Vladimir Galeana

Hasta ahora de lo único que podemos tener certezas los mexicanos es que el Gobierno Encabezado por Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en una fábrica de mentiras.

 Y hay que señalarlo de forma responsable, porque miente por necesidad, como lo acostumbró durante toda su vida de activista recorriendo todos los rincones del país, engañando a la gente y sembrando una esperanza que hasta ahora no termina de cuajar, y por el contrario, pareciera que el derrumbe de su administración ocurrirá en el corto plazo de no poner fin a esas ocurrencias y a su discurso pletórico de mentiras.

                      (Fotografía La Jornada)

En otro episodio más de esta circunstancia que le ha otorgado identidad a la mal llamada Cuarta Transformación, el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell Ramírez, informó que la epidemia del Coronavirus en México se hizo más lenta en Julio y que, con todo y que continúa, ya se tiene mayor control sobre ella. Claro está que los mexicanos nos hemos acostumbrado a sus mentiras, y para decirlo más claro, su credibilidad ha alcanzado altas proporciones de cinismo con tal de mantener un control de daños para el régimen que representa.

El especialista José Luis de la Cruz, Director General del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, Asociación Civil, señala que la economía Mexicana se encuentra ante un cambio estructural, en el que la “nueva normalidad” no será un tránsito que la lleve a la situación prevaleciente antes de la recesión, y que la información oficial disponible lo confirma: el retroceso del Producto Interno Bruto de menos dieciocho punto nueve por ciento registrado durante el segundo trimestre del año ha sido el mayor desde que se tienen estadísticas trimestrales, y que el antecedente anterior ocurrió en el segundo trimestre de 2009, pero con menos nueve punto uno por ciento.

También establece que la mayor afectación ocurrió en el sector secundario, y que la Industria Mexicana enfrenta una erosión sistémica que inició con la ausencia de una política industrial que se exacerbó por la recesión que inició a finales del 2018, y que el confinamiento causado por el Covid-19 ha llevado a una caída no observada en la historia contemporánea del país. Para colmo de males, durante el segundo semestre del año la actividad industrial bajó a un menos veintiséis por ciento, superando la contracción de menos catorce punto dos por ciento del segundo trimestre de 1995 y de menos once punto cinco por ciento del mismo periodo de 1982.

No sé si por la naturaleza de su encargo, o por su especialidad como sembrador de esperanza, el Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador siga mintiendo con tal de evitar la baja en su popularidad, que por cierto ha disminuido a índices por debajo del cincuenta por ciento según las mediciones realizadas por el especialista Roy Campos, y con seguridad la tendencia a la baja se presentará hasta en tanto los mexicanos sigan padeciendo las afectaciones que su indolencia ha provocado en su economía familiar.

Andrés Manuel López Obrador ha sido el mayor fabricante de mentiras de la historia de este país, y es de entenderse que los mandatarios mientan, porque tienen por obligación mantener viva la esperanza de que “”vendrán tiempos mejores”, pero cuando la desfachatez es producto de una tendencia de gobierno como la que han venido practicando los destructores populistas de este Continente, lo único seguro es la quiebra de las finanzas públicas, y por consecuencia el empobrecimiento de los ciudadanos, pero lo peor es mentir de forma brutal todos los días como lo hace el actual Mandatario. Así de simple nuestra lamentable circunstancia. Al tiempo.

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