Fieramente humanos. Retratos de santidad barroca narra la construcción de la imagen de la santidad

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María Esther Beltrán Martínez   Fotos: J. Carlos Santana

 

Málaga, España.-  El Museo Carmen Thyssen Málaga, presenta la exposición Fieramente humanos. Retratos de santidad barroca. recoge una selección de 35 pinturas y esculturas españolas y algunos ejemplos italianos del período, con firmas de primer nivel como Ribera, Cano, Vaccaro, Murillo, Giordano, Velázquez, Ribalta, Orrente, Martínez Montañés o Mena.

Lourdes Moreno, Directora artística del museo explica que está exposición tiene el objetivo de narrar la construcción de la imagen de la santidad en el siglo XVII, desde el realismo más intenso y emotivo.

“La santidad y su representación artística fueron dos aspectos que caracterizaron la cultura del Barroco en España. Tras el Concilio de Trento (1545-1563), el culto a los santos como mediadores y la definición del catolicismo como una religión decididamente visual fueron ejes de la reacción católica a la Reforma protestante. A partir de finales del siglo XVI, en España, las imágenes pictóricas y escultóricas de la santidad se multiplicaron. Su propósito fue mover a los fieles a la imitación devota de los modelos de virtud que en ellas se mostraban y, para lograrlo de forma eficaz, se intensificó su realismo. El objetivo fue llegar al corazón de los espectadores a través de obras de enorme verismo y gran carga dramática y, así, crear imágenes de fuerte impacto emocional”.

La muestra cuenta con la colaboración con el Museo de Bellas Artes de Valencia y comisariada por su director, Pablo González Tornel,  quien explica que estas obras poseen un realismo casi fotográfico, cristalizado a través del naturalismo de rostros, cuerpos, tejidos y objetos, una iluminación dirigida y contrastada y unos formatos monumentales. En consecuencia, las imágenes de santidad del Barroco son, al mismo tiempo, instrumentos de propaganda de la fe y plasmación universal y atemporal del dolor y las debilidades de unos seres fieramente humanos.

“Durante más de medio siglo, los grandes artistas del Mediterráneo, como Ribera, Cano, Vaccaro, Murillo, Giordano, Velázquez, Ribalta, Orrente, Martínez Montañés o Mena, exploraron las relaciones entre realismo y devoción guiados siempre por el naturalismo más crudo. Desde Valencia, Sevilla, Madrid, Milán o Nápoles, los santos bajaron de los altares y se confundieron con los fieles para mostrase ante ellos como seres de carne, sangre y lágrimas. Humanizados como nunca, los héroes y heroínas del catolicismo dejaron de ser iconos y se manifestaron como reales a través de un extenso caudal de imágenes nacidas para persuadir y conmover que supuso una de las cumbres de la historia del arte en España”.

Agrega que más de trescientos años después, este retrato de una santidad real, humana y emocional se transforma en el mundo contemporáneo para mostrar que ciertos valores de la cultura visual son intemporales. Tres obras maestras del arte español actual fruto de la genialidad del Equipo Crónica, Darío Villalba y Antonio Saura establecen un diálogo franco con el Barroco y muestran que, hoy como ayer, el mundo se mueve a través de las emociones.

Gónzalo Tornel explica que retratar la santidad no fue una tarea sencilla para los artistas del Barroco, pues el simulacro debía contener no solo los rasgos físicos de un hombre o una mujer excepcional, sino que se pretendía encapsular también en la imagen su esencia espiritual.

“Solo así el pintor y el escultor podían presentar al fiel un modelo de perfección cuya humanidad mortal convertía la imitación en posible. Empatía y simpatía fueron los mecanismos empleados por el artista para hacer que sus imágenes de santidad se convirtieran en seres casi cotidianos cuyo sufrimiento y aflicciones podían ser fácilmente entendidos y vividos por cualquier mortal. La muerte en olor de santidad de numerosos hombres y mujeres en el vasto imperio español de la Edad Moderna y el exitoso camino de muchos de ellos hacia la canonización, no hicieron sino alimentar la creencia en que la perfección espiritual en un cuerpo mortal era posible”.

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