Por: Rosalba Pineda Ramírez

 

Cuando se quiere hablar de la educación en México es necesario recordar que el primer presidente preocupado por educar al pueblo fue el licenciado Benito Juárez García: en 1867 proclamó en el artículo 3º de la Constitución, que los estudios a nivel primaria “serían gratuitos, laicos y obligatorio”. En marzo de 1993 se aprueba que la secundaria sea considerada dentro del nivel básico, por lo tanto, que sea obligatoria y gratuita; en diciembre del 2010 se aprueba agregar los estudios medios superior como obligatorios y gratuitos. Como declaraciones suenan muy bien, pero la realidad es otra.

De cada 100 niños que inician la educación primaria, solo 92 la terminan; cuatro no se inscriben a secundaria y de los 88 que la inician, la concluyen 73; siete jóvenes que terminan la secundaria ya no pueden iniciar la prepa y de los 66 que la inician solo 46 la terminan. Como dice la famosa canción infantil de los perritos, de los diez que yo tenía… ya nomas me quedan tres. De 100 niños que inician la primaria solo 25 logran terminar una carrera (Datos del Sistema Educativo Nacional página de la SEP).

¿Cómo explicarnos que sólo el 46% de los jóvenes terminen el bachillerato? ¿Son jóvenes que no quieren cumplir con sus obligaciones educativas? No, no se trata de jóvenes que no quieran cumplir con sus obligaciones, más aun, estoy segura que les gustaría disfrutar de ese derecho. Pero cuando se acordó que el bachillerato se convertía en obligatorio, a los diputados federales y al presidente se les olvido asignar presupuesto para la impresión de los libros, por lo que los padres deben comprar los libros para 14 materias, libros que cuestan en promedio $400.00 c/u y cambian cada semestre. Además, en el Estado de México la inscripción semestral es de $866.00; es decir que, por cada estudiante de preparatoria, la familia gasta $6.466.00 al semestre, más los $1,700.00 de uniformes y zapatos. Son estos gastos los que impiden que los jóvenes en nuestro país sigan estudiando. Esta es la realidad.

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Durante su campaña, AMLO se pronunció a favor de apoyar a los jóvenes, se comprometió a entregar becas a todos los jóvenes que las solicitaran, las famosas bacas “Benito Juárez” para el ciclo escolar 2019-2020. AMLO asignó 3 millones 927 mil 625 becas, apenas el 43.9% de los estudiantes de prepa y nivel superior; recordemos que estos son el 41% de los jóvenes que están en edad de estudiar y no lo pueden hacer. Es decir, de los 14 millones y medio de jóvenes en edad de estudiar a nivel bachillerato y superior, esas becas representan apenas el 27.08%.

A pesar de que AMLO presumía de estar apoyando a todos los jóvenes que lo solicitaran, el asunto se vuelve grave porque a estos 3 millones 927 mil 625 estudiantes les deben el quinto bimestre, que equivale a $7,069’725,000 ¿dónde está ese dinero? Peor aún, para el ciclo escolar 2020-2021 resulta que a AMLO se le cayó el sistema y solo ha podido reinscribirse el 16% de los becados; es decir, pretenden desconocer a la mala el esfuerzo de 3 millones 300 mil estudiantes. El resultado de las becas Benito Juárez nos recuerda la fábula del parto de los montes: noches de rayos y truenos para que los montes parieran un ratón. Ese es el verdadero tamaño de AMLO y la 4T.

 

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