Fuerzas del mal esclavizan reclusorios CDMX

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Blas A. Buendía

Las fuerzas del mal avaladas por una política gubernamental oclocrática con tendencias comunistas, se han establecido en el sistema penitenciario de México como la antítesis de la seguridad nacional y lo más corrompido de la sociedad que viene arrojando el arcaísmo en todos los penales que son minas de oro para los entes que los gobiernan.

La guerra intestina en reclusorios es constante. Se han originado invariables motines en las cárceles donde los autogobiernos ya están, por igual, rebasados por la sobrepoblación de presos, incluso, por encima de los cánones establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, han sido superados por las mafias que controlan los reclusorios, en sus dramáticos cuatro puntos cardinales.

Los llamados centros de readaptación social ya no obedecen a la política para lo que fueron creados; la reinserción social en México, desde toda la vida ha sido un mar de problemas, desagradables e impunemente inadmisibles con la consabida violación de los derechos humanos.

Gobiernos de todos los colores y sinsabores, van y vienen a través de los tiempos sexenales, y el sistema carcelario de México ya no impresiona a nadie porque está anclado en la miseria de las locuacidades de sus directivos, rebrotadas desde las curules del Congreso de la Unión donde quienes integran insensiblemente sus comisiones de “justicia”, jamás han dejado de ser entidades vetustas y ornamentos burocráticos.

Historiadores consideran que la reinserción social es la base de nuestro sistema penitenciario. Anteriormente los centros de reclusión eran lugares de castigo, actualmente se busca que el infractor comprenda cabalmente el daño que causó a la sociedad, así como sus repercusiones para brindarle ayuda integral que permita a éste, volver a la sociedad “sin ningún problema”.

Frente a este juicio confrontado como la antítesis de la reinserción social, es abrumadoramente comparativo con el mismo sistema carcelario porfirista de Lecumberri, el cual se había establecido por más de 70 años, como un sistema penitenciario “progresivo” cuyo objetivo era que el recluso sufriera, a lo largo de su vida en prisión, por una sucesión de periodos de reacomodo social.

Obligado es describir que los primeros inquilinos de Lecumberri fueron trasladados de la Cárcel de Belén, cuyo lugar empezó como un espacio de oración y de educación, y que se tornó en un gran infierno, lugar en el que las enfermedades, el hambre y la inmundicia reinaban, como hoy en día sucede en los penales de la Ciudad de México. Las autoridades conocen de estas atrocidades y son totalmente inhumanas para darle solución a la querella social.

El patético panorama de las malicias imágenes no han cambiado en nada, el Congreso no solo cae en contradicciones demagógicas con la legitimidad de la realidad, es decir, no hacen ni se preocupan de lo que ocurre detrás de esos enormes muros penitenciarios, donde los crímenes quedan en la completa impunidad.

Los gobiernos, tanto federal como el de Claudia Sheinbaum, no mueven ni un dedo para que se reforme este peligroso sector que hoy recobra “vida” ante la beligerancia de un insensible Ejecutivo federal, el cual protege los intereses del crimen organizado, cuando la Rectoría del Estado está basada en la sólida estructura del Derecho. López Obrador cree que México es un país lleno de estúpidos, cuando la apología del delito lo viene impulsando y promoviendo él mismo.

Solo a un desequilibrado malhechor, facineroso y fratricida confeso, se le ocurriría hacer un recuento de infamias que, a la letra, pretende venderle una idea descabellada al pueblo noble de México: “Los delincuentes son seres humanos que merecen, también nuestro respeto…”, enunciado que raya en el cinismo, en la cobardía y configurarse como jefe de la Mafia del Poder de la “izquierda liberal”.

Si eso piensa el ahora y nuevo “alto jefe de la polaridad de las alcantarillas de México”, la sinrazón de un sujeto que presume ser Presidente de México, está excluido de todo poema jurídico, enfrentando a un México casi, casi, perdido por la inercia de la ignorancia de Andrés Manuel, y lastrados por una clase política mediocre y mezquina dando pie al surgimiento de una República bananera.

Al respecto, el escritor estadounidense O. Henry acuñó el término de “república bananera” para referirse a los países latinoamericanos gobernados por un grupo pequeño, rico y corrupto que imponía de manera arbitraria y grosera su voluntad a la mayoría, impotente frente a los abusos. Siendo justos, todos los países, incluidos los más poderosos, tienen su cuota de “país bananero” y hasta podría construirse un índice para diferenciarlos con esa sabiduría.

En uno de los editoriales políticos del periódico español El País, hace alusiones del pasado, es decir, en el año 2000 se inició en México la alternancia.

Parecía que la derrota que infligió el presidente Vicente Fox, del Partido Acción Nacional (PAN), al septuagenario Revolucionario Institucional (PRI) inauguraría una época de grandes modernizaciones.

Las esperanzas se esfumaron porque la transformación de un país requiere de estadistas y el presidente electo, Vicente Fox, resultó ser un administrador honesto pero timorato; rápidamente dobló las manos y se entendió con quienes había combatido.

Ése fue el caso con los medios de comunicación electrónicos que incrementaron su poder y su riqueza con las concesiones recibidas gubernamentales, no así la pésima actuación del presidente Andrés Manuel López Obrador al adherirse como “cómplice funcional del narcotráfico”, partiendo de la primicia cuando saludo de mano a la mamá del traficante de drogas hoy detenido en una cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos, “El Chapo” Guzmán.

La peste carcelaria

Pero obliga por igual retomar la edificación de ideas. Con la construcción de la Penitenciaria de Lecumberri, la cárcel de Belem con su secuela de peste, tifoidea, piojos y ratas, fue cerrada en 1933, mismo año en que el antiguo edificio fue totalmente demolido, para en su lugar construir uno de los centros escolares más modernos de su época, el cual se halla a las afueras del Metro Balderas, de la Línea Uno del Sistema de Transporte Colectivo.

Debido al hacinamiento y a las condiciones insalubres de la Cárcel de Belén, las enfermedades proliferaban; las más comunes eran la sarna, las fiebres intermitentes, diversas enfermedades de la piel, las enfermedades venéreas, la anemia, las neuralgias, el escorbuto (enfermedad causada por la falta de vitamina “C”), y las enfermedades estomacales. Hubo también frecuentes casos de cólera y de tifo. La variante ha sido clasificada como permanente con el hacinamiento de la reclusión social en cualquier parte del mundo.

En un principio se planeaba que permaneciera como espacio para la reclusión de quienes estaban siendo procesados, pendientes de ser sentenciados, mientras que Lecumberri obedecería a su vocación penitenciaria y albergaría a los sentenciados que “serían reformados por el sistema”. Pero no fue así, porque las cárceles del mundo son auténticas universidades del crimen.

El o los programas de preparación para la libertad en la excarcelación condicionada o preparatoria, independientemente que aún se ejercen conforme a las reformas penitenciarias del nuevo milenio, sus propósitos se han venido frustrando sexenio tras sexenio.

Si bien la historia señala que en 1933 cesó la Cárcel Nacional de Belén, todos los procesados fueron trasladados a Lecumberri, que de golpe pasó de ser un edificio redentor a penitenciaría y prisión preventiva.

La inauguración de la Nueva Penitenciaría del entonces Distrito Federal en 1951, significaría el egreso de todos los sentenciados de Lecumberri: De esta suerte, el Palacio Negro de Lecumberri, había consumado íntegramente el tránsito entre la idea original —prisión para sentenciados— y la realidad final –prisión para procesados–.

Para el 26 de agosto de 1976, en Lecumberri ya no había presos; el plan inmediato era su demolición, la venta de todo el acero que forraba los muros de las celdas y su transformación en la Alameda Oriente, un parque aun existente, el entonces gobierno priista optó por convertirlo en Archivo General de la Nación, salvándolo de su desaparición, solo quedando en la historia como un sitio inquisidor.

Guerra intestina

El mini motín del Reclusorio Oriente registrado el cuatro del mes en curso, se suscribe como un hecho donde los custodios mantienen una guerra intestina de vencer al más débil, con los internos de alta peligrosidad, al grado de campear entre la locura y la nostalgia de ver que éstos quieren recobrar su libertad por haberse configurado como infractores de la sociedad.

La prensa nacional ha revelado que cuando menos son siete bandas las que operan en los reclusorios de la Ciudad de México —destacan las organizaciones criminales de Luis Eusebio “El Duke”, “La Unión Tepito”, “La Familia”, “La Juventud”, la de Pepe Pineda, la de “El Gogo” y la de “El Kike” o “El Rebote” (que es la más numerosa y que pertenece a un ex policía preventivo ligado a Juan José Quintero Payán, uno de los fundadores del Cártel de Juárez)—.

Todos ellos ahora se obedecen a la política segregacionista del subsecretario penitenciario-CDMX, Enrique Serrano Flores, tras relevar a Antonio Hazael Ruiz quien fuera “premiado” por Rosa Icela Rodríguez otorgándole la titularidad de la Unidad de Política Policial, Penitenciaria y Seguridad Privada, área en la que lleva 25 años de carrera y experiencia.

En el vaivén histórico del sistema penitenciario nacional, a Hazael se le ha imputado con más de 13 fugas, incluyendo la del consuegro de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, “El Chapo” Guzmán, que para la investigación policial, se trata del reacomodo del crimen organizado institucional.

Detrás del mini motín del cuatro de mayo, con saldo de un interno fallecido y otro herido, destacan 14 internos que, calificados como de “Alta Peligrosidad” pero finalmente sicarios del poder, son quienes organizan bandas de secuestradores y narcotraficantes, contrario a lo que se pensaba, no fueron removidos a otros centros de reclusión para solventar la paz en prisión.

Entre los “PPL” (Persona Privada de su Libertad), destacan: Miguel Ángel Gerónimo Galindo, Armando López López, Adrián Vasconcelos Lorenzana, Enrique Millán Martínez, Daniel Bautista Montes, Juan José Chávez Godínez, Benito Ixtlahuaca Xotlanihua, Kevin Peña Jiménez, Alberto López López, Óscar Joel Rivera Rodríguez, Víctor Hugo Nieto Valero, Bryan Espíndola Reyes, Édgar García Martínez y Santiago Vaca Enríquez.

Otro de los motivos del motín en el Reclusorio Oriente, fue por la disputa entre quienes ocupan los Dormitorios 3 y 6, desencadenándose una riña colectiva, decomisándose drogas, armas punzocortantes, palos y piedras; pasadas las semanas, las autoridades penitenciarias solo consignaron el hecho a través de un pueril comunicado a los Medios, pero no oficializan el origen de los sucesos.

Frente a esta dualidad, surgieron de manera instantánea los twett en redes sociales, culpando y calificando de corrupto al subsecretario penitenciario capitalino: “Licenciado Serrano, igual usted está en la nómina de la Unión porque a los internos del dormitorio seis zona 2 estancia 2, los ‘ppl’ Varela, Jamón, Robert, Caraboa y Chila, ellos son los causantes de esta riña”.

Recomiendan: “Revisen sus cámaras y sabrá la verdad. Tengo un familiar en el D6, y me comentó que escuchó al ‘ppl’ Varela decirle a otro ‘ppl’, que ‘ellos habían puesto una lona dirigida a un mando para desestabilizar el penal, y ellos puedan tener el control’”.

Asimismo, la misma red social abunda: Hacemos un llamado a todas las autoridades y mandos ya que los últimos enfrentamientos en el Reclusorio Oriente, han sido causados por la disputa de las mafias.

Son controladas por los internos conocidos como “El Tazas”, “El Nana”, “El Beto”, “El Kike colombiano” y “El Águila” del Dormitorio 3, unidos con “El Miky” y su gente del Dormitorio 4, contra los encargados del Dormitorio 6 y “El Varela”, “El Cano”, “El Roberto” y “El Jamón”. “Exigimos seguridad para los internos y el personal de seguridad y custodia que laboran en el Sistema Penitenciario”, emplazaron.

Acusan que la prensa tradicionalista, que finge en hacer “un periodismo libre y sin simulaciones”, en la praxis ha venido escondiendo la realidad de los hechos, sobre todo cuando se conoce que estos motines redundan entre las mafias de la Unión, Anti Unión y “Los Duques”, mismos que se disputan peligrosamente la fatalidad de la plaza de las drogas en el Reclusorio Oriente.

Subrayan el llamado al secretario de Seguridad Omar García Harfuch, para redoblar la seguridad del Reclusorio Oriente, toda vez que necesitan el apoyo constante para trasladar y dispersar a la gente que controlan las mafias, a los diferentes centros preventivos como Sur y Norte y a la penitenciaría de Santa Martha Acatitla.

“Es por demás exhortar al secretario García Harfuch renueve al personal que rodea al comisario Pablo López Jaramillo, tomando en consideración que el famoso RENO (Rodolfo Chávez) —el día cuando se fugó cómplices del Chapo en el Reclusorio Sur, él estaba de encargado de la Seguridad, y no sufrió, inexplicablemente, ninguna sanción.

“En contraste, el Subdirector de Seguridad del Sur, Óscar Labastida, el día de una de las fugas se encontraba en su día de descanso, y aun así lo destituyeron; al cabo de unos meses el famoso RENO (Rodolfo Chávez), lo engalanaron como Jefe de los Servicios de Apoyo en el Reclusorio Oriente.

“Y el que está ahorita de Subdirector de Seguridad del Reclusorio Oriente, Alberto Peralta Martínez, ya en anteriores ocasiones la gente de Seguridad de ese mismo centro de reclusión, se ha manifestado en no querer a este funcionario por su evidente incompetencia para cubrir el cargo, e inexplicablemente lo volvieron a regresar al mismo cargo, dándole plenas facultades para que sigan fugándose toda persona privada de su libertad”, destacan.

Además, sobresalen infinidades de irregularidades ya que el mismo Peralta junto con el Jefe del Grupo, Tomás Atilano, existe la queja permanente por los malos tratos que le da al personal de seguridad, incluso los trata como si fueran delincuentes o parte de la población penitenciaria, situación totalmente inconcebible.

En este contexto, se advierte que existe mucha tensión por estas dos personas, por inútiles, y qué mejor resultado fue el motín del 4 de mayo, donde automáticamente se observó la inconformidad de estos mandos tanto del Personal de Seguridad como de las familias de las PPL.

De tal modo que las Fuerzas del mal siguen esclavizando tanto al personal como a internos de los diferentes reclusorios de la Ciudad de México, donde lastimosamente se observan cuadros repugnablemente corrompidos en las prisiones que están abarrotadas de presos iracundos; el motín en el Reclusorio Oriente del 4 de mayo, se debió al control de las drogas, y negocios redondos tanto en Dormitorios y áreas que integran este sector, según reportaron internos.

Si bien su actitud es más que la de un cretino, incurre en toda clase de negligencia en contra del personal de los diferentes centros penitenciarios de la capital del país, donde existe la queja permanente que son maltratados y les ha ocasionado un Daño Moral.

Por ejemplo, en el Centro Varonil de Reinserción Social de Santa Marta Acatitla, Base ORO, donde el subdirector de Seguridad, Francisco Javier Puente Corona, no deja de jugar “poleana” en lugar de cumplir con su obligación oficial, no obstante de ello, misteriosamente maltrata a su personal, tan igual como lo hace también el comisario Pablo López Jaramillo.

El gobierno de la Doctora Claudia Sheinbaum debe romper esos eslabones del mal ante su anhela persistencia de convertirse como la primera mujer abanderada de Morena para la Presidencia de la República. Si no lo hace, su carrera política se verá empañada y sus aspiraciones quedarán como esperanzas y la problemática en el Sistema Penitenciario persistirá indefinidamente.

Lo más gravoso del asunto que esos astutos jefes de custodios, en pleno contubernio, trafican con sustancias prohibidas, como el “activo” en el Reclusorio Sur, y demás drogas como la cocaína y la prostitución.

Un caso que hace escándalo también dentro del propio sistema penitenciario pero que no es reportado a la prensa nacional e internacional, si el personal de Seguridad decomisa droga o celulares, el subdirector de Seguridad, Alberto Esparza Mosqueda, ordena que le regresen al “PPL” lo decomisado.

En el Centro de Sanciones Penales Varonil Norte, el subdirector de Seguridad, Enrique Núñez, sigue con los “avionazos” que se traduce en la salida clandestina al personal, en tanto que el jefe de los Servicios de Apoyo, Fernando Cornejo no deja de pasar él mismo la droga y el alcohol que se consume semanalmente.

De tal suerte que urge reformar no solo el sistema penitenciario, sino la propia mente deformada del presidente Andrés Manuel López Obrador quien ahora se glorifica como el líder de la delincuencia organizada, al suministrar humorísticamente la idea a los mexicanos que “los delincuentes son seres humanos que merecen, también nuestro respeto…”

Premio México de Periodismo Ricardo Flores Magón-2021

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