Por: Tony O´Farrill

Amigos lectores, una amiga muy querida de apellido Tinajar, de profesión contadora, me honro con la solicitud de otorgarle unas palabras por este medio, para su hijo que al parecer, a decir de ella perdió el camino y lo volvió a encontrar y rectificar cuando la paternidad le sorprendió, cabe aclarar que tal vez mi persona no sea la más indicada para hablar del tema, pues no he sido un buen padre, ni tampoco buen hijo, pero a través de estas letras tratare de ser objetivo, y dispensando la franqueza aquí les va este trompo para que se lo echen a la uña.

No existe ningún lugar a saber dentro de este extenso planeta tierra, en donde encontrar una escuela para padres en el que enseñen una técnica infalible para la paternidad o la maternidad, por lo tanto la educación de los propios hijos, suele ser una amalgama de lo que nuestros padres hicieron con nosotros, según su moral, el contexto y tiempo en el que se desarrollaron, pero también está inmerso en nuestra educación y formación lo que el nuevo matrimonio y familia que formamos como padres bisoños y aportamos a la educación de nuestros hijos, que se forma con la percepción e implantación de nuestro sentir y ética como papá y mamá en la formación de nuestros hijos, apegándolos de nueva cuenta, pero ahora a nuestro tiempo y/o contexto y las nuevas formas de moral reinante, que paradójicamente pueden coincidir o no con las que nos inculcaron nuestros padres, evitando según nosotros repetir los errores que detectamos en los mismos y así cada nueva pareja o familia inicia un nuevo ciclo, que genera a su vez nuevos errores, a veces repetidos inconscientemente, pero con innovaciones que los hacen sentir diferentes ante nuestro ojos y criterio, esto se logra por la dualidad que se da con el matrimonio, pues cada uno de los cónyuges quiere aportar lo aprendido en su contexto familiar, dando por resultado con ello un verdadero “Margayate” (desorden organizado) o una ensalada de criterios formada por las opiniones y sentir, de los abuelos paternos y maternos con base en la experiencia aprendida y la de los propios cónyuges según su percepción y criterio alcanzado y adquirido en el ambiente familiar en el que se desarrollaron, como de los abuelos paternos y maternos, aquí hago una primera pausa para analizar lo escrito al momento y tal vez generar una reflexión sobre ello.

  1. No hay una escuela para padres con técnicas efectivas para ello en ninguna parte del planeta
  2. La formación de un individuo en lo referente a su moral y principios es el resultado de una ensalada de criterios
  3. El error en la educación de los hijos no es culpa de los padres en su totalidad, aunque hay sus honrosas excepciones, que se basan primordialmente en la satisfacción total de los caprichos de los hijos, impidiendo con ello su realización y crecimiento personal.

Y por último les dejo esta pregunta: ¿Quién posee la responsabilidad de la educación de los hijos?…

1.- Los abuelos y los padres directos de los niños

2.- El contexto social y la moral reinante

3.- Los propios hijos como individuos que tienen que asumir su papel social y la responsabilidad sobre su vida

Es importante el señalar que lo hasta aquí escrito se repite cual escena teatral una y otra vez día con día en todos los países y sociedades del mundo, no importando para ello el status social, la religión y más recientemente la preferencia sexual de los cónyuges, el punto al que quiero llegar y que también es importante dentro de este tema es que desde la cuna, el ser humano ya trae una esencia y ella puede ser deformada, modificada y/o acrecentada en función del apoyo y caso que nuestros padres hagan a nuestras inquietudes preferencias y forma de ser, pues esto en un momento determinado de nuestra vida nos impactara de forma definitiva, ya sea para bien o para mal en el contexto familiar o social en que nos desarrollemos, y es precisamente en la adolescencia de nuestros hijos, cuando como padres sufriremos las consecuencias de ello.

Aquí hago la segunda pausa para reflexionar en lo escrito hasta el momento, inicio por definir la palabra adolescencia como concepto etimológico, se refiere de manera directamente proporcional a una carencia, que enfocándolo al tema que no ocupa es la etapa o el momento en que un ser humano de 14 años hombre o mujer, que pasa de ser un joven para convertirse en adulto con un poder de decisión sobre su vida y actuar, pero este, se encuentra totalmente confundido, porque carece todavía de una personalidad definida, una meta y un objetivo para su vida y como parte de su incomprensión sobre el tema, inicia una guerra personal contra todo lo establecido tanto en lo familiar como en lo social, en la búsqueda de su ser y solo lo consuela la compañía de otras personas de su misma edad y problemática que siente que lo comprenden no observando que se encuentran pasando por la misma situación de indefinición y búsqueda de libertad de sus padres, que les han tenido reprimida durante sus años de infancia.

Otra definición más técnica pero no por ello equivocada es la siguiente: Etapa de grandes cambios en el desarrollo de un ser humano tanto en lo  físico, hormonal, biológico, psicológico, social y desde luego sexual. Aquí surge otra pregunta:

¿Cuántos de ustedes pueden lidiar con tantos problemas de una sola vez en la actualidad?…       

¡Ha verdad!… No, nó crean… que con ello les estoy asignando la culpa a los padres, simplemente lo que busco es que comprendan que ante ello, solo lo que se tiene que hacer es callar y comprender y queda el consuelo que está implícito en una frase que mi madre me dijo ante una actitud de rebeldía en mi adolescencia: “Peor te han de hacer tus hijos y entonces me comprenderás” 

Ahora que pasa cuando el hijo sigue en esa actitud absurda de guerra contra el mundo, su familia y la sociedad en su edad adulta, basado en esa absurda búsqueda de libertad que paradójicamente ya la tiene, aquí hago mi tercera pausa y manifiesto:

  1. La madurez de un ser humano se obtiene cuando uno llega a comprender que los principios y la moral que le inculcaron sus padres, maestros y contexto social durante su desarrollo, se combina con el deseo de integración social y formación de una familia
  2. La madurez Puede llegar también una vez ya habiendo contraído nupcias con la llegada de la responsabilidad de un hijo
  3. La madurez no puede llegar nunca, pues el individuo no tiene bien establecido su parámetro de vida y no por ello es responsabilidad de nadie, sino de el mismo, pues no quiere separar su comodidad y zona de confort al buscar culpables y responsabilidades en otra persona o en la sociedad a la que pertenece.

Por ultimo abuelos, padres y/o hijos, es importante el saber y remarcar que, nuestra personalidad se manifiesta desde la cuna y muy a pesar de todo lo dicho, el aprecio que le tengamos a la vida y a cómo queremos vivirla, haciendo frente a nuestra responsabilidad como seres humanos, en lo social, espiritual sin promover el abandono de nuestra persona determinara el grado de responsabilidad y honestidad para con nosotros mismos y el camino que tomemos hasta nuestra muerte, por lo tanto papás y mamás tranquilos que tarde que temprano el destino alcanzara tanto a nosotros como a nuestros hijos, destinando para cada uno su responsabilidad según sea el caso, pero… ¡ustedes que opinan!… hasta otras letras, fin.        

 

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