LAS RAZONES DEL “AQUÍ MANDO YO” DE OBRADOR

Eduardo Sadot

Me compartió un cercano colaborador del Presidente Obrador, como respuesta a mi pregunta de: Por qué el presidente no escucha, por qué no acepta críticas o acepta con humildad sus errores, ¡vamos! Por qué se siente infalible, o por qué no les concede el beneficio de la duda a quienes difieren de él sobre algún tema, le decía, en una pregunta más que inquisitiva, reflexiva, por qué no reconoce a nadie como interlocutor digno para modificar su criterio sobre algún tema, también nos preguntábamos por qué no escucha.

La respuesta fue, porque cuando se dio el caso de alguien que le contradijera, esgrimió un argumento contundente y suficiente para él, “quién se creen, si nadie que me discute ha tenido en la historia de México, más votos que yo” Zas, así de contundente y quienes lo cuestionaron, guardaron silencio, porque ante ese argumento, efectivamente el presidente Obrador tiene razón.

Pero lo que no puede sostenerse en el campo de la lógica, es que haber ganado una elección con abrumadora mayoría, incluya la virtud de ser perfecto e infalible, lo que le haría poseedor de la verdad, ¡en todas las materias! Usarlo de pretexto para no cambiar, ni corregir o no escuchar, es transgredir la realidad, es perversión, nos hace corruptos.

En la mañanera un día sí y otro también se lanza contra la prensa, el lunes su blanco fue el periódico Reforma, aquel mismo periódico que citaba durante su campaña, que cubría todos los eventos del candidato y, que entonces respetaba, hoy es el medio que señala, acusa y sentencia desde Palacio con dedo flamígero, todo porque fue el primero que manejó la información de la venta de ventiladores por el hijo de un funcionario, y se fue con todo, con sus impulsos y pasiones desatadas, con el pretexto de que el dice lo que siente pero, ni es ni debe ser así, porque es el presidente y si da rienda suelta a sus resentimientos pierde la oportunidad de ser un gran líder de unidad ahora que México necesita tanto estar unido, pues el abre fuego contra todo lo que se mueva y ya encarrerado con la espada desenvainada le tira a todo, da palos de ciego y remete contra molinos de viento y todo lo que se mueva contra su voluntad.

El presidente está furioso, se le ha visto desencajado y da rienda suelta a sus impulsos y se nota que nadie en Palacio se atreve a decírselo sin correr el riesgo de que lo corran, pero como él dice “eso calienta” y si está caliente, de rabia de coraje, ya con el pensamiento obnubilado, con la espada desenvainada, tira golpes de ciego contra molinos de viento, en lugar de atender la prioridad de la contingencia que es a lo que debiera estar ocupado, hasta la doctora lo nota.

Es tal su enojo, que ya no disimula, que está perdiendo los estribos, no se controla en las mañaneras, serénese señor presidente, como usted mismo dice y así lo recomendó y recetó a la prensa, con calma, ternurita – dijo – con la cabeza fría y con un poco de tranquilidad, algo se puede rescatar, algo de los electores perdidos, recuerde la canción de su esposa, hágale caso, Esto pasará, y la tormenta terminará. Usted ha pasado por cosa peores y ganó. Tranquilo señor presidente.                                               (Fotografía Reforma)
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@Eduardo Sadot

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