Blas A. Buendía 

 

Porque así lo dictan las benditas redes sociales…

¡Fuera máscaras…!, parece la consigna presidencial al llegar el noveno mes del fallido gobierno de López Obrador, en el marco ilustrativo y lapidario de las benditas redes sociales que de forma inmediata, toda noticia escandalosa le da la vuelta al mundo en segundos.

Y es que finalmente la terca realidad se encargó de exhibir al verdadero presidente mexicano; intolerante a la crítica y aspirante a una prensa domada; déspota y autoritario ante el reclamo popular y gustoso de los lujos de un Virrey que, a partir de hoy, vivirá en un museo llamado Palacio Nacional.

Ojalá, que entre la tenebrosidad de los fríos espacios y las paredes oscuras del antiquísimo Palacio Virreinal, se le aparezca el fantasma de Juárez, para que éste a su vez, le reclame porqué se anda pirateando su acervo cultural histórico. Del susto, seguramente el Virrey López caería muerto de un segundo infarto al miocardio, éste sí, fulminante, que pondría fin a su cuestionable y forma tan vergonzosa para gobernar a un extraordinario país como es México.

¡Fuera máscaras…!, pareció decir el presidente mexicano al desechar los modestos y molestos Tsuru y Jetta, para viajar por todo el país en lujosas camionetas blindadas desde donde ya no logra ver y tampoco pulsar al México pobre, porque viaja como “gobierno rico”.

¡Fuera máscaras…!, ordenó el nuevo Virrey mexicano, quien a partir de hoy vive y despacha –simultáneamente- en Palacio Nacional; Virrey al que le pareció poco la Residencia Oficial de Los Pinos, que olvidó el humilde “depa” de Copilco y hasta se le hizo chiquita la colonial Casa de Campaña de la Roma.

¡Fuera máscaras…!, porque no habrá más engaños como aquel de que “¡no más gobierno rico y pueblo pobre!”, porque el Virrey mexicano ya vive y duerme en las lujosas habitaciones de Palacio; porque saborea el mondongo y las garnachas en el lujoso comedor de Palacio, bajo los candiles centenarios y porque su sueño se hizo realidad; vivir como nadie en México, como Virrey.

¡Fuera máscaras…!, porque de viva voz, el presidente mexicano derribó “el mito” de que la democracia mexicana es respetuosa de la libertad de expresión y de la prensa libre. Lo cierto es que por mandato del Virrey, en el México de hoy, la expresión libre de las ideas ya no es más la reina de las libertades democráticas, sino la esclava del tirano.

Hoy, en el México del Siglo XXI y por orden del Virrey López, los medios deben ser aliados del reino y los periodistas deben “portarse bien” con el Virrey, con su Corte; deben elogiar las políticas de cambio y ¡…ay…! de aquel pinche reportero que se atreva a cuestionar, a criticar al Virrey, porque entonces caerá sobre su cabeza todo el peso del espionaje virreinal, que a final de cuentas, ese periodista incómodo no tendrá derecho al Peje chayo oficialistamente sagrado….

¡Fuera máscaras…!, porque tanto articulistas, como editorialistas y hasta columnistas de todo el territorio deberán tomar partido a favor del Virrey Andrés; pensar y opinar igual que el tirano mexicano, porque la Pragmática del Virrey ordena que los próceres del periodismo están al servicio de todas las ocurrencias virreinales y, en lugar de opinar, deberán aplaudir cuan focas locas y desbocadas; en lugar de criticar, deberán elogiar, ser tapete del Virrey.

¡Fuera máscaras…!, porque se acabó el molesto cuento de que “primero los pobres” con “Honestidad Valiente”; porque la realidad confirma que los primeros desempleados son los pobres, los más afectados por la falta de guarderías son los pobres; porque la peor educación, la peor salud, los peores servicios, son para los pobres.

¡Fuera máscaras…!, porque cuando los pobres y los desposeídos reclaman y exigen –como exigieron y reclamaron los desempleados en San Luis Potosí–, entonces aparece el verdadero López Obrador; tirano que exige obediencia ciega, que ordena docilidad total, que prohíbe las marchas y las movilizaciones, porque ya no son herramientas válidas; ya no valen porque el Virrey López es el único llamado por la luz divina para protestar, realizar plantones y manifestaciones callejeras. Un gobierno fallido, por donde se le vea…

“¡No merezco ese trato!”, gritó descompuesto, fuera de sí el Virrey a una plebe que, por horas, lo siguió para exponer su desempleo a cuestas; “¡son provocadores y no me dejo chantajear por nadie!”, grita a los desempleados el rey de la provocación, del chantaje; el político que maltrata a todo un país, pulveriza sus instituciones republicanas, y que destruye toda una democracia, como la mexicana. ¿En qué mente de un loco cabe tanta estupidez?, muchos se preguntan.

En efecto, hoy nadie se puede llamar a engaño, a sorpresa; hoy nadie puede argumentar que no sabía quién es López Obrador. ¡López Obrador es, ahora y por siempre, un potencial peligro para México!

Y es que el presidente mexicano se quitó las máscaras que por años utilizó como “instrumento engañabobos” y se exhibió tal cual; retrato en sepia y de cuerpo completo.

Y por eso, frente a esa forzada “honestidad” presidencial, porque al fin podemos ver al presidente de carne y hueso, debemos decir “¡gracias, presidente Obrador!”

Gracias porque ya no engañe a nadie; gracias porque se quitó la careta de demócrata, de humilde, de amoroso amante de los pobres; gracias porque nos regaló una calca del “no les pago para que me peguen” de López Portillo.

Gracias, porque al exhibir que siempre soñó vivir como Virrey, se ganó a pulso el mote del “Virrey de México”.

Y sí, sólo falta confirmar su nuevo nombre; Porfirio Andrés Díaz Obrador.

Señor López, es preferible que por salud mental, ética parlamentaria presidencial, renuncie de forma inmediata a la Primera Magistratura de la Nación, porque de plano, está cometiendo “la peor pifia de sus errores”, porque día a día ha mostrado su evidente ignorancia para administrar, porque si no lo hace, está despertando a ese México bronco –sumiso o no sumiso- que a final de cuentas, le hará el sainete de convertir al país en la primera Guerra Civil del nuevo milenio.

Todos los motivos, habidos y por haber…, están a la luz de las circunstancias. No le falta ninguno para acelerar su rotunda e inapelable renuncia a la Presidencia de México, por su evidente I_N_C_O_M_P_E_T_E_N_C_I_A…., y lacerantemente padecer de problemas irreversiblemente siquiátricos –ya estudiados ante la opinión pública-, que se traduce en advertir: “México está siendo gobernado por un loco”. Si no son estos y muchos otros motivos; entonces de qué estaremos hablando, de Venezuela…NO… De Cuba… tampoco… etc…

México no merece ser ni el traspatio de un orate presidencial y menos el traspatio de Estados Unidos, país que se dedica a invadir territorios para concretizar su hegemonía ante la debilidad de pueblos enteros de todo el mundo.

 

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