facciones o dirigentes. Una de las explicaciones de esto es que, aunque los principios básicos o los estatutos de cada ente político tienen sus raíces en “verdaderas expresiones” populares, una vez que se conforma el grupo político y tienen éxito al conquistar un poder municipal, estatal o federal, las cosas son diferentes.

Y son diferentes porque a la estructura burocrática que los conforma y a sus dirigentes no les interesa cambiar la situación política, económica y social del país, por eso relegan casi totalmente a sus militantes, pues solamente les importa mantenerse en el poder político.

Durante su campaña, los candidatos venden hasta el alma al diablo por un voto, pero después vuelven la espalda y abandonan a su suerte al pueblo que les dio su voto, negándose a solucionar sus carencias y recurriendo a la manipulación mediática a través de encuestas e informes que falsean la realidad.

La operación de los partidos políticos, especialmente durante las campañas electorales, se decide en la cúpula; las bases se mantienen al margen, pues las dirigencias no consideran conveniente “darles juego”, y se limitan a incluir de vez en cuando a algunos “líderes” que simpaticen con el candidato o partido, creyendo que así obtendrán los mismos resultados sin molestarse demasiado. Y una vez encumbrados en el poder, los políticos creen que bastará implementar dos o tres acciones de gobierno para hacer que los pobres se conformen.

El fenómeno se repite en cada elección. En las últimas dos décadas, los partidos políticos y los gobernantes emanados de ellos han despertado expectativas entre el pueblo, recogiendo durante su campaña voces auténticas y originales que tienen algo o mucho que decir, reclamar y proponer para ayudar a nuestro país; pero concluido el proceso electoral, esas voces quedan marginadas de la agenda política y el pueblo queda apaleado y fuera del juego.

Pero a pesar de tantos errores políticos de los gobernantes y de la frustrada esperanza de cambio, se ve una luz al final del túnel. Durante mucho tiempo, las puertas han estado cerradas para el pueblo; los políticos y gobernantes no escuchan las voces de protesta y se conducen con prepotencia, autoritarismo y arrogancia; es casi total su menosprecio hacia el pueblo trabajador, hacia la clase que con su energía mantiene la vida de este México, el único que tenemos.

Las cosas han empeorado con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República; durante su campaña, el manipulador discurso se repitió hasta la náusea; las “benditas” redes sociales fueron el motor y el eje principal para canalizar la inconformidad social, objetiva y con bases reales; pero una vez instalado en el cargo, el nuevo mandatario comenzó a hacer y deshacer sin escuchar la voz del “pueblo bueno y sabio” a impulsos de su mal disimulado autoritarismo, lo que lo exhibe como un dictador; su deseo de pasar a la historia lo ha hecho concebir la idea de que puede permanecer más de un sexenio en la silla presidencial, incurriendo en las mismas prácticas reeleccionistas que tanto criticó.

Su desconocimiento de la realidad económica y política de México, su autoritarismo y sus erróneas y mal planeadas estrategias están generando un malestar social que amenaza a las instituciones. Sin embargo, esa inconformidad del pueblo se ha convertido ya en la antesala de otra opción de gobierno, que represente verdaderamente al pueblo y que, como escribiera el poeta Friedrich Schiller: “¿Quién a su voz resistirá sentida?… Entonces allí toda grandeza humana se inclina ante ese incógnito gigante, cesa el rumor de la alegría vana, arroja toda máscara el semblante; y la verdad en su victoria mira deshecho todo ardid de la mentira. Así quimeras frívolas destruye, cuando resuena poderoso el canto”. El pueblo vendrá y reclamará lo que es suyo, el pueblo vendrá y tocará a la puerta de una nueva opción de gobierno. Por el momento, querido lector, es todo.

 

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