Blas A. Buendía 

 

En redes sociales derrumban las versiones que diera a conocer el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, referente a la intensa balacera que se desató en los suburbios de la ciudad de Culiacán, Sinaloa, donde arrojó un sinnúmero de personas fallecidas en la refriega con la que reculó la Guardia Nacional y el Ejército mexicano, cuyos elementos huyeron cuán viles cobardes dejando a la sociedad desamparada.

En las redes de Facebook se critica ampliamente a Andrés Manuel López Obrador quien en lugar de brindar y adelantar detalles sobre lo sucedido en Sinaloa durante su gira de trabajo por Oaxaca, no lo bajaron de “mentiroso” y “cobarde”, a grado tal que demandaron su inmediata e irrevocable renuncia al cargo de Presidente de la República, debido a su amplia y evidente incapacidad para gobernar.

Si las críticas fueran balas, la fisonomía de López Obrador quedaría con hoyos de regadera, masacrado por la opinión pública ya que en la víspera, había dicho “que mañana dará una conferencia de prensa para hablar sobre lo ocurrido en Sinaloa”, originando la crueldad de las observaciones en contra de su administración como gobierno federal.

En la mañanera del viernes, el presidente López argumentó: “No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas. Ellos tomaron esa decisión (la Guardia Nacional y el Ejército) y yo la respaldé”.
 
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Las imágenes y videos que circularon a nivel nacional e internacional, demuestran una vez más que México padece desde hace cinco sexenios un Estado fallido, y más ahora cuando la supuesta izquierda, lo único lo que ha hecho es desgobernar y crispar a millones de mexicanos.

Si bien Alfonso Durazo  justificó que la Guardia Nacional y el Ejército tuvieron que replegarse ya que “existía un grave riesgo de bajas de la población civil”, para millones de cibernautas les fue útil estas irresponsables declaraciones ya que las fotografías exhiben que no fue ni uno ni dos muertos, sino que hubo más de lo inimaginable.

En el resumen de los hechos sangrientos de Culiacán, se detalla que a la 1:30 PM del jueves 17 de octubre (2019),  Ovidio Guzmán estaba comiendo en una carreta  de mariscos en la colonia Tierra Blanca junto a ocho sicarios de su equipo de seguridad, más su esposa.

En dicha carreta había cinco familias más con varios niños. Llegó un equipo militar vestidos de civiles disque “especializado” de unos 50 elementos y cerraron las calles y lo acorralaron en dicho negocio pidiéndole se entregara sin poner resistencia.

Cuentan los clientes que él gritaba, “¡no tiren!”, “¡yo soy hombre, no cobarde!”, “¡hay familias y niños, no voy a poner resistencia!”

Entonces se entrega al equipo y se lo llevan resguardado hacia la Fiscalía que se encuentra a unos seis kilómetros de dicho establecimiento.

En cuanto se lo llevan, se van detrás sus escoltas y pidiendo refuerzos a su gente.  En pocos minutos se llena de gente de los Guzmán afuera de la Fiscalía y tratan de negociar y se resguardan con el detenido en una sala blindada, mientras también esperan los refuerzos militares, y ahí se desata una balacera afuera de la Fiscalía que está situada en pleno desarrollo Tres Ríos que es ahora casi el corazón de Culiacán pues está rodeado de plazas, restaurantes, negocios, escuelas, etcétera.

Al ver que no estaba resultando la liberación (los sicarios) se van a una colonia donde viven puras familias de militares y amurallan el lugar con pura gente de Guzmán y ponen a todos los reos, familias con todo y niños alrededor de dos pipas de gasolina y comienzan a amenazar que si se llevan a Ovidio van a quemar a todos.

Se dan cuenta que vienen apoyos militares de varios lados por carretera y comienza la guerra, piden refuerzos los “Guzmán” a toda su gente local y de las serranías cercanas, a la gente del “Azul”, del “Mayo Zambada” –con quien López Obrador está fotografiado cuando aún no era Presidente de México-, los “Limones”, los “Leones”, los “Avendaño”, los “Fernández”, los “Isidros”, los “Herrera”, los “Payanes”, los “Quinteros”, y otros tantos más que tienen sus propios equipos armados y gente.
 
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Todos ellos –según el resumen-, comenzaron a cerrar las entradas a Culiacán y las vialidades importantes de la ciudad, quemando camiones, tráilers y pipas, y todos los punteros que andan en motos comienzan a asaltar por toda la ciudad a los que andan en camionetas y los dejaban ir caminando.

Como fue a las horas de pleno tráfico ciudadano, la sociedad estaba resguardada donde le tocó estar en el momento que se desataron las balaceras; las líneas de teléfono saturadas pues todos en el lugar que les tocó estar, andaban averiguando dónde estaban sus familiares y como todos coincidían en que cerca escuchaban balazos porque fue literal en casi toda la ciudad, hubo un caos y psicosis total.

En un lapso de cuatro horas hubo más de 30 enfrentamientos con soldados y estatal  es en diferentes puntos de la ciudad, asimismo, arribaron refuerzos aéreos y más de 15 helicópteros volaban por la ciudad disparando donde veían claramente que había convoys de sicarios en ciertos puntos, pero no tardaron mucho en irse pues tumbaron un helicóptero con un misil a la altura del poblado “El Diez”.
 
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Fue ahí cuando decidieron liberar a Ovidio y como se lo llevaba su gente a resguardar a algún lugar seguro para ellos, de nuevo comenzaron balaceras por toda la ciudad, ya nomás para distraer la dirección de hacia dónde se lo llevaban.

Todavía a media noche se seguían escuchando balaceras en puntos diferentes de la ciudad; la balacera duró alrededor de once horas con dos momentos de intensidad: el primero cuando rodearon la Fiscalía y cerraron puentes y entradas de toda la ciudad que fueron como cinco horas de balazos en la zona más transitada de Culiacán, y después, cuando lo liberaron otras seis horas de balaceras a dispares para la distracción.

Todavía a las 7:00 AM del viernes 18 de octubre (2019), se siguieron escuchando esporádicamente balazos en diferentes zonas pero ya muy a lo largo. Sigue la ciudad casi desierta pues ya comenzó a salir uno que otro carro, por lo que las autoridades ya están sobre volando de menos dos helicópteros la ciudad de Culiacán.

Para la sociedad en general, da la sensación que hubo nula inteligencia en la intención de atraparlo (a Ovidio) pues no estaban preparados ni para retirarlo de la ciudad a tiempo y con muchos más refuerzos listos. Un grave error que puso a toda la ciudad en riesgo total.

No estamos a favor del narco –acusa el resumen-, de hecho hasta un tanto en contra pero creo que perfectamente saben cómo hacerle cuando en verdad quieren agarrar a alguien, usan tácticas muy sorpresivas y están preparados para todos los escenarios y con muchos refuerzos, nada parecido a lo que hicieron. Y menos que lo quisieron hacer en el justo lugar donde ellos tienen cerca todo su equipo, por eso ellos atendieron el llamado inmediato de refuerzos y con mucha más eficacia que el gobierno.

De lo que ha trascendido, a comparación del reporte del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, se sabe que son tres civiles muertos por balas perdidas y 13 civiles heridos, más siete soldados muertos y cinco policías fallecidos con armas de fuego, así como 13 agentes heridos. Por el lado contrario, cuatro sicarios muertos y varios heridos.

Paralelamente y en medio de este enfrentamiento, en uno de los penales de Culiacán, un grupo de reos aprovechó la fragilidad de las autoridades penitenciarias, para cuando menos 53 internos fueron ayudados desde el exterior tumbando un muro utilizando “tanque” tumbaron un muro, para darse a la fuga.

“Muy triste la situación por donde se le busque, porque Culiacán amaneció desolada”, concluye el resumen que en la conferencia del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, eludió mencionar.

 

 
 

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