*Ante el crimen organizado se arriaron banderas

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Cuando creí que ya había escuchado todo. Que el fanatismo mediático supera la realidad y el egocentrismo es la perversidad de un político, no sólo me sorprendí, sino me alarmó la declaración, pues creer que su sola presencia y palabras amorosas, han cambiado el destino del país. La verdad, parece ser que 30 millones de mexicanos se equivocaron y dieron el poder al yoyista más recalcitrante de que se tenga registro en México.

Porque la historia nos recuerda –sólo citaré 3- que hombres de esta calaña, lidercillos “iluminados” creen que Dios los envío a la Tierra a seguir sus ocurrencias.

El primero, desde luego el alemán Adolfo Hitler, conocemos su actuar. El segundo, Hugo Chávez, el gorila venezolano que se eternizó en el poder e inicio el principio del fin en un país rico en todo, desde embajadoras de la belleza y lo mejor, su petróleo. Por fortuna una enfermedad truncó su vicio de dictador y se fue.

Sin embargo dejó una herencia maldita; el tercero, Nicolás Maduro, ese opresor y asesino ha sumido al país, vino tinto, en la más ínfima de las dictaduras y locuras, que hasta cree que los “pajaritos” hablan con él y que “el túnel del tiempo” lo llevó al futuro y volvió para asegurar que a Venezuela le va a ir bien, cuando todos sabemos que está a punto de caer su tiranía, por decisión del pueblo.

Por desgracia todo hace ver que a México lo pueden llevar a la doctrina política indeseable que cruza un sinuoso camino que inicia en el absolutismo –ya andado-, está sentado en el totalitarismo y su meta es implementar la dictadura como Adolfo, Hugo y Nicolás. Sólo el pueblo, más de 120 millones de mexicanos, debemos impedirlo, porque está comprobado que el Poder Legislativo (Diputados y Senadores) y el Judicial (SCJN, CJF, Ministros y FGR) no sólo no nos apoyarían, sino obedeciendo el designio de su mesías, consumarían lo que busca Andrés Manuel López Obrador.

Desde sus actos de campaña en busca de la presidencia de la república, mandó al diablo a las instituciones del México republicano, demócrata, noble, leal y tolerante (tan es así que en 88 años de sexenios priistas y panistas no se lo han acabado) para él asumir el control absoluto, como ya padecemos desde antes del 1 de diciembre de 2018.

En 2006, lanzó una cosa que llamó República Amorosa, que de ganar el reto al panista Felipe Calderón, implementaría. No ganó, pero su alucinación la exportó a 2018, con otro nombre, en donde la palabra clave es amor. Jubiló su ”República” y ahora pretende sustituirla por la Constitución Moral. Seguro un ganso le susurró al oído y retoma su sueño de hace doce años para imponer a través de Eros la reconciliación y pacificación del país. ¡Imagínese!

Siendo candidato, esta última vez, López Obrador en sus peroratas juró y perjuró meter a la cárcel a todos los funcionarios públicos corruptos, entre ellos Enrique Peña Nieto, así lo dijo. De buenas a primeras y luego de dos encuentros privados en Palacio Nacional (jamás trascendió a qué acuerdos llegaron), le brotó el amor y el sentimentalismo por el mexiquense, que intempestivamente en una entrevista televisiva fue contundente “no meteré a Peña Nieto a la cárcel, porque no hay marco legal para ello” ¡zas! ¿Y la Constitución, el Código Penal Federal, están de adorno o sólo se aplican “a los bueyes de mi compadre”?

Esa es y sería la visión de la Constitución Moral de AMLO, en la que cree que convenciendo y persuadiendo que de no alcanzar el ideal moral, México no se transformará.

Sostiene que hoy nos cubre la mancha negra del individualismo (él es un claro ejemplo), de la codicia y del odio que cada vez se extiende y nos llevará a la degradación progresiva como sociedad y como nación. Justamente de esta filosofía amlista surgió su propuesta de perdón y olvido, como los casos de Peña Nieto, Carlos Romero Deschamps, Emilio Lozoya Austin, Rosario Robles Berlanga, Luis Miranda Nava, por citar los más recientes, a quienes ya eximió de responsabilidad alguna, pese a que el colectivo popular sabe y padece los actos de corrupción e impunidad en que están envueltos esta escoria política.

Pese a la contundente evidencia, Andrés Manuel se aferra a que el amor será el detonante del desarrollo del país, y con su soberbia a cuestas sostiene que “su gobierno logrará el amor y hacer el bien porque ahí se encuentra la verdadera felicidad” (sic). ¡Oooorale!

Doce años atrás, en su segundo intento “por llegar”, en su autoritaria e intransigente postura por ganar y no reconocer el triunfo de su oponente si el resultado le era adverso, dejó sentadas las bases de lo que hoy es: sólo él es el bueno, el salvador, el único luchador social, el ungido… todos los demás (incluido su gabinete de pacotilla) son los malos; la mafia del poder, los del PRI, los del PAN y del PRD.

Pero en realidad, desde su militancia en el Revolucionario Institucional ha sido experto y provocador de la polarización política y social. Su egocentrismo (aparecer todos los días a las 7 de la mañana en rueda de prensa en donde acapara los reflectores y responde a las preguntas, aunque el reportero la formule a otro funcionario) lo lleva a hacernos creer que es un conciliador, pese a su negro pasado: incendiador de pozos petroleros en su natal Tabasco. Profesional en el arte de tomar, plantar, obstruir avenidas importantes (Paseo de la Reforma durante 45 días en 2006), sin importar los daños colaterales que el plantón causó: cierre de pequeños negocios, desempleo, daño a la economía de la zona, pérdidas económicas y financieras irreparables, lesionar a terceros y miles de calamidades más.

En el presente, ya como inquilino de Palacio Nacional, las cosas han cambiado para seguir igual o peor.

La joya negra de la semana pasada fue impactante, mentirosa, irracional, cuando en su mañanera aseguró que “oficialmente ya no hay guerra contra el crimen organizado”, de ese tamaño. Como si los cárteles y el crimen organizado han jugado a “policías y ladrones” y como llegó el mesías a Palacio Nacional, por decreto presidencial se acabó la guerrita.

Nombre, es un genio”. Con esta aseveración, seguramente los capos mueren de risa, se burlan de la ocurrencia, quien para rematar sus absurdas palabras expresó “en la guerra contra el crimen se perdió mucho tiempo y no se resolvió nada”

Eso es cierto, pero ignora y de plano su equipo de “asesores” y de Comunicación Social es incapaz o no los escucha, pues esta batalla continua. Nadie le ha dicho que el huachicoleo no lo mueven los lugareños que roban el hidrocarburo, sino los Cárteles y el crimen organizado, que impacta a escala nacional.

¿Qué? las instalaciones ilegales perfectamente acondicionadas son obra de manos inexpertas en ingeniería, arquitectura (túneles, picaderos, transportación, trasiego, distribución, seguridad y logística para distraer a las autoridades)… para nada, son acciones proyectadas, financiadas, operadas y comercializadas por grupos profesionales de los Cárteles, Jalisco Nueva Generación, que opera en su Estado, Baja California, Michoacán, Guerrero, Guanajuato, Oaxaca y Veracruz

De Sinaloa, con presencia en su origen, Durango, Sonora, Baja California y Chihuahua.

De Juárez, en todo el Estado de Chihuahua, principalmente Ciudad Juárez.

Del Golfo, controla Tamaulipas, Quintana Roo y parte de San Luis Potosí.

El Grupo de los Beltrán Leyva, regentea Guerrero, Morelos, Nayarit, Sinaloa.

Los Zetas, maneja Campeche, Tabasco, Puebla, parte de Quintana Roo, Coahuila y regiones de Tamaulipas.

Como se lee, en el 98% de estas entidades se han dado los problemas del huachicoleo. Quiero pensar que de esto está enterado “el Sabelotodo”, si no es así, que alguien le diga que la delincuencia organizada, encabezados por sus respectivos capos son la mente criminal del hurto de combustibles que están en in pace en su guerra intestina por el control de plazas, asaltos bancarios, secuestros, extorsiones, derechos de piso, bloqueos, etc. para hacer pensar que “están controlados”… No es así.

Aún más de esta última mañanera del inquilino de Palacio Nacional. En ese mismo encuentro con la prensa y a pregunta expresa sobre la pasividad de las fuerzas del “orden” para brindar seguridad que tanto ansiamos y el sometimiento a la delincuencia organizada. Ante el asombro e incredulidad de los periodistas y por ende de la ciudadanía al escucharlo, leerlo, verlo y consultarlo en las redes sociales, López Obrador, se atrevió a arriar banderas, entregar la plaza y huir de su responsabilidad. Esto dijo. Increíble: “no se ha detenido a capos del crimen organizado porque no es nuestra función. La nuestra es garantizar la seguridad. Nuestra estrategia no es realizar operativos para detener capos”

¿Entonces, Andrés Manuel, de quién? Si 30 millones de mexicanos votaron por ti para gobernar este país, no fue por gracia divina, sino para que recomponer lo que Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña desgraciaron. Tú prometiste enmendar esto. Con esta declaración queda claro que el cargo no es para ti. Nunca pasaste Examen de Control de Confianza, de Perfil Profesional, de conocimiento del “mercado” en donde ibas a trabajar.

Si el Presidente de México (él personalmente no, pero la delegación de funciones) sostiene que capturar capos no es su función, entonces pidamos a corporaciones de inteligencia extranjeras como la inglesa Scotland Yard, la rusa KGB, la alemana Bundesnachrichtendienst; la Mussad, de Israel, la colombiana, Dirección de Inteligencia Policial, las norteamericanas FBI y CIA, que vengan a hacer ese trabajo ya que la Transformación de 4ª, no sabe, no puede o no es función. ¡¡Qué vergüenza!! Vaya torpeza.

Andrés, el Chapulín Colorado ya murió… Quién ahora podrá defendernos. La T de 4ª ya dio color, no puede responder a más de 120 millones de mexicanos en su obligación Constitucional, así lo protestaste el 1 de diciembre de 2018. ¿Te quedó grande el puesto?

Claro que sí

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT) y de Comunicadores por la Unidad (CxU)

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