Hay culpables por la tragedia de “Manuel” e “Ingrid”

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Luis Repper

*Mientras los meteoros azotaban, los políticos se divertían la noche del 15

No cabe duda los mexicanos, en situaciones de emergencia, somos solidarios, incluso rebasan a las autoridades y a las circunstancias. Esta vez la tragedia tiene nombre, es natural, pero sus consecuencias son producto de la mano del hombre. Me refiero a “Ingrid” y “Manuel” que de manera sorpresiva y ante la indiferencia del gobernador de Guerrero. Ángel Heladio Aguirre (no avisó a sus gobernados y a los turistas) de la inminente llegada de “Manuel” y los resultados son de todos conocidos.

Acapulco padeciendo la peor situación en años, saqueos, asaltos, caos, destrucción, desolación de sus habitantes y él, como un guiñapo, sólo observa la acción federal y popular para paliar la tragedia en el principal polo turístico del país.

Las tragedias nunca llegan solas, esta vez “Manuel” aterrizó, no sólo en Acapulco, sino en Tixtla, La Pintada, en donde la consecuencia fue la muerte de más de 80 personas y la desaparición total de la colonia.

Y la circunstancia, insisto, es que la noche del 15 de septiembre, mientras Heladio Aguirre Rivero, se divertía de lo lindo con sus parientes y amigos, “celebrando” la Independencia de México, el temporal tocaba tierra guerrerense, pero la autoridad no quiso suspender su fiesta y fue hasta después de las 6 de la mañana que se enteró de que Aca y otras poblaciones estaban bajo el agua.

Las autoridades federales se defienden, dice Conagua que ellos avisaron desde el 13 de septiembre (tres días antes de la hecatombe) al enviar una alerta a los estados costeros Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Veracruz de la inminente llegada no sólo de un meteoro, sino dos, por el Pacífico y por el Golfo de México. La Secretaría de Gobernación, por su parte, quiere lavarse las manos, insistiendo que ellos notificaron con oportunidad sobre la tragedia ¿será por eso que Enrique Peña Nieto no se separa de Guerrero?, ¿cómo por qué?

Como siempre, los más fregados, son los paganos de la historia negra, ya de por sí con una paupérrima vida en la Sierra de Guerrero, aunado al abandono social y de programas asistenciales por el gobierno de Aguirre Rivero. Al ver sus casuchas levantadas de adobe, láminas y palos, no se esperaba otra cosa que sucumbir ante la fuerza del agua, que al reblandecer el cerro de La Pintada, el deslave arrasó con todo, sepultó a más de 75 personas.

Mientras el Gobernador y sus allegados se divertían compartiendo el pan, la sal y los tequilas la noche “del grito”, la población fregada y los turistas fueron azotados por el temporal. ¡Cuántas veces hemos visto, oído y sabido de estas circunstancias de nuestros políticos!

El coletazo de “Manuel” llegó hasta la Ciudad de México, pues mientras desde el Balcón Central de Palacio Nacional, Peña Nieto arengaba a los héroes de la Patria y todo era fiesta, risas y celebración, Guerrero, Veracruz, Michoacán, Sinaloa, sufrían los embates de “Ingrid” y “Manuel”, al grado de que en la sede del Poder Ejecutivo se serviría una apetitosa cena patria, su titular rehusó sentarse a la mesa, pues ya tenía antecedentes y hasta resultados de lo que las dos tormentas habían hecho en aquellos Estados.

Es decir, si la alerta, como dice Conagua, se dio desde el 13 de septiembre, dejaron pasar 72 horas –autoridades federales y estatales- para actuar preventivamente, Acapulco ya sentía los estragos del temporal y ni Protección Civil federal y local implementaron acciones de mitigación, evacuando como prioridad a las comunidades más endebles, más débiles, La Pintada, por ejemplo.

Ahora unos a otros federales y estatales esgrimen sus “argumentos” sobre el yo sí avisé, en tanto el local se defiende argumentando no haber recibido alerta alguna ¿culpables? ambos, por eso no sueltan su presencia en el sitio de la tragedia. Incluso hicieron circular en varios diarios de “circulación nacional” fotografías de Peña y de Heladio caminando entre el agua que les llegaba a las rodillas ¿cómo para qué?

La solidaridad

Hasta aquí, la tragedia y sus circunstancias.

Lo importante socialmente referido a la posterior a la tragedia es la acción inmediata de la sociedad al responder al llamado –hipotéticamente hablando- porque surgió motu proprio socorrer al afectado y se volcó a donar víveres para ayudar al mexicano en desgracia.

Las autoridades son sólo el medio, pues los ciudadanos de a pie, el burócrata, el ama de casa, el empresario, los voluntarios se unieron en una causa común y cada quien en su ámbito regala, clasifica, empaca, estiba, coloca y envía a las poblaciones en desgracia alimentos y enseres de primera necesidad para “pasarla” por el momento, ¡esta es la verdad!

Realice varios recorridos por centros de acopio, entre ellos el más impresionante –todos son importantes- el del Zócalo capitalino, en donde se ve trabajar a centenas de voluntarios ordenando la ayuda para su posterior envío. Pero lo que hace un nudo en la garganta es mirar a gente humilde, media, con posibilidades económicas formada llevando en bolsa de plástico, cajas, costales o individuales, paquetes de sopa, arroz, galletas, latería, papel higiénico, artículos de higiene personal y de desinfección; no importan que se tarden hasta 40 minutos en la fila, el deseo es ayudar.

Este caminar por los centros de acopio me recordó aquella pesadilla –que todos queremos olvidar- del 19 de septiembre de 1985, en donde parte de la Ciudad de México se vino a tierra por los terremotos. Y reviví que sin ser convocados o reclutados por la autoridad, la sociedad –desordenada quizá- pero motivada por ayudar salió a las calles a salvar vidas, a rescatar cuerpos, a albergar en sus propios domicilios a bebés, incapacitados, ancianos, mujeres embarazadas, enfermos, mientras los hombres y los jóvenes luchaban contra las moles de concreto derribadas para sacar de entre los escombros a quienes heridos o sanos clamaban ayuda.

Hoy, los capitalinos repiten la historia, no de rescatar cuerpos, sino de acopiar alimentos y otras necesidades para llevar comida a quienes la tragedia y su circunstancia los tiene.

¿Culpables? los hay. Solidaridad, existe. Honestidad, esperamos que se aplique y cada lata, cada rollo de papel, cada cereal, cada jabón, llegue puntual y completa al connacional que lo necesita.

No queremos llevarnos sorpresas desagradables muy pronto al detectar que despensas, que la ayuda humanitaria aparezca en la casa, bodega, camioneta, sótano, de algún político que la atesoró para cuando llegue la época de campañas electorales o ver productos donados de buena fe, en algún tianguis, mercado sobre ruedas o en comercio informal, porque ya hemos soportado esta circunstancia.

¡Ya nos la hicieron, no nos la volverán a hacer!… eso creo yo. Seamos vigilantes y delatemos al delincuente… ¿Y Ángel Heladio Aguirre, la gente de Protección Civil federal y estatal de Guerrero. Cuál será su penitencia? Dejemos que la sociedad y los afectados impongan la sanción correspondiente a los culpables, ¿sería razonable, no?

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT)

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