Manuel Aparicio

Qué pasó con la Cumbre de América del Norte, realizada en Toluca, la capital del Estado de México?, ¿resultó bien?, ¿fue un fracaso?; ¿se consiguió algo?, ¿se perdió el tiempo? O se convirtió en la ocasión de reunión del Presidente Peña Nieto, Barak Obama y Stephen Harper, para estrechar lazos de amistad, para posar en la foto y desatar el ingenio de los mexicanos porque Obama no comió chorizo?

Hemos escuchado versiones de lo más disímbolas: las del gobierno que encabeza Peña Nieto y que la califican como la cumbre que deja a México grandes beneficios, atendiendo las palabras del mandatario mexicano.

Las hay de quienes utilizan ese discurso, catastrofista, apocalíptico que por su propia naturaleza está desfasado, pues, por ejemplo aseguraron que sería una reunión en la que se repartirían el petróleo, una exposición harto ridícula que ofende la inteligencia de los habitantes de este país.

Si hacemos un poco de memoria, recordaremos que hace 20 años cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, sus detractores, tipos con esa misma mentalidad hospedados en la izquierda, opositores a todo lo que huela a gobierno, para tener vigencia y rentabilidad política y económica. Aseguraban que se estaba vendiendo al país y que la firma del TLCAN, provocaría el desplome del mercado mexicano.

A 20 años de distancia si bien es cierto el Tratado no es la panacea, porque que hay desventajas como el tema del transporte. Tendremos que reconocer que el comercio con Estados Unidos registra un importante superávit de dólares al año. Hay excelente productividad manufacturera; y empresas que pagan mejores salarios. Quién puede dudar que México, ocupa un envidiable lugar como productor de automóviles entre otros; se olvidan de que en México se asienta una industria aeroespacial y que nos colca a nivel mundial.

Ahora se puede comprobar que no se vendió el país, que no hubo tal desplome del mercado, como lo aseguraban sus detractores, que el desastre que auguraban y que casi nos pintaban como esclavos de Estados Unidos y Canadá, no fue tal. Sí falta un mejor nivel de negociación, pero para los políticos lastre, la reunión fue apocalíptica para México donde perdió todo hasta la soberanía.

Por eso los resultados de esta, la séptima Cumbre de Líderes de América del Norte, dependen de la visión, el interés y creo que hasta el estado de ánimo de quienes opinan, reitero, para unos fue buena, para otros un desastre, para unos más no tuvo la menos trascendencia y para algunos, la posibilidad de que México se vuelva más competitivo y sea visto no como el patio trasero de Estados Unidos sino como un socio de negocios de la llamada región de América del Norte.

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