Blas A. Buendía

Si bien es cierto que los retos de Rafael Guerra Álvarez como próximo presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, es recobrar la credibilidad de la ciudadanía para quienes imparten justicia, será una tarea mayúscula, despejar una estela nebulosa que dejó como antecedente la administración que quien perduró cuando menos nueve años al frente del Palacio de Justicia de la colonia Doctores.

Pareciera que Julio César Moreno sufre de amnesia irreversible y congénita, que si bien es el primer Alcalde en Venustiano Carranza, en el pasado figuró como presidente de la Comisión de Procuración e Impartición de Justicia de la entonces Asamblea Legislativa, y quien de algún modo se le vincula de la destreza que desarrollara el entonces presidente del TSJDF, Édgar Elías Azar, para reformar la Ley Orgánica de este Órgano de Jurisprudencia, para permitir sus tres reelecciones que dejaron historia en el entorno autónomo de este sector. Tiene un pendiente que debe agradecer a su entonces jefe de jefes del Palacio de Niños Héroes.

Llama la atención la simulación que describe Julio César en un medio impreso referente a los retos de Rafael Guerra Álvarez en el TSJ, que si bien las barras de abogados advierten que le anda coqueteando a Don Rafa para fines oscuros, aún se recuerda los abusos que pretendió cometer el político de marras identificado con el nombre de Nazario Norberto López, quien se sacó la lotería sin comprar billete.

Es decir, Nazario utilizó la coyuntura que le representó Morena para hacerse de un poder omnímodo ya que al figurar como presidente de la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales del Primer Congreso de la Ciudad de México, tiene ahora un terreno despejado para consolidar sus conflictos de intereses a su favor y eludir toda circunstancia penal que obran en su contra.

Nazario ha sido calificado por quienes ha dañado económicamente, como un vivales y un defraudador de vivienda ya que de forma indebida presionó al Instituto de Vivienda del entonces Distrito Federal para que, según una agrupación fantasma que explota con el nombre del general Lázaro Cárdenas, adquirió cuando menos 300 créditos para “repartirlos” entre sus abnegados “afiliados”.

La prensa nacional tiene documentado la incriminación contra Nazario Norberto Sánchez, por mega-fraude de vivienda, es decir, una vez más sale a la palestra por escándalos en materia judicial el ahora llamado Cártel Nazario; lo sigue investigando la Procuraduría General de la República (PGR) a él y a su hermano Guadalupe, gracias a un reporte tripartita emitido por la SHCP y la CNBV.

Se espera que los partidos políticos insertados en el Congreso de la Ciudad, a Nazario se le entable un juicio político para desaforarlo a fin de que responda ante las autoridades judiciales la serie de acusaciones que se ventilan en su contra.

Tanto en la Cámara de Senadores, en la Cámara de Diputados y en el propio Congreso de la Ciudad de México, se alerta que Don Nazario se ha convertido en un “chacal político” profesional para cometer toda clase de simulaciones, extorsiones y despojos agravados.

Afirman que el diputado Nazario usurpa funciones del Instituto de Vivienda local, ya que tiene el cumplido de otorgar créditos a quienes están suscritos en sus padrones de vivienda; “…sí cumple…” –dicen- pero los créditos que logra repartir es en contubernio con el INVI, al grado de cometer fraudes vendiendo un solo departamento hasta tres veces, auto-generándose conflictos de intereses entre particulares.

La dupla de los ahora morenistas Julio César Moreno y Nazario Norberto López, integrarán una presunta “asociación delictuosa institucional”, ya que a través de esos dos frentes –uno por ser Alcalde de la Venustiano Carranza y el otro diputado local-, están fraguando cómo presionar al magistrado presidente electo Rafael Guerra Álvarez, en el TSJ, para exigirle plazas de Secretarios de Acuerdos, puestos que pondrían a la venta entre el cuerpo de abogados desempleados hasta por 150 mil pesos.

Julio César Moreno Rivera señalaba que hace unos días se llevaron a cabo elecciones en el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México; ahí, el Pleno del máximo tribunal de la capital designó al magistrado Rafael Guerra Álvarez como su nuevo presidente para el periodo 2019-2022, en un épico triunfo electoral y democrático por 41 votos contra 35 del todavía presidente magistrado Álvaro Augusto Pérez Juárez.

Si bien esta elección, que se dio luego de dos rondas de votación, no fue tan fácil para quien va a encabezar al TSJ metropolitano, sí se dio un gran cambio al interior de la institución encargada de impartir justicia, ya que la designación de Rafael Guerra pone fin al continuismo del Tribunal capitalino, mismo que, a decir de analistas, fue señalado por varios excesos de poder, situación que prevalece a falta de contrapesos como el nepotismo e incluso hasta presuntos actos de corrupción, dice Julio César Moreno.

Por ello, el hecho de que se haya impedido una violación al espíritu del Constituyente de la Ciudad de México en la materia con la reelección del magistrado Álvaro Augusto Pérez Juárez, ya es una gran victoria, pues la imagen del Tribunal será otra o por lo menos, ya sin la sombra de la mano que mecía la cuna del TSJ a lo que diversos observadores tanto al interior como al exterior del Poder Judicial de la Ciudad de México, no veían nada bien y no sólo por su intentona de volver a imponer al presidente saliente, sino por otras cosas más (como es el poder de influencias y un marcado despotismo conflicto de intereses).

Y lo anterior se dejó ver principalmente con la impugnación que el TSJ hiciera ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y en contra de los artículos 35 y 37 de la Constitución Política de la Ciudad de México, pues a raíz de ahí, surgieron varias voces que aseguraban que el principal objetivo de dicho recurso, era porque el máximo texto jurídico de la capital, impedía entre otras cosas, la reelección del presidente del Tribunal y que él mismo fuera el titular del Consejo de la Judicatura de la CDMX, es decir, se daba fin a la figura de juez y parte.

Incluso dicha impugnación, en su momento, a nadie sorprendió y muchos de los que elaboraron el máximo texto local, sabían que el dictamen de la Comisión del Poder Judicial causaría preocupación de algunos sectores, principalmente en los que han encontrado en el Sistema de Impartición de Justicia un modus vivendi, lo que nos ha colocado como uno de los peores a nivel mundial de acuerdo a estudios en la materia, motivo por el cual, desde el constituyente se plasmaron los cimientos legales para que la Constitución terminara con esa gris etapa del TSJ e implantara una nueva.

Para muchos no es un secreto que aquellos Magistrados que respaldaron la impugnación de la Constitución local, no actuaron por cuenta propia, sino por consigna y con ello, Julio César Moreno ejemplificó las viejas prácticas caducas y que el máximo texto jurídico capitalino vino a desplazar para garantizar una plena autonomía del TSJ de esta capital, en donde no haya más cabida a las sentencias o fallos por encargo o consigna, cosa que se ve muy lejana de la realidad porque todo gobierno debe contar con sus jueces y magistrados que obedezcan a un nuevo sistema.

Por si fuera poco, al interior del Tribunal aseguraron que el hoy embajador de México en los Países Bajos (Édgar Elías Azar), “se sintió agraviado” pues la Constitución capitalina también le restaba poder al facultar la participación de un Consejo Ciudadano en la vida interna del Poder Judicial capitalino, factor que cimbró a la persona que estaba acostumbrada a ostentar todo el poder y sin contrapeso y de ahí su impugnación a nombre de uno de los poderes de la capital del país.

Por eso, la elección del Magistrado Rafael Guerra Álvarez, es un factor positivo que con los hechos y su forma de trabajo, cambiará la percepción de la mala imagen que tiene la gente del Tribunal.

Además, es una oportunidad de implementar distintas formas de impartir justicia a favor de los capitalinos, que han perdido la confianza y credibilidad del Tribunal por su gran burocracia y vicios que se han ido arraigando a lo largo del tiempo y ni el Nuevo Sistema de Justicia social, ni los últimos dos presidentes han podido erradicar o, dicho de otra forma, no quisieron, ya que de lo contrario, hubieran innovado con un sistema mucho más efectivo que estuviera a la altura de una de las urbes más grandes del mundo, como la capital de México, y esos son los retos.

A simple luz de las circunstancias, tanto Don Julio César como Don Nazario, sin rubor alguno y fuera de toda ética, abusan de un poder omnímodo que le otorgó el coyunturalismo voto popular; coloquialmente afilan sus uñas para dar el zarpazo y condicionar al Magistrado Rafael Guerra Álvarez, a fin de que éste les afloje lo que no pudieron ultrajar cuando Édgar Elías Azar fue presidente del TSJ por espacio de nueve años, mismo que se convirtió en el Porfirio Díaz moderno.

Pese a ello, dicha dupla de hombres de poder, proviene de un clan que permaneció agazapada en el cuerpo de los Constituyentes que le dieron vida, al igual que un centenar de mexicanos ejemplares, a la Constitución Política de la Ciudad de México, e integrarse en el Poder Legislativo desde donde Don Nazario, por ejemplo, tiene el poder manipulador para “exhortar” al Magistrado Rafael Guerra actúe a su favor y colocar a sus amigos abogados en cargos estratégicos, atentando en contra de la base del Sindicato de Trabajadores del Poder Judicial del Distrito Federal.

Pero la lucha entre esos tres personajes -afirman en el TSJ-, será de un estire y afloje aunque Guerra Álvarez tiene mejores ventajas porque es cercano al presidente electo Andrés Manuel López Obrador, llevando por igual, buena relación con la próxima Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, y la futura Secretaria de Gobierno, la ex reportera de La Jornada Rosa Icela Rodríguez.

En caso dado que esos dos personeros pretendan presionar al Magistrado Guerra, éste hará honor a su apellido, buscará el ejercicio de Poder Ejecutivo federal para frenar cualquier mala intención ya que en el pasado, Julio César y Nazario han sido señalados como “políticos comediantes” desde cuando explotaron al Partido de la Revolución Democrática para desde ahí, saltar como “chapulines” al partido de Andrés Manuel López Obrador, MORENA, dada la gran oportunidad coyuntural que se les presentó y nadie les hizo mella para frenar sus oscuras ambiciones que guarda el poder.

Empero, el influyentismo de esos dos vanidosos, prepotentes y tramposos ex perredistas y que han sido calificados en el partido amarillo como “bribones”, estarán acotados por lo que pudieran hacer, debido a su negro pasado, pese a que nuestro sistema de justicia, que si bien es vergonzoso que se siga llamando así, el mismísimo Rafael Guerra tendrá la encomienda de rescatarlo del desprestigio en el trienio 2019-2021, cuyo Órgano Autónomo de Jurisprudencia, se integra a la Trilogía Funcional Primaria que es la División de Poderes en México, garante de la paz social del país. [email protected]

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