*No fue medida populista, ni futurista. No se cuida imagen alguna

Luis Repper

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Fue una decisión popular, se preguntó a los usuarios permanentes del Metro si aprobaban el alza a la tarifa de 3 a 5 pesos y el 55.7 por ciento dijo SÍ. ¡Qué bueno! Ya era hora, pues  desde hace 4 años (2 de enero de 2010) nadie se había atrevido a incrementar el precio del boleto.

Ni Andrés Manuel, Alejandro Encinas, ni Marcelo Ebrard tuvieron el valor de, siquiera insinuarlo, anunciar ajuste, pese a que por el intenso trabajo de las máquinas y el uso de casi 5 millones de pasajeros diarios, los trenes e instalaciones requieren nueva vida, los tres prefirieron callar que “perder imagen” y poner en riesgo sus aspiraciones políticas.

Fue Miguel Ángel Mancera, a un año de su gestión, quien se fajó los pantalones y propuso la modificación, pero no autoritaria, sino que los usuarios lo decidieran. Fue así que tres casas encuestadoras se abocaron a las preguntas y tras el sondeo el 55.7% de los que sí  usan a diario el servicio, se dijeron dispuestos a pagar 2 pesos más por el boleto.

Las condiciones actuales del servicio, además de infames, son un riesgo para millones de usuarios. Sólo quienes  a diario lo utilizamos, podemos decir con conocimiento de causa, que nunca como hoy es necesario y URGENTE incrementar el precio.

Luego de la decisión popular, los infames enajenados de las redes sociales, quienes seguramente nunca en su vida se suben al Metro, desencadenaron una andanada de críticas –que son como las llamadas a misa- por una determinación, no oficial, y se atrevieron a convocar a los que sí requerimos el servicio a “saltarse los torniquetes” para no pagar, a partir del 13 de diciembre, los 5 pesos por entrar. Una convocatoria no sólo absurda, sino inmoral, porque en el anonimato, escondidos dentro de un  cajón del escritorio, retan a las autoridades a agredir o detener a quienes les hagan caso.

Esos cibernautas encadenados a su celular, Táblet, Lap Top, computadora, sólo reaccionan a un impulso irracional y no madurado, pues si conocieran la situación real del servicio coincidirían en que antes que convocar a un reto político (fuego amigo) deberían avalar la necesidad del aumento que dará margen de maniobra al Sistema de Transporte Colectivo, al recaudar 3 mil millones de pesos al año, adicionales, con la tarifa de 5 pesos, que se destinarán a la compra de 45 trenes nuevos, renovar integralmente de la Línea 1 (que tiene 44 años operando), mantenimiento mayor a 45 trenes de la Línea 2; reparación de 105 convoyes  que están fuera de servicio, con ello, mejorar los tiempos de recorrido de trenes, incorporar  mil 200 nuevos policías más a la seguridad.

Otras mejoras: renivelar la Línea A, sustituir 50 escaleras eléctricas en las Líneas 1, 2 y 3, comprar 3 mil 705 ventiladores para vagones y 258 compresores, un nuevo sistema de radiocomunicación y  modernizar el sistema de torniquetes.

Este escenario, del que están ajenos los críticos al aumento, llevará al mejor sistema de transporte colectivo de la Ciudad de México a alargar su vida y actualizar su operatividad.

Conviene decirle a esos testaferros que sin un servicio óptimo, como el prometido por las autoridades del Metro, la Capital Social del país se colapsaría, se quebrantaría, pues mover diariamente a casi 5 millones de personas, es una hazaña de movilidad ejemplar. Ningún transporte masivo tendría la capacidad de resolver el problema; primero porque en donde se meterían miles de autobuses más; revivir un pulpo caminero que por suerte dejamos en el pasado, el costo por viaje sería más caro de los 5 pesos, lo que desataría la rapiña y presencia de rateros, carteristas, etc. sin que nadie pudiera controlarlos.

La decisión de la autoridad capitalina de convocar a la consulta, deja en el colectivo la sensación de que las cosas se están haciendo de acuerdo a las necesidades de modernidad, operatividad, movilidad y respuestas a una Metrópoli superior a 14 millones de personas que diariamente piden y necesitan seguridad, traslados seguros, economía para sus viajes, pues con 5 pesos, pueden cruzar de norte a sur, de oriente a poniente la Ciudad de México para sus requerimientos laborales, de diversión, escolares, sociales, de esparcimiento, etc. Sin el Metro esto sería prácticamente imposible.

Pero así como la autoridad se quitó el yugo partidista (no tiene), populista o futurista, para asumir un compromiso por la Ciudad y sus habitantes, también están comprometidos a responder por la palabra empeñada; ya que los 10 puntos ofrecidos tienen que respaldarse con hechos, tangibles, visibles, pues como lo ofreció el propio Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, este será el único aumento al Metro en los 5 años que le restan a su sexenio. Palabra ofertada, compromiso que debe cumplir

Jamás he pretendido, en mis colaboraciones, ser clasista pero dos pesos de aumento a la tarifa si es posible pagarla. Y no me salgan con el petate del muerto, pues como he señalado ser usuario permanente del Metro, observo que jóvenes, adultos, pequeños, etc. consumen en los puestos semifijos de algunas estaciones tacos, tortas, tamales, guajolotas, jugos, refrescos, pan, chucherías, etc. que cuestan más de 5 pesos; luego se meten al Metro y se trasladan.

Esto es todos los días y en horas pico, así que por fin la autoridad capitalina se deshizo del “paternalismo” patentado por los gobiernos priístas por más de 70 años, y ahora muchos se desgarran las vestiduras vociferando que se atenta contra la economía familiar, el bolsillo de los pobres, contra la clase marginada; nada de eso. Era tiempo de poner las cosas en el justo medio y el tiempo nos dará la razón, al ver un sistema masivo de transporte moderno, eficiente, seguro y amigable.

Ahora el reto es para Joel Ortega Cuevas, Director General del STC, limpiar de vendedores, bocineros,  mercachifles, vendetodo, etc. los vagones, pasillos, escaleras, plazoletas, que ponen en riesgo la vida de los usuarios; son una verdadera calamidad, una horda infernal, especialmente los bocineros, que dañan la tranquilidad y seguridad del usuario.

Hay que darle al funcionario un tiempo razonable (tal vez 6 meses) para sanear de esta molestia social, un sistema de transporte que debe ser ejemplo de orden, limpieza, seguridad, movilidad y dignidad; no como ahora, que es una vergüenza.

El Gobierno de la Ciudad de México ya tiene el aval de la gente, ahora tiene el compromiso de responderle a cabalidad, el directamente responsable es Ortega Cuevas, veremos muy pronto qué tamaños tiene, qué compromiso con su jefe y sobre todo su palabra empeñada con la sociedad y los más de 5 millones de usuarios que le dimos un voto de confianza para aplicar una reingeniería al Metro y demostrar que esto no es una acción política, futurista o populista, sino el nuevo modelo de ciudad que ya es ejemplo internacional y nacional.

Las cosas se hacen bien, o no se hacen y en el antiguo edificio del Ayuntamiento, las cartas están puestas en la mesa, se gobierna para servir a la gente y no para impulsar una imagen, seguro lo entiende Joel Ortega, de lo contrario ya sabe por dónde salir del edificio de Delicias.

 

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT)

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