Eduardo Sadot-Morales Figueroa

 

La aparente demanda de inseguridad en la UNAM por delincuentes embozadas, comienza por prohibir que transiten encapuchados, aceptando sin conceder, que las demandas de las muchachitas encapuchadas que han hecho destrozos en la UNAM y en las manifestaciones en la ciudad de México fueran ciertas.

Lo primero que habría que hacer por seguridad de toda la comunidad universitaria, sería prohibir circular – al menos en las instalaciones universitarias – a personas con el rostro cubierto, no quiero ni imaginarme una denuncia de cualquier mujer, que pudiera ser, hija, hermana, esposa o solo universitaria, que fuera violada por uno o varios encapuchados, cómo denunciarlo, cómo encontrarlo, cómo perseguirle y evitar que comentan delitos impunemente.

¡ya basta! de simulaciones, la universidad y los consejeros universitarios deben promover una reforma a la legislación universitaria, ¡pero ya! que establezca la prohibición de circular en todo momento cubiertos del rostro, por seguridad de todos los universitarios, hasta por las mismas manifestantes o, acaso creen que no están expuestas a que otro encapuchado las viole, lo que ellas señalan y reclaman lleva intrínsecamente la permisibilidad de actos que ponen en riesgo la seguridad de ellas mismas y de todos, rayan en la chifladura.

Acaso los estudiantes del 68 ¿marcharon encapuchados? O ellos sí ¿porque en su mayoría eran hombres? Las mujeres manifestantes resultaron cobardes y por tanto menos que los hombres, ellas que tanto gritan de igualdad, resultaron no tan iguales.

Lo razonable es que los servicios de seguridad de la UNAM, como en cualquier escuela pública o privada, lo mínimo que debe exigirse, es que quien transite ocultando su identidad, sea remitido a las autoridades correspondientes, mínimo, bajo tentativa de comisión de delitos; de robo, violación o daño patrimonial.

Que no haya nadie con ningún pretexto con el rostro cubierto, en cualquier país civilizado, son las condiciones mínimas de seguridad, prohibir ocultar la cara. A la delincuencia no se les pueden facilitar las condiciones para que delincan, y lo menos es combatir el anonimato.

Cómo es posible que en los Bancos se prohíba ingresar con gorra o lentes oscuros y en la UNAM se permita ir con el rostro cubierto, hacerlo, en principio coloca a las personas en condición sospechosa, por decir lo menos o potenciales delincuentes en grado de tentativa, ello debiera ser obligatorio, para la universidad y, más aún, para la seguridad de todas las personas en cualquier concentración humana.

En consideración a las condiciones de inseguridad de hoy en todo México, también debiera prohibirse, incluso regularse el uso de cascos en motocicletas que facilitan la comisión de delitos. Y nadie me puede decir que ello vaya en contra de ningún derecho humano, salvo que estuviéramos en algún país del Islam, que argumentaran respeto a las tradiciones, donde a las mujeres se les prohíbe transitar descubiertas de la cara ¡vaya ironías de la vida!

Mientras la premio nobel de la paz (1914) la pakistaní Malala Yousafzai luchaba por los derechos humanos de los niños y las mujeres, que ha luchado por sus derechos. Tantas mujeres que han ofrendado su vida para quitarse la Burka que les cubre hasta la cara, en México la usan como símbolo, para cometer delitos impunemente, no quiero ni imaginarme, el motivo de sorna que debemos ser los mexicanos y particularmente los universitarios a nivel internacional, por tener mujeres que voluntariamente usan improvisadas Burkas, excelente pretexto para delinquir hombres y mujeres. Es “modernizarse” retrocediendo.
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@Eduardo Sadot

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