Blas A. Buendía 

 

La ex diputada priista Beatriz Pagés ha calificado como “Ladrón de la Patria” a Andrés Manuel López Obrador, por lo que el político tabasqueño se muestra renuente a renunciar al cargo de Presidente de México.

Extraordinario descaro es la actitud beligerante del que presume abanderar la famosa frase “honestidad valiente”, toda vez que, conforme avanza el tiempo de su gobierno, queda palpable que llegó al poder producto de sus sistemáticos engaños, incluso, la sociedad se siente frustrada porque ya no cree en este ex priista debido a sus deficiencias como Jefe del Ejecutivo Federal quien ha cometido garrafales acciones que van en contra del desarrollo del pueblo dando pie a otra frase rimbombante. “El pueblo se cansa de tanta pinche farsa”.

Asimismo, la sociedad censura la actuación de este zorro sicópata, sentenciando: “Al diablo con este faccioso y mentiroso simulador”, que solo pertenece a un oculto proyecto neoliberal destructor, representado por un sujeto que tuvo una carrera universitaria deshonesta.

López se inserta en una cripto-peligrosa andanada de actos criminales, en un círculo pernicioso cuando hace creer que sus criterios de “eficiencia, honestidad, austeridad y justicia”, pudiesen ser la panacea del desarrollo, pero ante las evidentes circunstancias, se proyecta en una complejidad de acciones demagógicas.

Si bien la sociedad y el mundo entero tiene la certeza que López Obrador es un auténtico destructor de México, su forma de gobernar se introduce en el fenómeno de la Oclocracia que, a mayor abundamiento… la Oclocracia o gobierno de la muchedumbre (del griego ὀχλοκρατία (ochlokratía), “poder de la turba”, es una de las formas de degeneración de la democracia, del mismo modo que la monarquía puede degenerar en tiranía o la aristocracia en oligarquía. A veces se confunde con la tiranía de la mayoría, dado que ambos términos están íntimamente relacionados.

El término fue acuñado por Polibio, historiador griego, en su obra Historias (VI, 3, 5-12; 4, 1-11), escrita en torno al año 200 a. C. Polibio desarrolló su propia teoría de la anaciclosis, basándose en las tres formas de gobierno aristotélicas y sus correspondientes formas impuras, sustituyendo la demagogia, como forma degenerada de la democracia, por el nuevo concepto de Oclocracia.

Mientras que, etimológicamente, la democracia es el gobierno del pueblo que con la voluntad general legitima al poder estatal sin antes hacer un estudio sociológico en favor del candidato en ciernes para beneficio de la colectividad.

La Oclocracia, de igual manera, es el gobierno de la muchedumbre, es decir, “la muchedumbre, masa o gentío es un agente de producción biopolítica que, a la hora de abordar asuntos políticos, presenta una voluntad viciada, evicciosa, confusa, injuiciosa o irracional, careciendo de capacidad de autogobierno y, por ende, no conserva los requisitos necesarios para ser considerada como pueblo”.

AMLO, un ladrón de la Patria: Pagés

Virtualmente interesante las observaciones que desarrolló la ex diputada federal priista Beatriz Pagés, en torno al declive que México vive con un presidente incómodo.

Palabra por palabra, afirma:

Ladrón no es solamente el que roba el dinero del pueblo para comprar casas con alberca, joyas o automóviles. Ladrón no es únicamente el que inventa “estafas maestra” o “Fobaproas” para desviar recursos. Ladrón, también, es el que hurta el estado de Derecho y se embolsa la Constitución.

La Austeridad republicana, la política de ahorro y ahora también la iniciativa para que el Presidente pueda tener el control total sobre el presupuesto en casos de emergencia económica, no son más que un asalto a las arcas de la nación y un “cuartelazo” del Ejecutivo a la división de poderes.

Con la reforma al Artículo 21 de la Ley Federal de Presupuesto, AMLO se brincó cínica y desesperadamente las trancas constitucionales por una razón política muy importante: le preocupa que el colapso de la economía pueda provocar la derrota de Morena en las elecciones de  2021.

Y lo que es peor: que el desempleo masivo y el deterioro del poder adquisitivo que están por llegar, determinen la caída temprana de su régimen.

A través de ese inconsciente que se le desborda como el río Grijalva, lo reconoció: “Quienes se oponen a hacer cambios al Presupuesto de Egresos es porque están cerca las elecciones”.

Sabe, porque a eso se ha dedicado toda su vida, que las crisis económicas son las que detonan el debilitamiento de los regímenes autocráticos y que ahora tiene que recurrir a lo que sea, y pasar por lo que sea, para mantenerse en el poder.

López Obrador necesita tener facultades para meter libremente las manos a las arcas de la nación, legitimarse a través de la cooptación y la compra de votos. Busca construir una economía subterránea para mantener de su lado a quienes siempre han votado por él. Le urge, por medio del dinero, debilitar a sus adversarios y fortalecer a sus aliados.

¡Cuidado señores gobernadores! Apúrense a exigir la revisión del Pacto Fiscal y fortalecer el frente que han formado para frenar el autoritarismo presidencial, porque sus estados van a ser las primeras víctimas de los manotazos que va a comenzar a dar una fiera herida por el fracaso.

Ya espanta la avidez del presidente por arrebatar y obtener fondos de donde sea. Al mismo tiempo que cancela fideicomisos para quedarse con los fondos que hay en ellos, quita aguinaldos, reduce salarios, elimina subsecretarías y sienta a los funcionarios del Banco de México para ver si le pueden adelantar la compensación por la depreciación del peso.

Aunque el “cilindro mañanero” siempre repite que los valores son más importantes que lo material, lo cierto es que ningún otro jefe de Estado había dado tanta importancia -casi obsesiva- al dinero, como él. El político de la “honestidad valiente” siempre ha estado preocupado, desde que era activista,  por tener lleno el colchón.

Desde que llegó al poder inventó subastas, rifas, tandas y todo tipo de artimañas para desviar recursos. En nombre de la lucha contra la corrupción ha prohibido a las dependencias hacer uso del presupuesto, las ha obligado a regresar el dinero y colocarlo, a través de Hacienda, en una bolsa secreta, que no es auditable por el Congreso.

López Obrador le ha robado al país lo mucho o lo poco que tenía. Ha maniobrado durante los quince meses que lleva en el cargo para secuestrar recursos, destrozar la economía, violentar la División de Poderes, acabar con el Pacto Federal, la democracia y la unidad del país. Se trata, pues, de un ladrón de la Patria, concluye la ex diputado priista Beatriz Pagés Rebollar. (https://youtu.be/acG7RQAFORc?t=6)

Dentro de toda esta evaluación, la sociedad está más que enfada, enfurecida, ya que millones coinciden en un veredicto único: “Este es el pinché gobierno asesino de AMLO y su 4t de Morena, a ver si lo siguen defendiendo los pendejos de los chairos, y ojalá maten (sic) algunos de sus familiares, en especial a su madre, pues es lo que les faltó, por lo que votaron por ellos”.

Y solo algunas definiciones:

¿Qué es la verdad y la mentira?

Una mentira es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad o la verdad en forma parcial o total. Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta la realidad.

¿Cuáles son los efectos de la mentira?

Las mentiras hacen daño: pérdida de confianza. Una de las consecuencias más evidentes de que las mentiras hacen daño es la pérdida de confianza que causa en la otra persona.

Y, ¿por qué el ser humano miente?

Mentir en frecuencia es un síntoma de varias enfermedades mentales. Por ejemplo, las personas que sufren de trastorno de personalidad antisocial utilizan las mentiras sencillamente porque necesitan afecto. Mienten, algunas personas con trastorno de la personalidad.

Si existe alguna similitud del polémico personaje, es una verdadera coincidencia.

 

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